Lo nuestro no puede ser romance

45. Marie: Rumores en circulación

—¡Una carrera hasta el colegio! —Exclama Bety, sentada en su triciclo y con sus dos coletas moviéndose enérgicamente debido a la velocidad a la que va.

—De acuerdo, hermanita. Haremos una carrera, pero recuerda las normas de seguridad que te hemos estado enseñando —dice Gia, acomodando la mochila en la canasta de su bici.

—Repaso rápido —anuncia Erne, haciendo que mis hermanos pequeños se detengan de golpe en pleno conjunto residencial...

Sí, la casa de mis abuelos también queda, como la que usamos para vacacionar, en conjunto cerrado...

—¿Acaso olvidé mencionar eso?

No sé, yo creo que sí.

—Bueno, en fin, ya lo dije, y también lo aclaré.

¿Las dos palabras no son casi lo mismo?

—No, tienen significados distintos.

—A ver, niños. ¿Cuáles son las reglas al conducir en bici?

—¡Tener el casco de seguridad bien colocado! —responde Tere, levantando la mano con orgullo.

—¡Mirar a los lados antes de cruzar! —Añade Bety.

—¡Conducir con precaución! Aunque no sé qué es eso —JuanLu, sentado en su triciclo, se ríe, y Erne aplaude, sonriéndoles contento.

—¡Lección aprobada, entonces! Ahora sí... ¡vámonos!

Apenas él pronuncia la frase que es mágica para mis hermanos, empieza la carrera de bicis y triciclos.

—Cómo extrañaba esto... son momentos bastante divertidos.

Totalmente de acuerdo contigo, querida.

Mientras conducimos tranquilamente por las calles hasta la escuela, y voy observando el paisaje a mi alrededor, agradezco no estar en un auto.

¿Por qué?

Porque los mismos ahora están en tremendo trancón, problema del cual nos libramos nosotros, porque conducimos entre callejones, en parte para proteger a los más pequeños de los buses de transcaribe —ya han arrollado a varios ciclistas accidentalmente, y todo porque no se pueden detener por lo pesados y grandes que son—, pero también para llegar a clases más rápido.

Yo los llamo borradores, porque...

—Bueno, resulta obvio el por qué, ¿no?

Te diría que sí, pero no. A ver, ilústrame.

—Pues, se llaman borradores, o al menos, así les digo yo, porque al no poder detenerse de golpe con el freno, borran a las personas que se interponen en su camino de la faz de la tierra.

Querrás decir, de la vida.

—Lo que sea, pero bueno, eso.

Cuando estamos a punto de llegar al colegio, Gia repentinamente se detiene, y emite un jadeo de sorpresa.

El frenazo que da es tal, que casi sale disparada de la bicicleta.

Si no fuera por los reflejos tan rápidos que posee —ventajas de ser una deportista de alto rendimiento—, y porque Erne, sin proponérselo, iba delante de ella, habría salido volando por los aires.

Solo que, en lugar de salir catapultada debido a la velocidad que tenía al frenar, termina chocando fuertemente contra la espalda de Ernesto, y ambos se caen al suelo, con las bicis rodando colina abajo —sí, para llegar a la escuela hay que subir una especie de colinita, o como se le llama aquí, una loma.

—¡Oye! —Exclama Erne, levantándose del suelo—. ¿Por qué hiciste eso?

—Perdóname, ¡en serio! ¿Estás bien? —Gia, aunque un poco aturdida, lo primero que hace es dejarse a sí misma de lado, y estar pendiente del bienestar de nuestro hermano, quien asiente.

—Sí, tranquila. Pero en serio, ¿qué pasó allá atrás?

Gia no responde de inmediato.

En vez de eso, deja que Tere, Bety, JuanLu y LuLu se adelanten con Caro, antes de susurrar en voz baja.

—Chicos... me temo que tenemos un problema.

—¿Y, cuál es? —Pregunto, acercándome a los dos.

Erne, quien mira hacia adelante, palidece de pronto, y parece comprender algo que yo todavía no logro captar con claridad.

—A... Ali —dice bajito—, mira hacia adelante.

Confundida, obedezco su petición, pero enseguida me arrepiento de haberlo hecho.

La entrada de la escuela está pintada...

No, mejor dicho.

Está llena de escritos burlescos, todos dirigidos contra mi persona.

El problema no es solo ese.

Son, justamente, los recortes de fotos que hay en el centro de todos esos escritos.

Se trata de unas instantáneas sacadas de Instagram, de mí...

Cayendo por las escaleras, Jasper sosteniéndome en sus brazos y agarrando mi mochila...

Jasper abrazándome en el pasillo fuera del salón, dándome de su agua.

Ya empezaron de nuevo con esos rumores en circulación, ¿no te digo?

—Dios mío, Caro me va a matar.

Lo dudo, querida, si ella sabe que tú no...

—¡Miércoles! ¿Quién pudo haber tomado esas fotos sin mi consentimiento?

Yo creo que fue...

—Ali —susurra mi hermana, con el rostro serio, y me muestra su celular, en cuya pantalla hay una publicación de Instagram—. Creo que esto responderá a todas nuestras preguntas.

Fijo mis ojos en la pantalla del móvil de Gia, y en cuanto lo hago, la sangre parece desaparecer de mi rostro.

Porque allí, delante de mí, están los mismos recortes que hay pegados en una de las paredes de la entrada...

Pero lo peor no es eso, sino otra foto que hay ahí y que, por alguna razón, no está en ese grotesco mural.

Es una fotografía...

Mía, y de Andrew, mirándonos fijamente en la biblioteca.

—Oh, Dios...

Y lo que termina de descolocarme por completo, son dos cosas:

La primera, el leer el nombre de esa cuenta, miss Nena Cándida.

Y la segunda...

Leer lo que ha escrito:

Sabían que Marie Alice, la mejor de las estudiantes de nuestro grado noveno... ¿Es también una quitanovios?

___

¡Y terminamos el primer arco, se viene el segundo!

Se pone buena la cosa...

Espero les haya gustado.

Un abrazo grande...

Mafe Magri.




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