—Una amiga de nosotros esta atravesando un problema...—
Hizo una breve pausa y me miro. Sentí mi cuello erizarse por instinto. Como si el frio acabara de invadir mis huesos, no era acusatoria, tampoco airada, era más bien examinante, como si estudiara mis expresiones con sumo cuidado.
No me altere, ladeé mi cabeza, fingiendo no entender. vi como le había fastidiado esa reacción.
—Hasta donde tengo entendido, le indicamos que buscara al gato negro ¿Se puso en contacto contigo David? ¿Podrías darnos el contexto de su problema?—
Una jugada sucia, no era menos, desde que me consideraron un miembro de la banda, Goliat siempre había demostrado su disgusto conmigo.
Suspiré, ahora consciente de la mirada de todos los miembros que estaban expectantes a como me desenvolvería en el juego que Goliat plantaba.
—Así es, accedí a ayudarla y en el transcurso de esta semana ideare como deshacerme del depravado pedófilo de su padrastro.—
La sala se quedó muda, por un corto periodo de tiempo. Antes de que iniciaran los murmullos, el rostro antes disgustado de Goliat paso por cinco expresiones distintas antes de que se diera cuenta que ahora los demás esperaban su aclaración ante la situación.
—Así es. Nuestra amiga atraviesa un caso de acoso sexual por parte de su padrastro, y se decidió que el adecuado para esta situación era el gato negro y esta reunión era para saber si había el aceptado— volvió a mirarme sin ocultar su odio por mi manejo de la situación— Ahora pasamos al segundo punto, cada uno de ustedes debe estar listo y a disposición del gato, si llega a necesitar ayuda.—
Todos entendieron, la reunión acabo con White snake y Black Demon despidiéndonos. Fui el primero en abandonar el auditorio, ya eran las 7:25 de la tarde, camine a casa, con la voz de mi madre ya rechinando mis oídos, disgustada y reclamándome por llegar tarde, otra vez.
Lo único satisfactorio de este mundo, era que nadie me cuestionaba, por eso no me opuse a unirme a una pandilla, si bien era una decisión cuestionable para un preadolescente de 13 años, era un lugar donde era "libre", de cierto modo.
Al llegar a casa, inicio la cantaleta de mi mamá, la mirada evasiva de mi padre, la dispersión de mis hermanos, no pude evitar suspirar, seria de esas noches largas y estresantes.
—¡David Alexander Belmont!— su voz llena de irritación mientras me veía avanzar a mi habitación— ¿Dónde mierda estabas hasta ahora? ¿Crees que esta casa es un puto hotel para que entres y salgas cuando quieras?—
No respondí, me encogí de hombros y acabe cerrando de un portazo dejándola con la palabra en la boca.
Escuche como trataba de hacer que papá interviniera, y comenzaban ellos su propia discusión, hacia años este hogar estaba roto, y a diferencia de mis dos hermanos mayores, yo tuve que soportar la peor parte, escuchar como mamá me comparaba con papá y halagaba a mis demás hermanos comparándolos con ella.
Tenia razón, yo era como mi padre, presente pero distante del drama y problemas innecesarios en la familia, ambos hombres con un solo interés. Lo único que nos unía: El boxeo.
Esa noche me fui a dormir sin cenar, mi estomago pesaba menos que mi cabeza en ese instante, y el pensar en como resolver mis dramas colegiales, me resultaba mucho más interesante, que salir a escuchar los reclamos de mi madre.
Desperté a la mañana siguiente por la voz de Ale, el mayor de mis hermanos.
—Vamos idiota... ponte de pie o llegaras tarde.—
No era del tipo amable, pero me alegraba los momentos de consideración que tenia ese idiota engreído de 22 años, la razón por la que mis padres se casaron. Era este testarudo imbécil de cabello largo y rasgos perfectos, Una copia idéntica de mi madre... en versión masculina.
Tan pronto estuve listo, Ale me llevo en su moto hasta la entrada de la secundaria, algo que no hacia desde primaria, supuse que hoy le sobraba el tiempo por lo que nos despedimos y el se fue en su motocicleta.
Entre a clases, Cristian y Juan ya me esperaban abordándome en la entrada del aula, llevándome a los lugares de atrás donde solíamos sentarnos.
—¿Qué paso en la reunión?—
Fue la primera pregunta que lanzo Cristian, su curiosidad me daba mala espina usualmente no se involucraba en el tema a menos que fuera necesario.
—Si, ¿por qué Delia te buscaba con urgencia?—
Ahí estaba el problema.
¿Seraph buscándome con urgencia? Me levante y salí del aula enseguida a buscar a Seraph, pero por cosas que llamaremos destino acabe estrellándome con el hermano de Xiomara, Johan se llamaba este mocoso de cuatro ojos.
—¿Qué paso? parece que acabas de ver al diablo—
Dije de forma desdeñosa poniéndome de pie ante que las siguientes palabras acabaran helándome en el sitio.
—Creo... creo que cometí un error... le dije a él que nos ayudarían...que no volvería a tocarla y... y anoche mamá trabajo y... Xiomara hoy no quiso venir a estudiar... me dijo que les dijera que ya no hicieran nada.—
Mi cuerpo se movió enseguida sin pensar lo tome por el cuello, la fuerza que le ponía era demasiada, vi como ya empezaba a costarle respirar.
—¿Por qué hiciste semejante estupidez?—
Seraph llegó en el momento justo evitando que lo dejara inconsciente, me separo de él.
—¡David cálmate, no hagas una estupidez aquí!—
Mire a Juan y Cristian en la puerta, y luego al cuatro ojos, la sangre me hervía, Quería matarlo allí mismo.
—Caminen —dije—. Si algo le pasó… hoy alguien va a pagar.