Empecé a creer que verlo tan a menudo se estaba volviendo agobiante, y sabía que sería imposible evitarlo, ya que asistíamos al mismo instituto. De hecho, lo confirmé: él necesitaba tiempo para aceptar lo que sentía, como yo lo necesité al principio. A lo mejor ya lo había descubierto, pero no quería asumirlo. Sin embargo, no iba a esperar toda la vida a que él se decidiera, porque mi tiempo era valioso y quería aprovecharlo. Si me tenía que decir que me ama, que me lo tendría que decir en la cara, sin rodeos.
Con nuestra discusión en el restaurante, no hace falta contar lo que vino después, porque no pasó nada más. En resumen, terminamos el cumpleaños de Rulos en la Costanera, contándoles la escena a mis amigos, como siempre, y tomando unos tragos hasta la madrugada. Aunque esa noche algo cambió, y no fue lo ocurrido con Mauricio, sino la confesión de Mariana. Ella sintió que sus secretos habían llegado demasiado lejos y era momento de que yo me enterara. Resulta que estaba enamorada de mi hermano, y él también. Al principio no lo tomé bien; de hecho, no quería arruinar la velada, pero eso no fue lo que me impactó. Lo que me impactó fue que Mauricio había tenido algo con ella, y que por eso ella lo conocía, por eso todas esas cosas que me decía para "protegerme". Y no es que no fuera así, pero yo lo había interpretado de otra manera; pensé que estaba intentando volver con él por las veces que se quedaban hablando los dos a solas. Y, para colmo, ella me dejó estar con él, aunque un día fue al revés. Tenía un gusto amargo en la boca, estaba muy confundida, pero creo que ella lo estuvo más al principio, cuando descubrió que me gustaba su ex o lo que se supone que fueron. Desde ahí, todo empezó a tener más sentido.
Con respecto a mi hermano, no sé si él era la persona indicada para ella, sobre todo porque lo había visto muy contento hablando por teléfono con alguien de quien Mariana seguramente no estaba enterada. Sin embargo, ¿quién era yo para negarle su felicidad? Así que le di un gran abrazo y le dije que estaba bien si eso era lo que quería.
A pesar de esas dos grandes noticias, seguí con mis actividades el resto de la semana, como salir con Miguel. Me hizo compañía en algunas exposiciones de arte de la ciudad, nos sacamos muchas fotos, y esa vez sí pude comer mi helado de limón. Compré acuarelas y acrílicos, y le hice un dibujo. Otro día fuimos a caminar, a partidos de fútbol, hasta que conocí a su familia. Me ayudó con cosas de la escuela, por ejemplo, contabilidad. Por más inteligente que fuera, había cosas que no entendía y necesitaba ayuda, y él no dudó en ofrecérmela. En resumen, pude conocerlo un poco más. Y seguimos siendo amigos, como lo prometimos.
De Mauricio no hubo muchas novedades. A veces me metía en la cuenta de Instagram de Alejandro y husmeaba su perfil. No encontraba nada, y seguro era porque estaba trabajando. No quería parecer una acosadora, solo quería conocer a esa chica con la que estaba saliendo y si era verdad lo que decía. Sin embargo, algo le pasaba; no era normal que no subiera nada ni publicara, sobre todo los viernes.
Mensaje de Lele:
—¿Hoy casa quinta?
—Hoy no tengo ganas de salir —respondí con el emoticón de la carita con sueño—. Es tarde y prefiero mi cama.
Eran las 21:45. Creí que a esa hora todos estaban durmiendo. Además, ¿quién va a una casa quinta a esa hora, y avisando a último momento?
—¡Qué aburrida sos! —protestó Lele—. Bueno, tendré que avisarle a Mauricio que no querés ir.
—¿A Mauricio? ¿Por qué? No entiendo.
—Nos acaba de invitar.
Ahí está la respuesta a su ausencia, Victoria.
—¿Estuviste tomando, Alejandro?
—Un poco, pero solo para festejar —respondió, con una carita riendo—. El horóscopo lo anunció, Viqui, estaba confiado de que nos hablaría.
—¡Anda a dormir, Alejandro, estás borracho!
—No, para nada. Es cierto lo que te digo; mirá, te mando captura.
Se desconectó por un rato y volvió a estar en línea. Se demoró, me hizo esperar, envió el mensaje, y resultó ser una foto suya.
—¡Mándame la captura, Alejandro, la captura! —me exalté—. No quiero tus fotos.
—Bueno, dale, no te enojes conmigo —respondió, con más caritas riendo.
Decía la verdad: Mauricio los había invitado a la casa quinta que había alquilado, por alguna razón desconocida, y me incluía. No sé a qué se debía, ni cuáles eran sus intenciones, pero era extraña la propuesta.
—Bien, que disfruten y la pasen lindo.
—¿No vas a ir después de que te haya mandado las pruebas?
—No, Ale —dije—. ¿Viste la hora que es? Solo a él se le ocurre hacer una fiesta ahora.
—Las piletas son climatizadas —aseguró Ale, como si eso cambiara algo.
—No me importa si son climatizadas, no voy a ir. Además, ¿para qué me quiere ahí?
—No lo sé.
A la mañana siguiente, Ale me informó que Mauricio solo le había puesto el visto a su mensaje, y que minutos después respondió con un "bueno", cortante y seco. Supongo que lo escribió disgustado por mi rechazo a su invitación, y lo que vino después no pude negarme a que fuera motivo de burla. Mauricio se presentó a una fiesta privada, sin invitación, haciéndose pasar por Joaquín Castro, quien sí estaba en la lista. Estuvieron a punto de agarrarse adentro del lugar, y por un momento pensé que se lo merecía, porque solo a él se le ocurrían ese tipo de cosas. La cuestión es que, por eso y por otras razones, se canceló lo que había organizado para esa casa quinta.
El martes tuvimos un cambio de actividades: fuimos al Parque San Carlos, por el evento anual sobre salud, alimentación, ejercicio y hábitos saludables para los alumnos. Se fomentó la convivencia, separándonos en equipos de diferentes colores y cursos. En mi equipo estaban Belén, Milagros, Joaquín, Mauricio, una amiga del grupo que no me cae bien, Agustín, y otros alumnos de primero y tercer año que no conocía.