Hay personas que llegan a tu vida para enamorarte.
Y luego están las que llegan para salvarte un poquito sin siquiera darse cuenta.
Él hizo eso conmigo.
Hubo una etapa de mi vida donde todo se sentía demasiado pesado. Mi mente no descansaba. Mis emociones estaban agotadas. Y aunque sonreía frente a otras personas, por dentro llevaba días sintiéndome rota.
Entonces aparecía él.
Con un mensaje tonto. Con un audio burlándose de algo. Con una broma absurda que lograba hacerme reír incluso cuando juraba que no tenía ganas de hablar con nadie.
Y qué increíble puede ser una persona que logra devolverte la risa en tus peores días.
A veces pienso que Aram nunca entendió completamente lo mucho que me ayudó emocionalmente.
Porque mientras él solo estaba siendo él… yo estaba encontrando refugio.
Había noches donde lo único bonito de mi día era saber que iba a hablar con él antes de dormir.
Y poco a poco, sin planearlo, empezó a convertirse en esa persona con la que quería compartir absolutamente todo.
Las cosas importantes. Las cosas pequeñas. Los días buenos. Los días donde sentía que ya no podía más.
Nunca me hizo sentir exagerada por sentir demasiado.
Y eso… eso era raro.
Con él podía ser vulnerable sin miedo a sentirme juzgada.
Supongo que por eso me marcó tanto.
Porque no llegó cuando yo estaba bien.
Llegó cuando más necesitaba encontrar algo que me hiciera sentir acompañada otra vez.