Después de ti, escuchar música ya no volvió a sentirse igual.
Porque antes las canciones eran solamente canciones.
Y luego apareciste tú… y empezaron a convertirse en recuerdos.
Había melodías que automáticamente me llevaban a nuestras conversaciones.
A los audios. A las madrugadas. A las veces donde me mandabas letras como si estuvieras diciendo cosas que no sabías cómo expresar directamente.
Y qué injusto es cuando algo tan simple como una canción puede regresarte a alguien en segundos.
A veces bastaban unos cuantos acordes para sentir un vacío horrible en el pecho.
Como si mi corazón todavía esperara encontrarte al otro lado de la pantalla.
Creo que por eso me costó tanto dejar ir ciertas playlists.
Porque ahí seguíamos existiendo nosotros.
En canciones tristes. En letras sobre distancia. En historias de personas que casi se amaron pero no lograron quedarse.
Y honestamente… una parte de mí empezó a entender que nunca iba a escuchar esas canciones de la misma manera otra vez.
Porque tú ya vivías dentro de ellas.