El ambiente en el bar estaba encendido con música alta y gente bailando al centro del lugar.
Tras terminar la presentación, la banda se había quedado a continuar la celebración de cumpleaños. Acomodados en un sofá, entre risas y botellas de cerveza, recordaban viejas anécdotas o discutían detalles sobre la tocada de esa noche.
Durante toda la plática, Leo estaba recargado sobre Sebas.
一Ya, wey, quítate. Pesas un chingo 一pidió aparentando fastidio.
一No exageres. Sí me aguantas, no es mi culpa que estés fuertecito, pero cómodo.
Sebas sonrió para sus adentros.
一Pero no por eso debo hacerte de soporte 一recriminó sin moverse.
Algo apenado, Ulises, el guitarrista, carraspeó interrumpiendo el momento.
一Ejem… Bueno, ya tengo que irme 一dijo de pie.
一Va, con cuidado 一respondió Iván junto a un choque de puños.
一¿Tan pronto, wey? 一se quejó Leo一. Quédate un rato más.
一Ya les había dicho que mañana temprano voy a ir a dejar a Lucas a la central.
El baterista dejó caer la cabeza hacia atrás.
一Pff… ¿Ya cuánto tienen viviendo juntos? 一preguntó con apatía.
一Lo que va del semestre 一respondió, orgulloso.
一Solo dos semanas y ya te tiene bien domesticado.
Tomando distancia, Sebas le dio un codazo. «Este pendejo en verdad no entiende nada», pensó.
一¡Ora, qué hice!
Ulises solo pudo negar con la cabeza.
一Yo no le veo el problema. Me gusta muchísimo.
En su rostro resplandecía una sonrisa amplia.
一Sí, sí… 一Leo torció los ojos一. En fin, aquí nos seguiremos divirtiendo.
Acto seguido, le dio un trago a la cerveza.
一Saluda a Lu por mí 一añadió Sebas, más tranquilo.
一Claro, nos vemos.
En cuanto Ulises se alejó, el cumpleañero miró a Iván.
一¿Y a ti tu novia no te la hace de pedo por salir toda la noche con nosotros?
一No 一exhaló humo de cigarro一. Sabe que no tiene razones para desconfiar.
一Otro… 一masculló para sí.
一Tú muy bien 一lo defendió Sebas.
A pesar de la salida del guitarrista, la fiesta siguió avanzando al igual que una buena progresión.
一¡Chingada madre, ya van tres veces seguidas! 一reclamó Leo tirando cartas de póker sobre la mesa.
Iván, calmado y con una risa triunfal, recogió el premio de la apuesta. Apenas unos 80 pesos, un encendedor, un chicle y un esmalte de uñas negro.
一Es simplemente cuestión de inteligencia, algo que claramente ustedes no tienen.
一No digas mamadas, esto de pura suerte 一volvió a recriminar Leo.
一Bueno… 一Iván inhaló el cigarro一. De esa tampoco tienen.
一Sí serás…
Ignorando la discusión entre baterista y bajista, Sebas miró con ojos grandes en dirección a la improvisada pista de baile. En un sutil movimiento, volvió a acercarse al chico junto a él.
一Oye, Leo…
一¿Sí? 一respondió distraídamente barajando las cartas.
一¿Qué tal si…?
一¡Hola! 一interrumpió una voz femenina.
El grupo levantó la vista, encontrándose con una chica sin duda universitaria. En verdad era linda y con gran estilo para vestir.
一Leo, ¿verdad?
一El mismísimo 一contestó con una sonrisa ladeada.
En silencio, Sebas observaba la escena. Sus manos apretaban la orilla del sofá.
一Mis amigas y yo 一continuó la chica apuntando a un grupo de jóvenes que lo saludaban desde la barra一 nos preguntábamos si te gustaría sentarte un rato con nosotras.
Sin siquiera pensarlo, el baterista se levantó de un brinco. Pero, antes de siquiera poder dar un paso, sintió un leve jalón en el brazo.
一¿Nos disculpas un momento? 一preguntó Sebas a la chica.
一Claro 一dijo alejándose unos pasos.
一¿Qué chingados haces, Sebas?
Leo se soltó del agarre.
一¿Qué chingados haces tú?, quedamos en que íbamos a celebrar todos juntos.
一Pos sí, pero es mi cumpleaños y quiero divertirme. A ti no te gustan las chicas y al cerebrito de allá 一señaló a Iván, quien fumaba atento一, lo tienen bien amarrado. Así que, voy a aprovechar.
Dio media vuelta, rodeando por la espalda a la chica hasta llegar a la barra. Sebas se mantuvo estático.
«Valió madre», maldijo el bajista.
一Oye… ¿Estás bien? 一preguntó, cauteloso.
Al voltear, Sebas sonreía de una manera medio torcida
一Sí, era obvio que algo así pasaría, jaja.