Nunca le dije a nadie cuánto tiempo pasé releyendo nuestras conversaciones.
Y qué extraño es intentar volver a sentir cerca a alguien a través de palabras viejas.
Había noches donde abría el chat solo para regresar a momentos donde todavía parecíamos eternos.
Tus mensajes largos. Las bromas tontas. Los “ya llegaste?” Los audios donde te reías. Las canciones que me mandabas a mitad de la madrugada.
Todo seguía ahí.
Y al mismo tiempo… ya no.
Creo que una de las cosas más dolorosas de perder una conexión así es que las pruebas todavía existen.
Las conversaciones siguen guardadas. Las fotos siguen en la galería. Las canciones siguen sonando igual.
Pero la persona ya no está contigo de la misma manera.
Y aun así me costaba soltarte.
Porque mientras releía todo eso… una parte de mí seguía encontrando razones para creer que lo nuestro había sido real.
Y honestamente… creo que necesitaba aferrarme a eso.
Necesitaba recordar que no estaba loca por sentir tanto.
Que sí hubo amor entre líneas. Sí hubo cariño. Sí hubo algo verdadero escondido entre todas aquellas madrugadas.