Mía...
No hay mentira que dure cien años, la mía estaba por descubrirse...
Fuertes golpes en la puerta me hicieron sobresaltar, deje de lado el plato con fruta que están comiendo.
Sabia quien están del otro lado, quise desaparecer en ese momento, la hora de confesarlo todo estaba por llegar y de no ser por la advertencia de Ian, yo seguiría sin decir nada.
Abrí la puerta para encontrar a un James desaliñado, parecía que no había dormido bien.
—Tienes que escucharme —me hice a un lado para permitir que entrara —Por favor, deja que te explique.
Permanecí en silencio.
—Si es verdad Kim me hablo, pero no fui corriendo para verla; al contrario —tomo un respiro —Ella mintió diciendo que su padre estaba mal, es por eso que fui. Créeme. Kimberly para mí no significa nada, en absoluto —me tomo ambas manos.
Creí por completo cada una de sus palabras, Kim había hecho todo para que James y yo peleáramos.
Me sentía como una maldita hipócrita por haber reaccionado así. Más cuando quien mentía era yo.
—Hay algo que debo decir.
—Solo dime que me crees, por favor Mía. Tu eres mi mundo, no me importa nadie más que tú. Dejare mi trabajo en el bar, ya no la veré...
La puerta fue abierta de golpe, ambos nos sorprendimos.
—¡Que rayos Mía!
Quede paralizada al ver como entraba Pato, sus ojos hinchados como si hubiese llorado.
—Tú y yo tenemos que hablar.
—Hey no voy a permitir que le hables así a Mía —ataco James.
—No te metas —sentí como si me apachurraran el corazón.
Al ver el rostro de mi amigo, supe de inmediato de lo que quería hablar.
Él lo sabía.
—Mía. ¿Quieres que hable delante de él?
—Por supuesto que hablaras, no me iré.
Me interpuse entre ambos.
—Bien. Entonces que escuche lo que tengo que decir —la voz de Pato se entrecortaba.
—Basta los dos. James por favor vete.
—¿Es enserio Mía? —dijo molesto.
—Tengo que hablar con mi amigo. Por favor. Prometo explicarte todo.
James me observo con enojo. Fue como un golpe en el corazón.
—Bien —dijo antes de marcharse. Sin mirar atrás, salió dando un fuerte golpe en la puerta.
Apenas tuve tiempo de reaccionar ante el acto de James.
—Por tu actitud, me doy cuenta de que él tampoco sabe. ¿Cuándo pensabas decirlo? —cuestionó de inmediato Pato —Habla —ordenó.
—Yo... —en realidad no sabía cómo manejar la situación.
Mi amigo lucía como si le hubiesen roto el corazón.
—Lo siento —intente acercarme.
—No. No lo sientes. Fuiste consciente de lo que hacías, todo este tiempo. ¿Pensabas darte por vencida?
¡Anda responde!
—Deja de hablarme como si fuera una niña.
—Actúas peor que una niña.
—Bien. Quieres que te diga lo fatal que la he pasado estos últimos días —suspire —No tienes idea de cómo me siento. Si reconozco que, al principio con la muerte de mi padre, mi plan era desistir. Pero luego llegó James y me hizo cuestionarme sobre mis decisiones —Esta vez fue él quien se acercó para abrazarme. —De verdad siento mucho que te hayas enterado por alguien más. Yo quería decírtelo, pero no quería arruinar tu felicidad con Dani. ¿Como confesar que la maldita enfermedad que tengo me estaba matando nuevamente? Dime que podía hacer.
Ambos lloramos, permanecimos abrazados por mucho tiempo.
—No quiero perderte. Vamos a buscar la manera de... —interrumpí.
—Estoy recibiendo tratamiento. Es lo único que me ayudará por el momento, ya que no creo recibir un trasplante pronto.
—Me haré los estudios necesarios, buscaré en donde sea necesario, con el fin de que tengas ese trasplante.
Lo abrace con tanta fuerza.
Un fuerte dolor me hizo quejarme, mi amigo de inmediato se alarmó. Hizo que me recostara sobre el sillón.
—Tenemos que ir al hospital —dijo preocupado.
—Estaré bien —traté de tranquilizarlo, fue imposible.
—No, me niego a pasar por alto algo así, no es normal. Así que no me importa tener que llevarte a rastras. Vamos en este momento al hospital —podía ver en sus ojos la tristeza, a pesar de querer ocultar lo afectado que estaba por mi situación.
De camino al hospital, los dolores ya no eran tan intensos, así que insistí en regresar a casa, pero mi terco amigo me ignoró.
—Iré por algo de agua, te hará bien — antes de poder responder ya me encontraba sentada esperando a que Pato regresará.
Observe las paredes, el suelo blanco, las puertas blancas, repasando los detalles. Pasaron unos minutos hasta que Pato regresó, con una botella de agua.
—Relájate, todo estará bien —intente darle ánimos, sin embargo, él lucía más preocupado que yo.
Después de unos minutos de espera y como mil preguntas por parte del doctor, la enfermera que había tomado muestras de mi sangre regresaba con un sobre en la mano, se lo dio al doctor y salió del consultorio.
El doctor comenzó a decirle a mi amigo todo lo que yo ya sabía, poco a poco mi cuerpo se iba deteriorando, el lupus estaba acabando conmigo y la cereza del pastel era que necesitaba un trasplante, algo muy difícil de hacer por la lista de espera que era enorme.
La preocupación de mi amigo había cambiado a una cara de tristeza, sabía perfectamente que se estaba aguantando la ganas de llorar.
Él era fuerte para mí.
De regreso al departamento, todo me parecía distinto. Era como si me hubiese quitado un peso de encima. Decirle la verdad a mi amigo, resultaba un poco reconfortante.
—¿Te sientes bien? — preguntó Pato al notarme ausente.
—Estoy bien —fingí mi mejor sonrisa.
—Necesitas descansar —insistió.
—¿Como esta Dani? —un tema nuevo, lo distraería de lo que acababa de ocurrir.
—Bien, de hecho, está en casa —dijo con una sonrisa —Y si, ya lo sabe.
—De acuerdo —observe por la ventanilla las transitadas calles.
Estacionó el auto y ambos bajamos, intenté poner mi mejor cara.