Lo Bonito de Equivocarse

Capítulo 11 Acción

Estaba nerviosa.

Porque no estaba lista para una relación.

Ni real.

Ni falsa.

Pero ahí estábamos. Sentados en la cafetería, con todo el grupo alrededor, y Daniela al otro lado de la mesa observando cada movimiento de Luca como si fuera un halcón.

Luca sonrió de manera tan natural que por un momento olvidé que todo era una actuación.

Ignoró por completo a Daniela, que intentaba llamar su atención desde el otro lado de la mesa, y caminó directamente hacia mí.

Luego ocupó la silla vacía a mi lado.

Como si fuera su lugar.

Como si siempre hubiera estado ahí.

—Hola, bonita.

Ah.

Ya habíamos empezado.

—Hola.

Intenté sonar normal.

Lo logré.

Creo.

Entonces noté que su mirada bajaba hacia mis manos.

Seguía sujetando el libro con tanta fuerza que parecía un escudo.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Veo que todavía no lo terminas.

Bajé la vista.

Ni siquiera me había dado cuenta de que seguía abrazando Crimen y Castigo.

—Está muy bueno.

—¿Sí?

Asentí.

—Mucho.

Luca apoyó el mentón sobre una mano.

Y me observó con atención.

Esa atención completa.

Como si realmente quisiera escuchar la respuesta.

—¿Y de qué trata?

—Es... intenso.

Pasé un dedo por el borde de la portada.

—Habla de un joven llamado Raskólnikov. Comete un error terrible y luego tiene que cargar con el peso de una gran mentira. Intenta convencerse de que hizo lo correcto, pero cada vez le resulta más difícil seguir adelante.

Levanté la vista.

—Es como si estuviera esperando romperse en cualquier momento. La culpa, el miedo, todo eso termina consumiéndolo.

Por un instante, Luca guardó silencio.

—Qué interesante —murmuró.

Una sonrisa genuina apareció en su rostro.

—Cómo es la vida.

—¿Qué cosa?

—A ti te gusta leer.

Sus ojos se suavizaron.

—Y a mí me gusta escucharte hablar de lo que lees.

No supe qué responder.

Así que me encogí de hombros.

Andrés casi se atragantó con su gaseosa.

Dojun levantó una ceja.

Luna parecía estar conteniendo una carcajada.

Y Daniela...

Daniela se había quedado completamente inmóvil.

Si esto era actuar, definitivamente éramos buenos.

De manera suave trató de agarrarme la mano.
Pero no podía, se sentía cálida, pero me generó más nervios, no estaba acostumbrada al toque de un chico.
No estaba lista para una relación falsa o real.

Luca pareció notar mi incomodidad y de manera delicada soltó mi mano, con disimulo.

—Estaba pensando algo —continuó Luca.

—Eso nunca es una buena señal.— ya me sentía mejor.

—Después de clases podríamos ir al cine.

—¿Al cine?

—Sí.

Negué suavemente con la cabeza.

—¿Qué te parece si mejor vamos al parque?

Luca arqueó una ceja.

—¿Al parque?

—Sí.

—Podemos hacer cosas mucho más divertidas que sentarnos en el pasto.

—Lo sé.

Sonreí.

—Pero también creo que te vendría bien descansar un poco.

Lo vi quedarse quieto apenas un segundo.

Solo uno.

—¿Descansar?

—Sí.

Me encogí de hombros.

—Mientras tú duermes un rato, yo puedo quedarme leyendo.

—¿Ese es tu plan perfecto?

—Es un excelente plan.

—Son excusas para seguir leyendo.

—Tal vez.

—Lo sabía.

—O tal vez simplemente me preocupo por ti.

Luca me miró un segundo más. Luego sonrió.

—Está bien —dijo—. Te espero después de clases.

—¿Aunque después tengas que trabajar?

—Aunque después tenga que trabajar.

Asentí.

Y por algún motivo, me sentí un poco más tranquila.

Cuando me levanté para ir a mi siguiente clase, miré alrededor.

Daniela ya no estaba.

Había funcionado.

El plan había funcionado.

Debería haberme sentido aliviada.

Y lo estaba.

Supongo.

Salí de la cafetería con el libro pegado al pecho.

Luca se quedó atrás, hablando con Andrés sobre algo que no logré escuchar.

Caminé tranquila.

Hasta que escuché mi nombre.

—¡Celeste!

Me detuve.

Alec venía hacia mí desde el otro lado del pasillo.

—¿Alec? —pregunté.

—Te estuve buscando.

—¿Para qué?

—Para hablar.

—Ya hablamos.

—No de esto.

Fruncí el ceño.

—¿De qué, entonces?

Alec me miró un momento. Luego desvió la vista.

—¿Tú y Luca? ¿Es verdad?

—¿Qué te importa?

—Eres mi amiga. Me importa.

—No parecía importarte antes.

—Celeste...

—Alec —lo interrumpí, con voz cansada—. No tengo que darte explicaciones.

Él se quedó callado.

—Está bien —dijo al final—. Solo quería saber si estás bien.

—Estoy bien.

—¿Segura?

—Sí.

Mentira.

Pero no iba a decírselo.

Alec asintió. Se quedó un segundo más, como si esperara algo más.

Pero no dije nada.

Así que se fue.

Me quedé sola en el pasillo.

Respiré hondo.

Y seguí caminando.

Llegué al salón de Informática unos minutos después.

Luca ya estaba sentado, con su cuaderno abierto y su patineta apoyada contra la pared.

No levantó la vista cuando entré.

Me senté a su lado, saqué mi libreta, y me puse a copiar lo que había escrito en la pizarra.

—¿Todo bien? —preguntó, sin mirarme.

—Sí.

—¿Alec?

—Me preguntó si estábamos juntos.

—¿Y qué le dijiste?

—La verdad.

—¿Cuál?

—Que no tengo que darle explicaciones.

Luca asintió.

—Bien.

Y no dijo nada más.

La clase pasó normal.

Él tomó apuntes. Yo también.

De vez en cuando me explicaba algo que no entendía, con esa paciencia que parecía guardar solo para esto.

Y cuando terminó, guardó sus cosas y se estiró en la silla.

—¿Vamos al parque?

—¿no era mentira?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.