Quizá eso era lo más extraño de nosotros.
Que mientras mi mundo cambiaba por completo… nadie más realmente lo veía.
Para otras personas solo eras alguien con quien hablaba mucho.
Un contacto más. Un chat más. Una historia más de internet.
Pero ellos no conocían todo lo que existía detrás de la pantalla.
No sabían cómo sonreía cuando veía tu nombre aparecer. No sabían cuánto esperaba tus mensajes. No sabían que hubo noches donde fuiste literalmente la única persona capaz de hacerme sentir tranquila.
Y honestamente… a veces dolía que algo tan importante para mí pareciera invisible para el resto del mundo.
Porque cuando una relación no tiene fotos, títulos o momentos “oficiales”, la gente cree que no puede romperte el corazón de verdad.
Pero sí puede.
Porque las conexiones más profundas muchas veces nacen precisamente en silencio.
En conversaciones largas. En confianza. En la manera en que alguien empieza a conocer partes de ti que nadie más logra tocar.
Y tú hiciste eso conmigo.
Aunque nadie más pudiera verlo.