Lo que busco en ti

Prologo

Salía un momento de su hogar solo para dar una pequeña caminata, a despejarse un poco. Estar casi siempre encerrado y sentirse perseguido mayormente por mayores le era algo pesado, está vez aprovecho de salir un momento sin que hubiera vigilancia alguna.

Fuera del clan, un poco más lejos, estaba el pequeño pueblo donde vivía la gente con varios recursos. No pudo evitar que al pasar ahí, por más que actuase con naturalidad, sentir curiosidad con aquellas personas. Siempre escuchaba de su padre que era gente insignificante y de total desperdicio.

Fue la primera vez que vio a aquellas personas, habían niños pequeños igual que el y mujeres mayores con cesto de ropa, no vio en ese instante muchas mujeres y hombres, supuso que deberían de estar dentro del hogar.

Por más que fuera así, no los veía con los ojos de su padre, parecía gente amable e interesante para el. Pero no saludo, ni devolvió ningún saludo, solo siguió su camino con pasos lentos hacia el bosque.

Siempre le llamaba la curiosidad aquel lugar, únicamente podía observarla a lo lejos de su pequeña habitación por una simple ventana. Esta vez no lo iba a desperdiciar, se quedaría un tiempo largo allí hasta que su padre o alguno de los soldados lo encuentre, sin importar que pudiera ser regañado hoy.

El lugar le parecía simplemente hermoso. Las hojas susurraban con el viento, diminutos insectos brillaban entre la hierba y los árboles se alzaban altos, filtrando la luz en destellos dorados. Un pequeño lago recorria entre la vegetación, reflejando el cielo como un espejo tranquilo.

Ya al entrar un poco más en el bosque, pudo notar la presencia de una persona que se encontraba de espaldas y cerca del lago, arrodillada como si algo estuviese buscando. No sé asomo de inmediato, primero se mantuvo a observar con curiosidad.

A primera vista creyó que podría ser un simple campesino, pero al ver el uniforme que aquel traía ese pensamiento cambio de inmediato.

Debe de ser de alguno de los clanes, pensó. Llevaba un kimono amarillento que sobrepasaba un poco más al obi oscuro que traía en su cintura. Traía un hakama demasiado oscuro y largo, el último detalle que le llamo la atención de esa vestimenta fue que una manta marrón que llevaba encima.

Parecía traer el cabello más corto a diferencia de el, que lo traia mucho más largo. Mientras que el contrario, conservaba uno que llegaba hasta la nuca. Creyó que debió de ser una niña, convenciendose por completo de esa suposición.

Duro unos pocos segundos si acercarse o no, era la primera vez con la que hablaría con alguien de su edad que no fuese su hermana—Hola—saludo con una sonrisa leve al acercarse.

El otro niño lo miró directamente al sentir su voz, si había sentido un pequeño susto por la repentina aparición, no creía que habría alguien más en el lugar donde solía visitar siempre—Hola—respondio sin una sonrisa, con la misma expresión que tenía.

Con solo escuchar su voz y ver su rostro, supo que no era una niña, cuál descarto al instante ese pensamiento. Aún mantuvo su sonrisa—¿Qué estás haciendo?

—Estoy juntando unas piedritas—contesto, enseñandole a quien permanecia levantado las rocas que traía en su mano—¿Quieres verlas?

—Eh si, claro—contesto sin pensarlo mucho, extendió su mano hacia aquellas piedras mojadas. El brillo que poseian llamaba en absoluto su atención, les parecía hermosa—¡Vaya, si que son lindas! ¿De dónde las sacaste?

—Pues de este lago—respondio el chico con una sonrisa sarcástica.

—Ya veo—dejo con cuidado las piedras sobre el suelo, cerca del césped para así diferenciarlas, pudo sentir sus manos apenas mojadas—¿Y vienes del pueblo?—pregunto, por más que no creyera así, pero quería sacar conversación.

—No, soy del clan Yagyu—menciono con seriedad—Con tu apariencia, tu también debes de ser de alguno de los clanes—supuso.

—Si, soy del clan Shimazu—comento con una sonrisa simple—O creo que así se llama, no se muy bien cada cosa de los clanes—¿Y como te llamas?

—¿En serio perteneces allí?—el chico se alejo un poco, levantandose así mantener distancia—Ya me debo de ir, adiós.

—¡Espera!—exclamo el que recién llegaba—¿Por qué? ¿Hicimos algo mal?

Se detuvo al escuchar esa pregunta, dejando de caminar y tener la idea de marcharse. Siguió con su expresión seria, sin cambiarla del todo—¿Acaso no sabes los conflictos que tenemos el uno con el otro? Solo es el de ustedes al que no nos acercamos, mi padre se enfadara si me ve hablando contigo.

—¿El está aquí?—cuestiono con duda, mirando hacia atrás por si veía al adulto.

—No, pero de alguna forma se entiende—fruncio el ceño, antes de irse miró las piedras que estaban en el suelo—¿Podrías darmelas?—señalo, aún negando a acercarse.

—Si, claro—el pelinegro tomo las piedras, acercándose a quien lo acompañaba así entregarle las pequeñas rocas—¿Y vienes siempre aquí?

—¿Para que lo preguntas?—pregunto molesto, aún inseguro de quién acababa de cruzarse—¿Piensan hacer algo?

—¡No, no!—respondio nervioso—Solo preguntaba por curiosidad.

—Pues si, vengo casi siempre aqui—menciono, tomando las piedras—Siempre estoy aquí solo, me gusta este lugar.

—Si es así, mejor—el chico esbozo una sonrisa—dijiste que estabas solo, podríamos vernos de vez en cuando aquí.

—¿No me entendiste cuando dije que...?

—Si, entendi—interrumpio—Pero el conflicto sería de ellos, yo no tengo razón para llevarme mal.

—Pues deberías—exclamo—Por honor a tu familia, no debes decepcionarlos.

El dejo soltar una risa silenciosa—Te ves gracioso cuando te enojas.

—¡Deja de decir tonteras!—se mostró algo vergonzoso ante el comentario, caminaba para irse de nuevo a su hogar, pero se detuvo con solo unos pasos. Aquel chico que acababa de conocer seguía quieto allí, pareciendo que lo miraría hasta que se largara—Si nos seguimos viendo, tendremos problemas.




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