Lo mucho que odio amarte

CAPÍTULO 19

Corrí por el campo por horas, solo para quitarme una abeja que no dejaba de perseguirme por la fragancia de mi perfume. El pastizal estaba alto y aun así, rendida y sudando, me acosté sobre este. Debía confesar que cuando se trataba de los insectos me volvía un poco paranoica. Pero estábamos en primavera, a nada del verano, por lo que era normal y debía acostumbrarme. Me fijé en mi celular si tenía algún mensaje o alguna llamada perdida y no, no la tenía. ¿Aún seguía pensando en él, no es así? No, el caso era que aún seguía pensando en todo y costaba pensar en otra cosa que no fuera eso.

Me levanté y me sacudí el resto de pasto que quedaba en mi cuerpo, antes de que me largara a llorar y terminara con ronchas en la piel. Caminé para recorrer e inspeccionar aquel camping. Alejandro me había invitado a su cumpleaños número diecisiete. Sí, mi falso amigo, y para que vea que yo no era como él, había ido, y aunque crea que yo había fingido demencia, no lo había hecho. Y en vez de estar junto a él, estaba sola porque quería tiempo para mí misma, tiempo para pensar. Después de todo, ¿quién quiere a una aburrida, una malhumorada, en su fiesta? Nadie, en definitiva, y no quiero arruinarla.

—¿Cómo seguís? Te estás perdiendo todo. Ale acaba de golpear con un palo a un familiar, por querer romper la piñata con una venda en los ojos. Y ya sé que me vas a decir que estamos grandes, que esas cosas son de niños y ya no estamos para esas cosas, pero es divertido.

Miré hacia el cielo parpadeando, a pesar de que el sol ardiera, para evitar derramar unas cuantas lágrimas. Apreté mis labios con fuerza antes de poder hablar, aguantando, hasta que al final le respondí:

—Todo está bien —bufé y parecía peor—. Deberías volver, ahora te alcanzo.

—¡Ah, no, no, para nada! No voy a abandonar a mi amiga así, con el alma destrozada.

Ahí nomás, sentadas en las escaleras del puente de madera para ir al río, que usualmente era el paso de los pescadores y sus lanchas, me abrazó mientras apoyaba mi cabeza en sus muslos. Es probable que haya mojado sus jeans cortos con el líquido cristalino, pero me permitió que llorara todo lo que tuviera que llorar.

—Entonces, ¿es cierto? ¿Todos estamos un poco jodidos y rotos por dentro?

—Tal vez sí. En algún momento, todos terminamos un poco rotos por dentro, sea cual sea la circunstancia o quién lo cause —acarició mi cabello.

—¿Creés que todo se acabó?

—¿Tu relación con Mauricio o lo que hablan de vos en la escuela?

—Mauricio.

—No lo sé —chasqueó la lengua y negó con la cabeza—. Mirá, Victoria, tratá de no pensar en él. Porque mientras vos estás acá triste, él está allá afuera viviendo de lo mejor, de fiesta en fiesta, sin preocupación alguna. Por eso, debés pensar en vos y en tu bienestar, en lo que es mejor. Además, lo único que no quiero es que todo lo que está pasando sea motivo para acabar con tu sonrisa. No quiero que apaguen la luz que llevás dentro y lo alegre que siempre has sido. Tu forma de ser contagia mucho y eso hace sacar el mejor lado de las personas, hasta el mío. Sos valiosa.

—Siempre consintiendo a los demás y dando consejos —dije sonriendo al mismo tiempo que secaba mi rostro humedecido—. Sin embargo, ¿hay alguien que te las dé a vos?

—Mi mamá y a veces yo misma. Además, si yo no lo hago, ¿quién más? Alejandro, desde ya que no, él es más de mandarse las metidas de pata y romper con los momentos incómodos.

—Sí, tenés razón.

—¡Hola, hola! ¿Quién quiere hacer un brindis por este encantador hombre que está re bueno y cumple años? —presumió Lele, un poquito borracho, con botellas de cerveza en la mano.

—Nosotras —hablamos al mismo tiempo, levantando la mano.

—¡Salud, amigas mías, hermanas de otra madre! —juntamos nuestras bebidas mientras reíamos. Aunque no estaba completamente feliz por él, pero fingí, porque esperaba que la amistad me pudiera salvar del malestar que sentía—. ¿Se unirán para jugar al vóley en la arena, no?

—Por supuesto. Pero, si no logran mantenerse en pie así de borrachos y ganarle al equipo contrario, será doble prenda —los reté.

—¡Wow, sí, me encanta la idea! —comentó Rulos.

Para la primera semana de diciembre, las cosas se habían calmado un poco, aunque algunos estaban con la intención de volver a molestar. Me mantuve firme, ya había bajado demasiado mi mirada al suelo y debía seguir adelante, así que dejé que los rumores fueran lo de menos. Por otro lado, y por alguna extraña razón que desconocía, Mauricio se ausentó de sus clases y no apareció hasta la semana entrante. Consideré que podía deberse a que estaba enfermo, tuvo cita con el médico, hubo alguna emergencia familiar, que sé yo, cualquiera de esas cosas. Pero para nada acerté entre algunas de las tantas que mencioné.

Todo estaba distinto, extraño y misterioso. El señor Almada tuvo que dirigirse dos veces al despacho del director para hablar sobre el desempeño de su hijo. No sé cuáles fueron los resultados de esa charla, nadie comentaba nada, ni el mismo Mauricio cuando me lo crucé días después. Y ahí, supuse que lo peor no había llegado.

—¿Qué sucede? ¿Estás teniendo algún problema?

—No, Victoria, no sucede nada.

—Pero, vi a tu padre hablando con el director. Si necesitas ayuda con algo, sabes que me lo podés decir.

—No, no necesito ayuda con nada. Todo está perfecto.

—Está bien. —Asentí sin darle mucha vuelta al asunto— Escucha, sé que pasó casi un mes desde que no nos hablamos, desde que las cosas se pudrieron y no quiero seguir insistiendo en donde no es. Por eso, necesito que me digas cuál fue la decisión que tomaste, porque si me decís que esto acabó, ya no te voy a buscar. Y yo, no quiero seguir esperando.

—No tomé ninguna decisión todavía. Fueron dos largos meses y encantadores de noviazgo y en lo único que sí estoy de acuerdo, es en pasar este último mes a tu lado antes de que acabe el año escolar.

—¿Por qué lo decís como si te quedaras sin vida o como si fuera la última vez que me vas a ver?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.