Descendiendo rápidamente entre los callejones, Sebas se abría paso a través del centro de la ciudad, que ya empezaba a agitarse con la vida nocturna. Y siendo jueves, el día en que la mayoría de estudiantes salía a divertirse, la aglomeración era peor.
Empezó a maldecir el haber tomado aquella siesta. Ahora iba atrasado a la reunión con su banda. Esa noche se presentarían en uno de sus bares favoritos.
Cuando finalmente llegó al lugar, acomodó sus rizos negros, despinados por el viento, y la bolsa de papel que llevaba en la mano. Al ingresar, saludó animadamente a todo el mundo mientras se dirigía al backstage.
一Iván, ¿Sí trajiste el pastel? 一preguntó al bajista en cuanto lo vio.
El chico, sentado sobre un sofá afinando su instrumento, no volteó a verlo.
一Sí. Me estuviste chingando toda la semana para que no se me olvidara.
Apartó el bajo para sacar de una bolsa un pastel de tres leches, que colocó sobre una mesa frente a él.
一Perfecto, ¿y dónde está Ulises? Le encargué las serpentinas.
一¡Aquí están! 一respondió una voz a su espalda.
El guitarrista apareció mostrando los rollos de colores.
一Bien, cada uno tomará una y cuando Leo entre las soplaremos… ¿Creen que llegue tarde? 一preguntó Sebas, ligeramente ansioso.
一Pues siempre llega rozando a los eventos 一comentó Iván.
一Pero no creo que sea capaz de llegar a su propio cumpleaños 一añadió Ulises一. Ya sabes qué busca cualquier excusa para hacer fiesta.
Los tres chicos, con serpentinas en mano, se pararon cerca de la puerta y esperaron. Para su suerte, no pasaron ni tres minutos cuando la puerta empezó a abrirse, dejando ver al mismo chico de piel clara y ojos grisáceos que apareció en su sueño, o más bien, pesadilla.
Sin haber dado un solo paso, el chico terminó cubierto por serpentinas multicolor.
一¡Feliz cumpleaños, Leo! 一gritaron al unísono.
Sonriendo, el chico fue recibido entre palmadas en la espalda y un abrazo por parte de Sebas que duró poco más de un abrazo ordinario. Separándose apenas lo suficiente, le colocó un gorro de fiesta sobre la cabeza con apenas una capa ligera de cabello negro tras meses de ir rapado.
Lo miró con ojos grandes.
一¿Y ese milagro que llegas temprano? 一preguntó, burlón.
一Ora, si a mis cumpleaños siempre soy puntual.
一Nomás para lo que te conviene 一señaló el bajista.
一Pues, sí, ¿no? Si no conviniera, ¿pa’ qué el esfuerzo?
一Bueno, bueno 一llamó el guitarrista一. Mejor comamos el pastel antes de que se aguade.
一¡Ah, no manchen! Tres leches, mi favorito.
La banda se acomodó a lo largo del sofá. Sebas, específicamente, tomó asiento a un lado de Leo, tan cerca que sus rodillas podían rozarse.
Después de cantar Las Mañanitas, comieron pastel hasta hartarse y tomaron fotografías en grupo. Aunque para Sebas era prioridad capturar diferentes ángulos del cumpleañero.
一Oigan 一habló Leo tras un rato一, no es por ser interesado, pero si hay algún regalito por ahí es buen momento para abrirlo.
Sus amigos torcieron los ojos a pesar de que, efectivamente, cada uno tenía un regalo.
El primer obsequio en ser abierto fue el de Ulises. De una caja alargada, Leo retiró un par de baquetas nuevas. Silbó al examinarlas.
一Están con madre, wey. Gracias.
一Menos mal porque ya tienes las tuyas todas mordidas 一comentó Sebas.
一¡Que no las muerdo, chingao! Es el desgaste normal.
一Lo sé 一respondió, riendo一, solo te molesto.
El siguiente regalo era por parte de Iván. Un par de piercings de acero inoxidable.
一Uf, justo quería hacerme otras perfos 一dijo señalando la parte superior de su oreja.
Por último, Sebas le pasó la bolsa de papel que había cargado desde su apartamento.
一No quiero presumir, pero mi regalo es el más grande 一señaló con un ligero tono altanero.
Del interior, Leo sacó la chamarra de mezclilla con parches. De inmediato, identificó el logotipo de sus bandas favoritas, incluso de algunas series o personajes que le gustaban.
一¡Ah, no mames, está bien chingona!
Una sonrisa de satisfacción iluminó el rostro de Sebas.
一Obvio… Anda, pruébatela 一dijo poniéndose de pie junto a Leo.
Con cuidado, le empezó a quitar la chamarra negra de piel que llevaba puesta.
一Sirve que ya le das tregua a esta pobre chamarra, ya se está deshaciendo.
一Pues era la única que tenía.
Cuando la prenda vieja se deslizó sobre los brazos, Sebas no pudo evitar admirar los tatuajes que le cubrían por completo el brazo derecho antes de ponerle la nueva chamarra.
Le acomodó el cuello con delicadeza, deslizando las manos hasta dejarlas acomodadas sobre la tapeta.
一Te queda bien… 一comentó alzando un poco la cabeza para mirarlo directamente.
一Ey, ni apretada ni grande 一respondió Leo, ajeno al coqueteo evidente.
Desde el sofá, Ulises e Iván intercambiaron miradas de preocupación. «No otra vez», dijeron sin hablar.
Sebas carraspeó, apartándose.
一Ah, claro… Bueno, yo también debo arreglarme para la presentación 一indicó a la vez que caminaba hacia un pequeño tocador.
一¿Más? 一cuestionó el baterista, incrédulo.
一Idiota, no estoy para nada arreglado 一respondió sacando su cosmetiquera一. Se me hizo tarde.
一Pos así estás bien, pero bueno. Nomás apurate que luego te tardas un chingo.
一Será algo simple 一aclaró volviendo la vista al espejo.
Mientras el vocalista se aplicaba el maquillaje, el resto de la banda terminó de preparar el equipo de sonido y afinar los instrumentos. A pocos minutos de la presentación, estando todo listo, Leo volvió a asomarse al backstage.
一¿Ya terminaste, principito? 一preguntó, fatigado de mover y cargar equipos.
一Sí, sí, ya 一contestó Sebas levantándose.
Al instante en que volteó, Leo notó cómo sus ojos oscuros lucían más grandes con un delineado fino y párpados iluminados por tonos violeta. Sobre cada mejilla, resaltada por el rubor, brillaba una piedrita en forma de corazón. Sin embargo, el gloss sobre los labios era lo más atrayente del maquillaje.