Tres llamadas y Una sonrisa
ADRIEL
Cuando la cabina finalmente tocó tierra, Adriel soltó una risa ahogada, mitad alivio, mitad nervios. Amelia aún seguía con las manos aferradas a la barra de seguridad, como si el suelo fuera a despegar de nuevo.
- Ya… ya bajamos, no te preocupes —le dijo con una sonrisa leve.
Ella lo miró sin decir nada, con las mejillas sonrojadas y el cabello un poco desordenado por el viento. Si hubiera tenido una cámara, habría querido congelar ese instante. No porque estuviera perfecta, sino porque era real: Amelia con miedo, pero también con coraje, sin máscaras. —No fue tan terrible —bromeó él.
- Tú hiciste que girara la cabina, claro que fue terrible —respondió ella, entrecerrando los ojos.
Adriel alzó las manos en señal de rendición. —Tenía que asegurar mis tres llamadas, ¿no?
Amelia negó con la cabeza, pero Adriel alcanzó a notar que, por primera vez en toda la noche, sonrió sin contenerse. Una sonrisa fugaz, pequeña… pero auténtica. Y eso bastó para que algo dentro de él se desordenara.
Caminaron juntos hacia donde los esperaban Briana y Paulo, pero sin prisa. La feria seguía llena de luces y gritos, el olor a algodón de azúcar flotaba entre la gente, y la música sonaba lejana, como si el mundo se hubiera puesto en pausa para ellos.
Adriel metió las manos en los bolsillos, intentando sonar casual: —Así que auxiliar en un colegio, ¿eh?
- Sí. Solo por ahora. Estoy ahorrando para estudiar otra carrera —respondió ella, mirando al frente.
-¿Y ya sabes cuál?
- Psicología… creo. —Su tono bajó un poco—. Me gusta escuchar a las personas, aunque no siempre sepa qué decirles. Adriel la observó de reojo. Claro que te gusta escuchar, pensó. Por eso miras como si leyeras más allá de las palabras.
- Suenas como alguien que entiende más de lo que dice —comentó sin pensarlo demasiado. Amelia lo miró con una ceja levantada.
-¿Eso es un cumplido?
- Depende. ¿Lo tomaste como uno? — Ella soltó una pequeña risa, apenas audible, pero suficiente para hacerle sentir que todo el alboroto del parque valía la pena.
Caminaron en silencio un rato. Él podía oír el sonido de sus pasos sincronizados sobre el pavimento húmedo. Quiso decirle algo más, algo que no sonara torpe ni demasiado obvio, pero su mente se llenó de ruido. No era fácil con ella. Amelia no era como las demás chicas: no se dejaba leer, no buscaba impresionar, no coqueteaba. Y eso lo descolocaba.
¿Qué tienes tú que me deja sin estrategias? pensó.
De pronto, Amelia habló: —Lo de las tres llamadas… era broma, ¿verdad?
Adriel sonrió. —Depende. ¿Planeas responderme o ignorarme?
- No sé, quizás lo piense.
- Entonces sí, era una broma… a menos que no quieras que lo sea. Ella lo miró, y por un instante, el ruido del parque desapareció. Fue solo un cruce de miradas, pero bastó. Había algo en sus ojos —ese brillo tímido que aparecía cuando bajaba la guardia— que lo desarmaba sin remedio.
Cuando llegaron al punto de encuentro, Briana y Paulo estaban riéndose de algo. Amelia se adelantó unos pasos, y Adriel la observó irse, sintiendo que algo en él había cambiado apenas un milímetro… pero lo suficiente como para inquietarlo.
Tres llamadas, Amelia, pensó mientras la veía alejarse.