Recuerdo perfectamente el clima de aquel día.
El cielo estaba gris. El aire fresco. Y la ciudad parecía suspendida en una nostalgia silenciosa.
León era su ciudad. Y mientras caminaba por aquellas calles, no podía dejar de imaginar cómo habría sido encontrarlo ahí.
Hubo momentos donde quise escribirle. Tomar una foto y decirle: “estoy aquí.”
Pero no lo hice.
Porque amar a alguien también significa respetar la distancia que decidió poner entre ustedes.
Y él ya se había ido.
A veces pienso que esa ciudad no me rompió el corazón.
Lo hizo la idea de todo lo que nunca vivimos.