Lo aprendí de ti

Capítulo 21

James...

¿Qué mierda pasaba conmigo?

Intente hacer las cosas bien, pero al parecer terminaba cometiendo errores.

Amaba a Mía con locura y me dolía tener distancia con ella, pero no permitiría que me hiciera a un lado; todo por su estúpido amigo.

¿Porque rayos le hablaba de esa manera? ¿Qué era tan importante para preferirlo a él?

Odiaba sentirme así.

—No preguntare, por tu cara veo que estás de mal humor —lo ignore. —¿Tendrá algo que ver Mía? —seguí con mi vista en el televisor.

—Vete a la mierda Ian —levantó las manos en son de paz.

—No quiero meterme en tu relación con ella, pero...

—No te metas —advertí.

—Deja de ser un idiota y habla con ella —dejé el control del televisor y dirigí mi atención a él. —Yo solo digo, la vida es una mierda y nos suele dar en donde más nos duele. No permitas que sea demasiado tarde para aclarar las cosas —fruncí el ceño.

—¿Que carajos tratas de decir? ¿Todo bien con mi hermana? Porque juro que, si le haces daño, me olvidare de que somos amigos.

—Tranquilo, ella y yo estamos de maravilla. Quizás sea alguien más quien no lo esté.

—Si va todo bien con ella, deja de venir a darme consejos y ve por ella, no demora en salir del trabajo —se levantó del sillón, palmeo mi hombro y se acercó a la puerta.

—Hazme caso. Habla con Mia —se marchó—No esperes a que sea demasiado tarde.

La conversación con Ian había sido bastante extraña. Ya me había dado consejos antes, sin embargo, en esta ocasión se sintió distinto.

Sus palabras no dejaban de resonar en mi cabeza, quizás tenía razón y debía buscar a Mia.

Observe la pantalla de mi celular, había notificaciones de mensajes, al ver de quien eran los ignore.

Si o si, tenía que mantener distancia con Kimberly. Estaba realmente cansado de ella, de que se considerara algo que no era.

Tras darle mil vueltas a todo, deje mi orgullo de lado. Busqué mi chaqueta, las llaves de mi moto y salí convencido de arreglar las cosas con Mía.

Llegue al edificio, como de costumbre estacione mi moto en el lugar de siempre.

Me quedé en shock cuando la vi. No estaba sola, alguien estaba con ella.

Apreté con fuerza mis puños, mi respiración se aceleró por la forma en que estaban; caminé lentamente, algo dentro de mi deseaba que todo fuese un malentendido.

—Estoy dispuesto a todo con tal de verte feliz. Te quiero. ¿Lo sabes, no es así? —maldije al escucharlo.

—Si —respondió ella.

Quede paralizado al ver las muestras de cariño, el tipo acuno su rostro entre sus manos y beso su frente.

No soporte ver más, termine el contacto de ambos.

Le di un fuerte golpe al bastardo.

Ella se tambaleó ante lo repentino de mi ataque, en cuanto reaccionó comenzó a gritar.

Sus palabras fueron silenciadas por los golpes que le estaba dando al maldito.

—Era por esto que según tú estabas molesta —le grite.

—Basta James —dijo alterada.

Golpe tras golpe. Hasta que logró librarse de mi agarre.

—¡Que rayos! —respondió junto con un golpe en mi pómulo izquierdo.

—Eres igual a todas —escupí.

—Mide tus palabras —amenazó el imbécil, al parecer quería más de mis puños, sin embargo, fui yo quien recibió uno. —No permitiré que le faltes el respeto —limpie mi boca, sonreí con dolor.

—Basta James —dijo ella sollozando.

—Te lo di Mía —golpeé con mi mano mi pecho, señalando el corazón. Te di todo de mi —temblaba de ira, decepción, ya no se. —Puedes irte al carajo. No quiero saber más de ti —le grite tan fuerte que retrocedió, temiendo que le hiciera algo.

Jamás la lastimaría, no de esa manera. Ni como ella lo ha hecho.

Caminé lejos de ellos, subí a mi moto y conduje sin rumbo.

Llore. Para qué negarlo.

Me dolía su traición, me dolía darme cuenta de que no era suficiente para ella...

—Ahí estas, pedazo de agshhh, da gracias que eres mi hermano o si no juro que te golpearía yo misma hasta dejarte inconsciente— la voz de Melisa me causaba jaqueca, no entendía cuál era el motivo de que estuviera molesta.

Tuve dos peleas, para celebrar mi victoria y borrar mi derrota con cierta chica, bebí hasta no saber de mí, no recordaba ni cómo había llegado a casa. Tampoco me importaba.

—Levanta tu trasero en este momento — la cabeza mi iba a explotar y mi querida hermana no ayudaba mucho.

—Lárgate —ordene.

Al parecer mi hermana no escuchaba bien.

—No lo repetiré. Levántate en este momento.

—¿Qué demonios quieres? — grite —deja de molestar y esfúmate de mi habitación—Ian entró a mi habitación en cuanto escucho la forma en que le hablé a Mel.

Sonreí sin ganas al ver su lado protector.

Se detuvo en la entrada, observando cauteloso la situación.

—Date prisa y báñate —ordenó Mel. —Mía te necesita —agregó.

—¿Mía?... no me interesa nada que tenga que ver con ella— le respondí dándome vuelta a la cama para ignorarla.

—Déjate de estupideces— grito.

—¡Estupideces! ¡¿Dices que me deje de estupideces?! No sabes nada, así que largo.

—Agradece el favor que te hago —sonreí con sarcasmo.

—Deja de defenderla, es una zo...

—Cállate idiota.

—Es lo que es, me engaño con un maldito al parecer más idiota que yo. —me levante de la cama.

—No creo que exista alguien más idiota que tu — levantó sus manos, exaltada.

—Vete— pedí, pero al parecer mi hermana era más terca que yo.

—Si. Si me voy, pero antes te voy a hacer un favor— reí, pero a ella no le importo —Con quien crees que te engaño en realidad no tiene nada que ver con ella.

—Largo Mel.

—James deja que termine —esta vez fue Ian quien habló. Firme, serio; un Ian completamente diferente al que solía ser —Te dije que podías arrepentirte demasiado tarde. Tal vez ya es muy tarde —suspiro —Vámonos Mel —ordenó a mi hermana.

—Mia está en el hospital, Dani solo es un amigo —mi hermana por fin obedeció y se retiró de mi habitación.




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