A veces me preguntaba si él también pensaba en mí.
Si alguna canción lo regresaba a nuestras conversaciones. Si alguna madrugada todavía revisaba mis redes en silencio. Si alguna parte de él extrañaba la manera en que yo le contaba mi día como si fuera la cosa más importante del mundo.
Pero luego entendía algo:
hay preguntas que nunca tienen respuesta. Y aun así, uno aprende a vivir con ellas.
Porque el amor no siempre termina con un cierre bonito. A veces termina con un bloqueo, una conversación rota y dos personas fingiendo que ya siguieron adelante.
Aunque por dentro todavía les duela pronunciar el nombre del otro.