Nunca imaginé que el silencio pudiera hacer tanto ruido.
Pero después de nosotros… lo entendí.
Porque cuando alguien se vuelve parte de tu rutina emocional, su ausencia empieza a sentirse en todas partes.
En las noches. En las canciones. En los momentos donde automáticamente quieres contarle algo a alguien… y recuerdas que ya no puedes.
Lo más difícil no fue dejar de hablar contigo de golpe.
Fue acostumbrarme a no encontrarte más en mis días.
A veces agarraba el celular por reflejo, esperando ver una notificación tuya.
Y luego recordaba que las cosas ya habían cambiado.
Y qué cruel puede ser el cuerpo cuando todavía extraña algo que la mente intenta aceptar.
Hubo días donde pensé en escribirte.
Solo para saber cómo estabas. Solo para sentirte cerca un ratito otra vez.
Pero el orgullo, el miedo y la realidad siempre terminaban ganando.
Entonces aprendí a extrañarte en silencio.
Como se extrañan las cosas que todavía significan algo… aunque ya no pertenezcan a tu vida.