Lo más difícil de perder a alguien no es dejar de hablarle.
Es dejar de imaginarlo en tu futuro.
Porque durante mucho tiempo él estuvo en todos mis planes silenciosos.
Cuando escuchaba una canción nueva, quería enviársela. Cuando veía una cafetería bonita, pensaba que le gustaría. Cuando algo bueno me pasaba, mi primer impulso era contárselo.
Y de pronto tuve que aprender a guardar todo eso para mí sola otra vez.
Ahí entendí que superar a alguien no significa dejar de quererlo de un día para otro.
Significa aceptar que ya no tienes dónde poner todo el amor que todavía te queda.