Nunca había entendido cómo alguien podía acostumbrarse tanto a otra persona hasta que me pasó contigo.
Porque al principio solo eran conversaciones normales.
Pero después… empecé a esperarte.
Esperaba tus mensajes apenas despertaba. Esperaba ver tu nombre entre mis notificaciones. Esperaba escuchar tus audios cuando el día se sentía demasiado largo.
Y qué peligroso es cuando alguien se convierte en la parte favorita de tu rutina.
Había días donde literalmente podía estar de mal humor con el mundo entero… y aun así sonreír apenas aparecías.
A veces ni siquiera hablábamos de cosas importantes.
Memes. Videos. Cosas tontas. Historias aleatorias de nuestro día.
Pero incluso eso se sentía especial contigo.
Porque no era la conversación lo que importaba realmente.
Era la sensación de compañía.
La sensación de saber que, en algún lugar del mundo, había alguien pensando en mí también.
Y creo que ahí fue donde empezó a dar miedo.
Porque mientras más me acostumbraba a ti… más difícil se volvía imaginar mis días sin hablar contigo.
Sin darme cuenta, te convertiste en esa persona que podía cambiar completamente mi estado de ánimo con solo aparecer.
Y honestamente… creo que una parte de mí empezó a enamorarse desde ahí.