Lo Bonito de Equivocarse

Capitulo 13 Un regalo cálido

Pasé el resto del fin de semana pensando en la bolsa.

La había dejado sobre la silla de mi habitación. El saco color marrón de tela corduroy seguía dentro, esperando.

El lunes llegó antes de que estuviera lista.

En la universidad, todo fue normal. Clases, apuntes, el ruido de siempre.

Luca no fue.

Me enteré por Andrés que tenía turno en la cafetería por la tarde y que no le había dado tiempo de venir a clases.

—Trabaja mucho —dijo Andrés, encogiendo los hombros—. No es la primera vez que falta.

Asentí, como si no me importara.

Pero por dentro, algo no me dejaba tranquila.

La bolsa seguía en mi mochila.

La noche llegó rápido.

Estaba en mi casa, tratando de leer para el examen de Literatura, cuando me di cuenta de algo.

Luca no me había escrito en todo el día.

Y yo tampoco le había escrito.

Seguramente seguía en el trabajo. O tan cansado que se había dormido en cuanto llegó a su casa.

Miré la bolsa sobre la silla.

Tenía que dásela. No podía seguir guardándola.

Agarré el celular.

Celeste
¿Terminaste tu turno?

Los tres puntos aparecieron. Desaparecieron. Volvieron a aparecer.

Luca 🤪
Recién. Estoy muerto. ¿Por?

Celeste
Tenía que darte un paquete, ¿recuerdas?

Unos segundos de silencio.

Luca 🤪
Ah.

Luca 🤪
Sí.

Luca 🤪
No.

Luca 🤪
Me había olvidado.

Luca 🤪
Lo siento. He estado tan ocupado que se me fue.

Sonreí a pesar de mí misma.

Celeste
Tranquilo. ¿Dónde estás?

Luca 🤪
Todavía en la cafetería. Terminando de cerrar.

Luca 🤪
¿Vienes?

Celeste
Dame veinte minutos.

La cafetería quedaba a veinte minutos en bus.

Cuando llegué, las luces del local ya estaban apagándose. Solo una permanecía encendida en el fondo.

Vi a Luca detrás del mostrador, secando unas tazas con un trapo.

Llevaba la misma camiseta de siempre. Estaba solo. El local vacío.

—¿Siempre cierras tan tarde? —pregunté desde la puerta.

Luca levantó la vista. Y sonrió.

Esa sonrisa fácil que parecía borrarle el cansancio de la cara.

—Celestito —dijo, dejando el trapo—. Llegaste.

Se acercó a la puerta y me saludó con un beso en la mejilla.

Rápido. Ligero. Como si fuera lo más normal del mundo.

—Perdón por haberme olvidado —dijo, rascándose la nuca—. He tenido la cabeza en otro lado.

—Ya te dije que está bien.

—No, no está bien. Me dijiste que tenías algo para mí y yo...

—Luca —lo interrumpí—. De verdad. Está bien.

Se quedó callado un segundo. Luego suspiró.

—Eres muy buena conmigo, ¿sabes?

No respondí.

Solo le extendí la bolsa.

—Dime —dijo, tomándola—. Me tienes intrigado. ¿Qué es?

—Ábrela.

Luca metió la mano despacio. Sacó el saco.

Luca sostuvo el saco entre las manos durante unos segundos.

Parecía sorprendido.

—¿Me estás regalando esto?

Asentí.

—La otra vez me dijiste que solo tenías una casaca y... me preocupé. No quiero que pases frío ni que te enfermes.

Luca bajó la vista al saco marrón y pasó los dedos por la tela de corduroy, todavía sorprendido.

—No me esperaba esto, Celestito.

Soltó una pequeña risa, de esas que usa cuando algo le toca el corazón pero no sabe cómo expresarlo del todo.

—De verdad, gracias.

Negué con la cabeza.

—No es para tanto.

Él levantó la vista y sonrió apenas.

—Para mí sí. A veces uno está tan metido en el trabajo y en los estudios que ni se da cuenta de lo que necesita.

Volvió a mirar el saco.

—Y justo apareces tú con esto. Creo que Dios te usó para ayudarme un poco hoy.

Mi corazón dio un pequeño salto.

—Solo me preocupé por ti —dije rápido—. No quería que te enfermaras.

Luca asintió despacio, como si entendiera perfectamente lo que quería decir.

—Lo sé. Y por eso mismo te lo agradezco tanto.

Después se puso el saco encima, acomodó el cuello y sonrió de nuevo.

—Está increíblemente cómodo.

Y ahí sí, se acercó para despedirse con un beso rápido en la mejilla.

—Gracias otra vez, Celestito.

Y mientras lo veía alejarse con el saco marrón puesto, tuve la extraña sensación de que ese regalo había significado mucho más de lo que imaginé.

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Salí de la cafetería con el corazón latiendo más rápido de lo normal.

Caminé hacia la parada del bus.

El frío de la noche se colaba por mi chaqueta.

Pero no tenía frío.

No realmente.

El bus llegó unos minutos después. Me subí, me senté junto a la ventana, y miré las luces de la ciudad pasar.

Entonces sentí mi corazón.

Thump. Thump. Thump.

Latía fuerte.

Demasiado fuerte.

Y no entendía por qué.

No era como con Alec. No era esa ansiedad de querer llamar su atención. No era ese nudo en el estómago cada vez que me miraba.

Con Luca era diferente.

Era más tranquilo. Más seguro.

Pero entonces, ¿por qué latía tan fuerte?

Me llevé una mano al pecho, como si eso pudiera calmarlo.

¿Sientes algo por él? —me pregunté.

La idea me asustó.

Porque si sentía algo por Luca, todo se complicaba.

Él era mi amigo.
Mi compañero.
Mi aliado en este plan absurdo.

No podía sentir nada.

¿O solo fue amabilidad?

Tal vez solo estaba agradecida.
Tal vez solo me preocupaba por él porque era una buena persona.
Tal vez mi corazón latía fuerte solo por la emoción del momento.




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