James...
Abrí los ojos, sobresaltado.
Por un momento no entendí dónde estaba.
¡Mierda!
El cuerpo dolía como si me hubiera atropellado un camión.
Tardé en asimilarlo todo.
Mia... demonios... tengo que ir al hospital.
Me levanté, vestí y salí de mi habitación, fui por un poco de agua, me topé con una nota de mi hermana "te dejé algo en el refrigerador, por favor come algo".
Terminé lo que mi hermana me dejó, mi estómago protestó de inmediato. Llevaba demasiado tiempo sin probar bocado.
¡Maldita sea!
Jamás había sentido tanto dolor en el cuerpo, pero sería la última vez que pasaría por algo así.
Ahora lo único importante era Mia.
Salí de casa.
El simple hecho de pensar en ir al hospital dolía. Imaginarla en aquella cama, sin saber si volvería a despertar.
Conduje durante varios minutos sin pensar demasiado hacia dónde iba. Cuando reaccioné, ya estaba frente al cementerio.
—¿Por dónde empezar? Para serle sincero es la primera vez que hago algo como esto, no soy bueno para expresar lo que siento —me detuve a observar el lugar.
A lo lejos estaban algunas personas, la lápida del padre de Mia se encontraba limpia, pero las flores ya marchitas.
Quizás ella había pasado antes de que todo se fuera al demonio.
—Quiero disculparme por ser un idiota con su hija, no me justificaré —avente una piedra que se encontraba cerca de la lápida —Lo siento. Lo siento mucho. Quizás sea egoísta, pero le suplico, no se lleve a su hija, no permita que ella me deje. El simple hecho de pensar que ella pueda irse me está destrozando, quizás me lo merezco por haberme comportado como un patán con ella. Yo... Dios... no sé qué hacer. Quisiera prometer tantas cosas. Solo le puedo asegurar que seré mejor para ella, seré lo que ella necesita, pero... —mi voz se quebró —Por favor no permita que ella se vaya —No sé si merezco una oportunidad... probablemente no. Pero si ella despierta y decide darme una... le juro que no volveré a fallarle —suspire. —Por favor, no se la lleve... hay tantas cosas por hacer... se lo suplico.
Me limpié el rostro con frustración. Ni siquiera me había dado cuenta en qué momento había comenzado a llorar.
Antes de marcharme coloqué mi mano sobre la fría piedra de la lápida.
—No la abandone... por favor —murmuré antes de levantarme e irme.
Mis pies se sentían pesados al llegar al hospital.
Tal vez no quería entrar.
Tal vez seguía intentando convencerme de que todo aquello no era real.
No lo era y ahí estaba yo, en la entrada del hospital dudoso de entrar.
——¿Dónde demonios estabas? ¡Te estuve buscando por todos lados! —reclamó Ian.
—Necesitaba despejarme.
—Te golpearía de no parecer atropellado. Imagino que peleaste anoche. ¿De verdad te pareció buena idea pelear en un momento así?
—Basta Ian, no necesito un sermón.
Le expliqué a Ian todo lo ocurrido en el bar, omití lo del cementerio. Sentí que eso era algo mío y no quise mencionarlo. Mi amigo se alegró de que me alejara de las peleas, llevaba tiempo diciéndolo, pero siempre lo ignoraba. La única razón por la que él iba al bar era yo. Sin duda era un hermano para mí. A pesar de no quererlo al inicio, me sentía afortunado de que fuese él quien estuviera con mi hermana.
—Voy a casa por Mel.
—De acuerdo. Subiré —señalé las puertas del hospital.
—Aguarda. Hay buenas noticias —lo observé —Ya hay donante —me sorprendí y alegré. Eso era un respiro, ella podía recibir el trasplante y mejoraría, estaba seguro de que lo haría.
—¿De verdad?
—Si.
—¿Quien?
—Por desgracia no soy compatible, pero el novio de Pato lo es. Le harán unos estudios extras, pero ya es un hecho.
—De acuerdo. Subiré.
Me despedí de mi amigo y subí al piso donde se encontraba Mia. Me sentía más liviano. Tener donador era, sin duda, la mejor noticia que había recibido en días.
¡Gracias, Dios!
Ella estaría bien, se recuperaría.
Las puertas del elevador se abrieron, camine por los blancos pasillos del hospital, el corazón latía desenfrenado, pero esta vez con la esperanza de que todo estaría bien.
Recorrí el lugar con la mirada en busca del niño bonito. No demore en encontrarlo, estaba hablando con Dani, a quien por cierto le debía una disculpa. Media sonrisa se dibujó en mi cara.
¿Cómo demonios no me di cuenta antes?
Lo cariñoso que lucía, la forma en que Pato actuaba.
—¡Santo cielo! ¿Quién rayos te atropello? —Saltó a decir el niño bonito —me encogí de hombros.
Me sentí incómodo, sin saber cómo actuar delante del hombre que días antes había golpeado.
—Tengo que ir por mis padres al aeropuerto, ¿podrías quedarte con Daniel? —mire al chico, quien solo sonrió —Mia despertó, pero no puede recibir visitas, tiene que estar en aislamiento.
¡Oh, por Dios!
Mia despertó.
Regresé mi atención al niño bonito, intentando ocultar el alivio que me golpeó de repente. Aún no podía cantar victoria. Se venía la parte más difícil; el trasplante.
—El doctor no quiere que contraiga alguna bacteria. A él —señaló a su novio —No demora en venir una enfermera, para darle una habitación y comenzar con el protocolo. Ambos estarías así hasta el miércoles, ese día será la cirugía —asentí a todo lo que menciono.
Antes de darme cuenta, ya estaba sentado junto al niño bonito versión dos, esperando a que la enfermera hiciera acto de presencia.
—Lo siento —dudé, rompiendo al final el incómodo silencio... El me observó atento. —Lamentó haberte golpeado, siento haber actuado como un idiota —guardo silencio, lo que pareció una eternidad.
—Viendo desde tu lado, digamos que en la situación que estaba con Mia, si era algo comprometedora y más si desconocías quién era yo. Sin embargo, no fue correcto que actuaras de esa manera sin siquiera darle tiempo de explicarte.
—Lo sé —admití—. Si pudiera regresar el tiempo, haría las cosas diferente.