Lo que dejamos al rompernos

Capítulo 21

Y aún así Ahí estaba

ADRIEL

Briana estaba diciendo algo cuando llegamos, pero no le presté demasiada atención.
Amelia se adelantó un par de pasos, como si necesitara recuperar espacio, como si la altura todavía no la hubiera soltado del todo… o quizá no era la altura.

- ¿Todo bien allá arriba? —preguntó Briana, con esa sonrisa que claramente estaba evaluando más de lo que parecía.

- Sobrevivimos —respondí, mirando a Amelia de reojo.

- A duras penas —murmuró ella.

Paulo soltó una risa baja.
- Buena señal. Las mejores historias empiezan así.

No respondí. No porque no tuviera algo que decir, sino porque mi atención seguía en Amelia.
En cómo evitaba mirarme demasiado tiempo.
En cómo, aun así, no se alejaba.

Briana dio un pequeño aplauso.
- Bueno, ya que nadie murió, propongo comida. Estoy antojada de algo dulce o grasoso o ambas cosas.

- Eso no es antojo, es estilo de vida —dijo el Paulo.

- Exacto —respondió ella sin vergüenza.

Amelia suspiró, pero no discutió. Y eso me llamó la atención.
No era alguien que se dejara arrastrar fácilmente… pero tampoco se iba.

Caminamos hacia los puestos de comida. Luces, ruido, gente pasando demasiado cerca.
Amelia se tensó apenas. Fue sutil. Casi imperceptible.

Pero lo noté.

Sin decir nada, bajé un poco el ritmo.
No para hacer algo evidente.
Solo… para que no tuviera que adaptarse al resto.

No dijo nada.
Pero tampoco se alejó.

Minutos después, estábamos los cuatro apoyados cerca de un puesto, con vasos y envolturas en las manos. Briana hablaba sin parar. El chico asentía como si ya estuviera acostumbrado.

Amelia estaba en silencio.

- ¿Siempre eres así? —le pregunté, sin mirarla directamente.

- ¿Así cómo?

- Callada cuando hay mucha gente.

Tardó un segundo en responder.
- Depende.

- ¿De qué?

- De si quiero estar ahí.

Asentí. Respuesta corta. Cerrada. Pero no evasiva.

- ¿Y ahora quieres? —pregunté.

Ella tomó un sorbo de su bebida antes de responder.
- Todavía no lo decido.

Sonreí un poco.
- Entonces voy a tener que esforzarme más.

- No te lo tomes como un reto —dijo, sin mirarme.

- Muy tarde.

Briana interrumpió, como siempre.
- ¡Oigan! Hay un juego de puntería allá. El que pierda invita el cine.

- Eso suena a trampa —dije.

- Claro que lo es —respondió ella—. Pero divertida.

El chico levantó la mano.
- Yo juego.

- Yo también —dije, sin pensarlo demasiado.

Miré a Amelia.- ¿Tú?

Ella negó.- Prefiero ver.

Claro. No insistí.

El juego fue rápido, ruidoso y ridículamente competitivo.

Briana gritaba instrucciones que nadie pidió, su novio falló dos veces seguidas, y yo… bueno, acerté lo suficiente como para que ella me acusara de “arruinar la diversión”.

- No es justo —dijo—. Él tiene cara de que gana cosas.

- ¿Eso es un insulto o un cumplido? —pregunté.

-Ambos. - Amelia rió. Suave. Breve. Pero real.

Y otra vez… valió todo.

Cuando nos alejamos del puesto, el ambiente había cambiado apenas, no mucho, pero lo suficiente.

Amelia caminaba a mi lado ahora. No pegada. No cómoda del todo.Pero tampoco distante.

- No eres tan insoportable como pensé —dijo de pronto.

La miré. —Eso suena a progreso.

- Es un 1%. No te emociones.

- Me basta. - Y era verdad.

Caminamos un poco más, alejándonos del ruido principal.
La feria seguía viva detrás, pero aquí… era distinto. Más tranquilo.

- ¿Siempre analizas tanto a las personas? —preguntó ella.

- No.

- Entonces conmigo sí.

- Contigo no estoy seguro de qué estoy viendo.

Se quedó en silencio.—¿Y eso te molesta? —preguntó después.

Negué.—Me descoloca.

Ella bajó la mirada un segundo.—A mí me pasa al revés.

- ¿Contigo?

- No. Con la gente en general.

La miré con más atención.—¿Y conmigo? - Dudó. Apenas.

- Todavía no lo sé.

Esa respuesta… fue honesta. Y eso, viniendo de ella, valía más que cualquier coqueteo. No dije nada por unos segundos.

Luego - Está bien.- dije

Ella me miró, sorprendida.
- ¿Está bien?

- Sí. No tienes que decidir nada ahora.

Sus ojos cambiaron un poco, como si no esperara eso.

- La mayoría de las personas sí espera algo —dijo.

- Yo también —respondí.

- ¿Entonces?

- Solo que no lo voy a exigir.

Silencio otra vez.

Pero este… era distinto.

A lo lejos, Briana gritó:
- ¡Cine, gente! ¡Que se nos hace tarde!

Amelia giró la cabeza, como si agradeciera la interrupción. Yo no. Pero tampoco la detuve.

Mientras caminábamos de regreso con los otros dos, pensé algo que no me gustó demasiado:

Esto ya no se sentía como pasar el rato. Y no sabía si eso era buena idea. Pero tampoco tenía ganas de frenar. La miré una vez más, de reojo.

Amelia no era fácil.
No era ligera.
No era predecible.

Y, aun así… ahí estaba.

Siguiendo el paso.

Sin irse.

Tal vez tres llamadas no eran suficientes.

Pero por ahora…
eran lo único que tenía.

Y, curiosamente, no me parecía poco.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.