Lo inevitable

Capítulo 8: reencuentro

El cruce de miradas fue inmediato.

No hubo duda, ni tiempo para pensar. Por un instante, todo alrededor pareció apagarse: la música, las voces, el movimiento constante de la gente. Como si el mundo quedara en pausa solo para ellos.

Quedaron Clara y Bruno.

—¡Bruno! Amigo, acá estás —dijo Federico, con una sonrisa despreocupada—. Ella es Clara…

El nombre cayó entre los tres con un peso inesperado.

—Clara… —dijeron ambos al mismo tiempo.

Demasiado sincronizados para ser casualidad.

Federico frunció el ceño.

—¿Se conocen?

Clara sintió cómo el corazón le golpeaba con fuerza. La respiración se le acortó y, por un segundo, pensó en todo: en Marcos, en el peligro, en lo que Bruno podía perder. Lo miró apenas, lo suficiente para confirmar que todo seguía ahí… intacto.

Y decidió.

—No… no nos conocemos.

La firmeza de su voz la sorprendió incluso a ella.

Bruno se quedó quieto, como si no terminara de procesar lo que acababa de escuchar.

—Ah… no… ¿nos conocemos? —respondió, descolocado.

No era realmente una pregunta. Era confusión.

Clara sostuvo la mirada lo justo. Un segundo más habría sido demasiado.

—Bueno… —intervino Federico, cortando la tensión sin entenderla—. Los presento entonces: Clara, Bruno. Bruno, Clara.

Bruno se acercó para saludarla. El gesto fue automático, pero el cuerpo no acompañaba del todo. Cuando sus rostros se acercaron para el beso en la mejilla, algo volvió a encenderse, breve e inevitable.

—Un gusto —dijeron casi al mismo tiempo.

—Bueno, chicos, debo retirarme. La fiesta sigue y… ah, ahí está mi amiga Sophie. Nos vemos.

Clara necesitaba salir de ahí. Ya.

Sophie, que había visto toda la escena, estaba inmóvil, con una sonrisa amplia y los ojos llenos de preguntas.

—¿Y esos dos bombones? ¡Clara!

—No es momento de preguntar, vámonos, por favor.

Clara estaba colorada, avergonzada… pero también, en algún lugar que no quería reconocer, feliz de haberlo visto.

—Amigo… hermano… creo que fui flechado —dijo Federico, llevándose la mano al pecho mientras las veía alejarse.

—¿De quién? ¿Flechado? —preguntó Bruno, todavía descolocado.

—Por Clara, hermano. Por Clara.

Algo se movió dentro de él. Una sensación incómoda, conocida.

Celos.

—¿Te parece? ¿Cuánto hablaste, dos segundos? —intentó disimular.

—A ver… ¿cuáles son mis dos pasiones? Autos y mujeres. Cuando una mujer me atrapa en dos segundos, no la voy a dejar ir tan fácil.

Y sin dudarlo, salió detrás de ella.

—¡Clara! ¡Clara!

Clara se dio vuelta lentamente, como si una parte de ella no quisiera hacerlo. Sonrió, pero la sonrisa no terminaba de ser real.

—¿Sí?

—¿Cómo te contacto?

Bruno estaba unos pasos detrás. Observaba en silencio, con la mirada fija en Clara. Había algo en sus ojos que lo decía todo: no lo hagas.

Clara dudó apenas.

—Mmm… cambié mi número. Mi celular se rompió.

Bruno abrió los ojos, reconociendo la mentira.

—Yo sabía que había algo más… —murmuró casi para sí.

—¡Hola! Soy Sophie Garcama —intervino rápidamente—. No te preocupes, Clara es medio desmemoriada… pero hacemos así: yo te paso mi número y después coordinan.

Sophie quería ayudar. Quería verla volver a vivir.

—Perfecto —respondió Federico—. Voy a estar esperando.

Clara sostuvo la sonrisa un segundo más y luego miró a su amiga, claramente incómoda.

—Ay, So… ¿por qué hiciste eso?

—Porque te merecés volver a arrancar, nena. Sos joven, hermosa, empresaria, mamá… y si no es amor, por lo menos divertirte.

Bruno se había quedado quieto, a unos pasos. Escuchó todo.

—Listo, amigo —dijo Federico al volver—. Mañana organizo una cita doble: vos con Sophie, yo con Clara.

Bruno sintió cómo algo se le desacomodaba por dentro. No podía creerlo.

La mujer que había empezado a amar… le había mentido.

Y ahora estaba por salir con su mejor amigo.

La fiesta terminó.

Clara volvió a su casa. Jugó con Fermín, lo bañó, lo preparó para dormir. Después se quitó el maquillaje, el vestido… y volvió a encontrarse con ella misma frente al espejo.

No podía creer lo que había pasado.

Bruno. Ahí. Tan cerca… y tan lejos.

Le hubiese gustado actuar distinto. Correr hacia él, abrazarlo, explicarle todo: por qué se había ido, por qué no respondió, todo lo que había vivido. Pero las palabras no habían salido.

Sophie pasó por la puerta.

—Amiga, descansá. Mañana será otro día. Hoy lo hiciste de la mejor manera.

Clara asintió, aunque sabía que no iba a descansar.

Se sentó frente a la computadora y siguió trabajando. Publicidad, proveedores, decisiones. Se ocupaba de todo lo que podía… para no pensar.

La noche pasó sin que se diera cuenta. La luz de la pantalla era lo único que iluminaba la habitación. Cuando quiso reaccionar, ya amanecía.

Fermín tenía clases. Ella, trabajo.

Bruno llegó a su departamento con Federico, que no dejaba de hablar de Clara.

Él, en cambio, permanecía en silencio.

Quería entender. O tal vez olvidar.

No pudo dormir. Trabajó, revisó casos, intentó concentrarse… hasta que hizo una pausa.

Redes sociales.

No lo había pensado antes.

La buscó.

La encontró.

La cuenta era privada, pero la foto de perfil decía suficiente: Clara, su hijo y el hotel en construcción detrás. Los dos sonriendo.

Se quedó mirando la imagen más tiempo del que debería… hasta que el cansancio le ganó y se quedó dormido sobre el escritorio.

Federico despertó y lo vio.

—Este se quedó trabajando otra vez…

Movió el mouse y la pantalla se encendió.

Clara.

Miró la imagen, luego a Bruno.

Algo no cerraba.

—¿Qué está pasando, Bruno?

No era propio de él. Nada de esto lo era.

Pero no quiso profundizar.

Cerró la computadora, tomó el celular y escribió:



#400 en Fanfic
#5335 en Novela romántica

En el texto hay: amor prohibido, romance, deseo amor

Editado: 05.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.