Lo inevitable

Capitulo 5: Inevitable

El tiempo se detuvo entre los dos. El frío del invierno ya no existía frente al calor de sus cuerpos.

Todo había cambiado.

Y Bruno lo sabía.

No era confusión. No era un impulso aislado.
Era una transgresión.

Su formación, sus años de práctica, cada código aprendido… todo gritaba lo mismo: había cruzado un límite inquebrantable.
No se trataba solo de cortar el vínculo terapeuta–paciente.
Se trataba de asumir que, en ese instante, había dejado de ser quien debía ser para ella.

Y aun así… no se arrepentía.

Ese era el verdadero problema.

Clara, en cambio, era un territorio frágil.
Miedo. Dudas.
La necesidad de no volver a romperse.

Había llegado a él buscando sostén, respuestas, contención.
Y él… le había ofrecido algo más. Algo que no estaba permitido. Algo que podía confundirse peligrosamente con lo que ella necesitaba sanar.

La herida del abandono seguía viva.
Y ahora, sin querer —o tal vez queriendo—, él corría el riesgo de profundizarla.

El beso terminó.
Suave. Sin prisa. Como si el mundo exterior no existiera.

Pero existía.

Y las consecuencias también.

Se miraron. Sonrieron.
Como si por un segundo pudieran ignorarlo todo.

El teléfono irrumpió.

Clara atendió, volviendo de golpe a la realidad.

—Disculpame, Bruno… me tengo que ir.

Ya estaba caminando hacia su auto. Su hijo la esperaba.
Ese lugar que nadie más podía ocupar.

—Clara… ¿te vuelvo a ver?

La pregunta no era inocente.
No era profesional.
No era correcta.

Era personal. Demasiado.

Ella se dio vuelta, con el teléfono aún en la mano.
Sonrió.
No respondió.

Y ese silencio fue más contundente que cualquier palabra.

Se fue.

Bruno quedó inmóvil.

El frío le golpeaba la piel, pero en su pecho persistía otra cosa.
No calidez.
No exactamente.

Algo más peligroso.

Porque por primera vez en mucho tiempo, no podía separar lo que sentía de lo que debía hacer.

Y eso lo desordenaba todo.

Dentro del auto, una canción sonaba en la radio.
“I can’t help falling in love with you”.

Casi irónico.

No podía evitarlo.
Pero sí debía hacerlo.

Clara manejaba en silencio.

Hacía cuánto no se sentía así…
Vista. Deseada. Importante.

Pero también… expuesta.

Porque en algún lugar, muy dentro suyo, sabía que algo no encajaba del todo.
Que ese vínculo, por más real que se sintiera, había nacido en un terreno desigual.

Recordó de donde venía. Ese lugar que la habia dejado expuesta tantas veces, juzgada, arrinconada.

Y eso la asustaba.

Pasaron siete días.

Siete sesiones vacías.

Siete días en los que Bruno intentó reconstruirse en su rol.
Volver a encajar en una ética que ahora le resultaba asfixiante.

Tomó una decisión.

Le pidió a su secretaria que se comunicara con Clara.
La derivaría a otro profesional.

Era lo correcto.

Era lo necesario.

Era, también, una forma de huir.

Porque sabía algo con absoluta claridad:

Si volvía a verla en ese consultorio…
no iba a poder sostener la distancia.

Sabía que ella necesitaba seguir su proceso.

Pero había una pregunta que lo perseguía, constante, incómoda, imposible de silenciar:

¿Quién lo iba a sostener a él… ahora que había dejado de ser su terapeuta, pero no podía dejar de ser el hombre que la deseaba?



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En el texto hay: amor prohibido, romance, deseo amor

Editado: 05.05.2026

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