—Gia, baja esa música.
—Pero Caro, si ni siquiera está alta. La tengo a un volumen moderado, no debería molestarte.
—¡He dicho que la bajes!
—Bueno, bueno, Carolina. Aquí la que decide si la baja o no, soy yo, y no le grites así a tu hermana. Es dos años mayor que tú, y merece respeto. De lo contrario, tú y yo tendremos problemas muy serios por tu comportamiento.
—Ya te entendí, mamá, pero si no le baja el volumen, dile que la apague entonces, mamá.
—¡Pero si la acabo de encender! Recién conecté mi celular al bluetooth.
—¡Pues a mí me duele la cabeza! Desconecta esa cosa, que me palpita el cerebro…
—Eso te pasa por ser tan cascarrabias, hermanita. Si le hubieses hecho caso a mamá desde el principio, no estuvieras…
—¡Tú cállate!
Genial… más dramas que tienen el nombre de Adri.
Y la verdad es que Erne tiene toda la razón, a mi hermana no le dolería la cabeza si hubiera evitado sabiamente el regaño de mamá.
Si tan solo ella le hubiese hecho caso cuando le dio una orden ayer…
—¿No habría sido mejor obedecer y ya?
Sí, lo mismo digo yo…
—En fin.
Lo único cierto es que Adri es terca, como ella sola… Y también, pensándolo con detenimiento, si hubiera evitado hacer lo que sea que haya hecho o dicho para causar que mamá la castigase., creo que la cosa hubiese sido muy diferente.
Tengo la impresión de que, por la rabia que cogió esta mañana, diríamos por aquí, fue la razón de que se le encendiese el dolor de cabeza.
O prendiese, es decir… se le disparase.
Mi abuelo siempre nos ha advertido sobre no coger rabia antes del desayuno…
¿Qué eso no se suponía que ocurría después?
—Yo pensaba que era antes…
Bueno, como sea.
La cosa es que uno no debe coger rabia, disque porque altera el cortisol, y las emociones se revuelven.
Lo cual, a su vez, provoca, no siempre, pero sí a veces, algo de cefalea leve, o incluso puede derivar en una migraña severa, como la que de seguro tiene Adri ahora, si se queja tanto, probablemente se trate de esta última.
Sea que haya sido por eso, por tener que apresurarse para lavarse el pelo y comer a toda prisa, o por solo Dios sabe qué, su malestar ya es culpa suya, no de nosotros.
Pero bueno, eso ya no importa, no se pueden deshacer las equivocaciones de una persona.
—Beti, ¡mira lo que puedo hacer! —exclama LuLu, y se mueve rítmicamente en su asiento —o al menos, lo intenta, es un poco descoordinada, pero tierna—; luego, agita su cabello.
—¡Ahora mira cómo me muevo yo! La secunda Juanlu, imitándola y realizando un baile igual de torpe, pero para mí, son adorables.
Beti los observa, riéndose, e intenta copiar sus movimientos, aumentando el entusiasmo de ambos.
El trío dinámico, como les digo yo, se divierten bailando al ritmo de la música que pone Gia, y aunque los asientos se sacuden, a mí me encanta…
Es deleite para mis sentidos.
Al menos, eso pienso yo, pero como siempre, alguien tiene que salir de aguafiestas…
Ni siquiera mamá ha reclamado por el desorden que tienen mis hermanos, y Caro ya empieza:
—¡Quédense quietos! ¿No pueden estar en silencio ni un minuto? —Inquiere ella, roja por el enojo, y yo la miro, enseriada.
—Caro… Basta.
Los tres se detienen, un poco asustados ante su regaño repentino, y ella los mira, exasperada.
—Solo quiero estar tranquila.
—Pues, Carolina, si tanto te incomoda, ignora lo que pasa a tu alrededor, y ya, asunto arreglado.
—¡Lo dices tan fácil!
—Porque es fácil, hermanita. Tú eres quien quiere complicarse la existencia —contesta Erne, y Adri le frunce el ceño, desviando la mirada con evidente fastidio.
—¡Tere, baila con nosotros también! —la invita Beti, y Gianna, para reforzar el desorden de nuestros hermanitos, sube el volumen de la música, claramente disfrutando del espectáculo pese a la rabieta de nuestra hermana.
—No, bailen ustedes. Yo prefiero leer.
—¿Leer?
—Sí. Leer —le responde a LuLu, y señala un libro que tiene entre las manos—. Estoy leyendo cuentos de animales fantásticos.
—Hay no, ¡qué aburrido! —se queja Beti, pero Tere solo sonríe, totalmente sumergida en su pequeño mundo.
Yo levanto la vista de mi móvil, el cual estaba mirando para revisar las notificaciones que tenía, y la observo con ternura.
Tere siempre ha sido un alma tranquila, tierna y silenciosa cuando hay conflictos.
En ocasiones, se retrae tanto en sí misma que tenemos que invitarla a participar de los juegos; he aprendido que hay que sacarla de su burbuja de ángeles de vez en cuando.