Creo que sanar realmente empezó el día que pude recordarte sin sentir que me estaba rompiendo.
No pasó de golpe.
Fue lento.
Como todas las cosas importantes.
Primero dejaron de doler las canciones. Luego las madrugadas. Después León.
Y un día, sin darme cuenta, tu recuerdo dejó de sentirse como una herida abierta.
Se convirtió en nostalgia.
En cariño.
En una parte importante de mi historia.
Porque aunque nunca nos alcanzó para coincidir completamente, sí nos alcanzó para cambiarnos.
Y honestamente… qué bonito fue existir al mismo tiempo que tú.
Qué bonito habernos encontrado en medio de tantas vidas distintas, tantos miedos y tantas distancias.
Supongo que algunas personas no llegan para quedarse toda la vida.
Llegan para despertarte el alma.
Y tú… tú fuiste exactamente eso para mí.