James...
Mis manos temblaban, el corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho y ese maldito nudo en el estómago parecía consumir todo dentro de mí.
Había recibido golpes la mayor parte de mi vida, algunos lo suficientemente fuertes para mandarme a la lona.
Pero verla así...
Eso sí era un maldito nocaut.
El sonido constante de aquella máquina bloqueó mis oídos.
¡Maldición!
Esto era real.
Me acerqué lentamente a ella, recostada en aquella cama, varios cables conectados a su delicado cuerpo.
Su rostro lucía tranquilo, pero los hematomas en su mejilla y cerca del ojo me destrozaron por dentro. Su mano cubierta con una férula; descansaba sobre su abdomen. Su pierna estaba inmovilizada por un aparato mucho más grande que la férula de su mano.
Respire profundo.
Quería tocarla, pero a la vez el temor de lastimarla me hacía dudar.
Con delicadeza sostuve su mano, la acerqué a mi boca y dejé un beso sobre sus dedos.
Quería que despertara.
Quería escucharla reír, aunque fuera una sola vez más.
Quería decirle cuánto la amaba.
Pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta.
Deje que la lagrimas salieran, lo necesitaba; dejar que de alguna manera el dolor fluyera.
¡Maldita sea!
Soy un idiota, no debí tratarla así.
¿Porque rayos fui tan impulsivo?
Tuve que darle la oportunidad de explicarme.
¿Como mierda pude dudar de ella?
Ella que siempre me recibía con una sonrisa, ella que con solo hablarle se sonrojaba...
—Tienes que despertar —mi voz fue un pequeño murmullo.
—Pequeña. No te des por vencida —supliqué.
Acerqué la silla que se encontraba cerca de la cama, me senté, sin soltar su mano, me recargué en ella; evitando lastimarla.
—Recuerdo aquella vez que te vi —una leve sonrisa se dibujó en mi boca ante aquel recuerdo. —Fui un día complicado... pero ahí estaba tú, te veías tan hermosa con aquel vestido azul... verte pelear con aquel ramo de rosas blancas; recuerdo que no podías acomodarlas en el estante. Parecías irreal, eras como un hermoso ángel —sonreír ante aquel recuerdo —Tuve que convencer a mi hermana que me preocupaba que llegara a salvo a su trabajo, por supuesto no le diría que la llevaba para poder verte —bese su mano. —Era mi habito favorito, ir a la florería solo para verte, aunque sea unos minutos. Hasta que dejaste de ir, no entendí por qué y era demasiado orgulloso como para preguntarle a Mel.
Guarde silencio un momento para observarla de cerca. Su labio inferior tenía una pequeña cortada, la acaricié con mi pulgar.
—Aquella vez que chocamos en este mismo hospital, te reconocí de inmediato. Perdón por ser un idiota, mi jefe estaba mal y mi día era una mierda, pero el hecho de verte lo cambio por completo.
Limpie mis lágrimas. Quizás aquella vez su salud no estaba nada bien y yo me porté como un bastardo.
—Desde ese día comencé a cuestionar a mi hermana de su trabajo, para ver si en sus respuestas había algo tuyo, pero no funcionaba... regrese a mi habito de ir a la florería para ver si tenía la suerte de verte y así fue; aunque en ocasiones no me gustara quien te acompañaba... lo sé o al menos ahora lo sé, no debí dudar de tu amistad con el niño bonito —acaricié sus cabellos.
—Te he pedido perdón varias veces... esta vez no creo merecerlo. Sin embargo, espero me estés escuchando, sería mi único consuelo... Perdón por ser impulsivo, perdón por no haber sido sincero contigo... perdón por pensar mal de ti —lágrima tras lágrima.
—Quiero ser mejor persona, quiero merecer tu amor, te prometo que haré lo posible para que me perdones... pero si no quieres hacerlo, prometo respetar tu decisión.
Limpie mis lágrimas.
—Amar. Lo aprendí de ti... ¿sabes? Me enseñaste lo que es el amor de verdad... Te amo... Mia —pause, mi voz se cortó —Te amo tanto... por favor... no te des por vencida... por favor lucha. Te convertiste en mi lugar seguro... por favor no me dejes... por favor...
Comencé a llorar como hace mucho no lo hacía, mi vista se nubló por completo, el dolor en el pecho se intensificó.
Sentí una mano en mi hombro —Lo siento, pero debe salir —la enfermera me miro con tristeza.
Me levante de la silla, me acerque a Mia para darle un beso en la frente y salí de la habitación.
La primera que me recibió estando afuera, fue mi hermana, en cuanto se percató de mi estado, me abrazo.
Terminé por romperme, sentí como mi corazón se hacía añicos.
—No quiero perderla —Mel no dijo nada, solo me abrazo.
Estuvimos así por un buen rato, en silencio; no se necesitaban palabras, ella sabía que con aquel gesto bastaba.
—Deberían ir a casa —mencionó Pato —No dejarán que la veamos hasta mañana —negué con la cabeza.
No estaba dispuesto a irme.
—Pato tiene razón —apoyó Mel.
—Me quedaré —dije firme.
—Ve a casa —insistió el niño bonito —No quiero que mi amiga despierte y te vea así —sonrío —Pareces un vagabundo —bromeo.
—Oh si, apoyo eso —Ian se unió a la conversación —No queremos que asustes a Mia cuando despierte.
La conversación hizo un poco más llevadera la situación.
—Esperare que Dani salga y nos iremos. Regresare por la mañana.
—De acuerdo —termine por aceptar.
En parte tenía razón, Mia no podía tener visitas y yo necesitaba un baño con urgencia.
Me despedí de todos y si marcha rumbo a casa, pero antes de poder llevar a cabo mis planes, la llamada de Kim; hizo que me desviara al bar.
Al llegar Kim me recibió como de costumbre como si fuese mi dueña, antes no me parecía tan fastidiosa, solía sobrellevar la situación.
—Llegas tarde. Deberías sé más cooperativo si quieres tener pelea.
Quizás por todo lo que estaba pasando con Mia, termine por estallar.
—¿Vas a quedarte callado? —continuó con su parloteo, esta vez acercándose a mi para acariciar mi mejilla —Desde que esa simplona llegó a nuestras vidas...