Si justo ahora preguntaran "¿Cuales son los días que mas odias del calendario?" No hay duda, en decir que son mi cumpleaños y los primeros días de clase. No importa cuanto pase, o cuantos años yo tenga, esos días son detestables; sin embargo, ahí estaban con su encanto tedioso, atormentando mi pobre existencia.
Sería otro largo y frustrante año, pensé justo en ese instante antes de atravesar la puerta de cristal, misma que había roto ya en varias ocasiones, acompañado del mismo balón que hoy regresaba a clases conmigo como mi fiel escudero, varios maestros me notaron, algunos fingieron su alegría otros no disimularon su disgusto. Eso era yo desde tercero de primaria, Caos y problemas aunque nunca un mal estudiante.
Caminaba tan absorto en mis pensamientos que me trajeron a la realidad con unas cuantas palabras y un empujón brusco.
— En serio deberías bajarle al FIFA y al League of Legends, ya no eres negro si no café...—
Este racista, de cabello desarreglado y que parecía doblarme la edad era mi amigo y mayor hater, Juan, un castaño bastante obstinado malo para las matemáticas y que destacaba mejor que nadie entre las chicas y los deportes. Sus chistes malos —incorrectos y ofensivos, si— siempre me recibían con cierta calidez de comodidad. Tan acostumbrado estaba que respondí con un bufido y puse los ojos en blanco, era un completo idiota, pero este idiota estaba conmigo desde que entre a estudiar aquí.
Mientras íbamos a la formación anual del primer día de clases, aproveche para volver a nuestras bromas pesadas e insultantes entre nosotros.
—Como le ruego a Dios que este año no me toque contigo.
Respondió con una carcajada irónica antes de contraatacar sacándome el bajo debajo del brazo.
—Idiota, como si te pudieras librar de mí tan fácilmente.—
Bufé de nuevo mientras nos formábamos guardando el balón en la mochila de Juan que no dejaba de decir estupideces, le había dejado de prestar atención. Lo que decía se volvió confuso, tan pronto inicio el profesor a dar las indicaciones que debíamos seguir para este nuevo año escolar, de nuevo absorto en la monotonía de sus palabras.
Luego de varios minutos que pudieron haber sido horas para mi percepción del tiempo como estudiante de secundaria, por fin, luego de un rato nos daban vía a jugar, sacamos el balón y lo primero fue retar a los de ultimo año por la cancha mas grande. En efecto, nosotros solo conocíamos de futbol y el respeto se ganaba dependiendo que tan bueno eras en este deporte.
Empezamos a jugar, era un vaivén, casi una danza, Juan comandaba los ataques, yo atrás controlaba el medio campo evitando que pasaran, todos estábamos eufóricos, sudando, jadeando por aire, al medio tiempo todos nos tiramos en el suelo cansados tratando de recuperar el aliento, me sentí incomodo por que me miraban. Aunque estoy muy acostumbrado a las miradas me levante mirando alrededor, tratando de encontrar al fisgón.
—Parece que viste un fantasma ¿Qué sucede gato?— Quien preguntaba era Cristian, el chico mas lindo, de la escuela según encuestas, un rubio despistado, un rostro simétrico con pecas sobre su nariz y mejillas que iban a juego con su piel pálida y ojos azul, fuera de su increíble atractivo era probablemente la persona que más conocía mis expresiones. —Me siento observado de una forma invasiva...— Pude responder justo cuando el resto de ellos también se puso de pie, Cristian, Juan, Jonathan, Ángel y el resto también mirando a todos lados buscando quien tanto me miraba. Podrían llamarme paranoico pero la sensación me hacia sentir sucio, vulnerable, como si me juzgara en su silencio.
Ángel luego de un rato la noto y la señalo, una chica, jamás la había visto posiblemente nueva o un cero a la izquierda en la escuela, no era muy atractiva y su timidez no le ayudaba, piel morena, ojos saltones e hipnóticos de color café, labios gruesos, que provocaba hincharlos más a besos intensos, Ángel fue a buscarla con su respectiva imprudencia trayéndola ante todos, viéndola de cerca no estaba mal, era mi tipo de chica.
—¿Cómo te llamas?— Fue lo primero que le solté, mientras la miraba de arriba a abajo, pude ver como se retorcía de nervios, era el único sentado y podría jurar que parecía el líder de una pandilla con el montón de gorilas que me rodeaban, Jonathan pensó igual por que se paro tras de ella y me preguntó.
—¿Qué hacemos con ella jefe?—
Sin poder soportarlo explote de la risa y tras de mi Juan y Cristian viendo como la chica trago saliva preocupada, Jonathan también reía de la situación el único que se hacia el correcto era Ángel. —Son un montón de idiotas jugando así con la pobre chica.— Nos reprendía pero el atisbo de sonrisa en su rostro dejaba en claro que también le causaba gracia.
—Xiomara...— Murmuro ella en su desconcierto, deje de reír para ponerme de pie y extenderle mi mano de forma cordial, no era de nuestro curso y tenia un hermano menor como de nuestra edad que llego a respaldarla en ese instante solo volviendo la situación mas cómica para nosotros.