—Elena Rose.
Adrián repitió su nombre en silencio.
Elena.
No sabía por qué le gustaba cómo sonaba.
Quizá porque llevaba varios días imaginando cómo sería conocerla y, ahora que finalmente estaba frente a él, la realidad era mucho más sencilla de lo que había imaginado.
—¿Y tú siempre te quedas mirando así a las personas que acabas de conocer? —preguntó ella, levantando ligeramente una ceja.
Adrián parpadeó.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras intentando descubrir algo.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de él.
—Tal vez estoy intentando descubrir algo.
—¿Y ya descubriste qué?
Adrián la observó durante unos segundos.
—Todavía no.
Elena soltó una risa baja.
—Qué misterioso.
—No intento serlo.
—Eso lo hace peor.
Por primera vez desde que la había visto, Adrián se permitió reír.
Hablar con ella era extraño.
No porque fuera incómodo.
Todo lo contrario.
Era demasiado fácil.
Como si aquella conversación hubiera comenzado mucho antes de que ambos supieran siquiera sus nombres.
—¿Vives por aquí? —preguntó él.
Elena señaló la calle detrás de ella.
—A unas cuantas cuadras.
Adrián asintió.
—Yo también.
Era mentira.
O, al menos, no exactamente.
Su casa quedaba bastante más lejos,pero no necesitaba que ella lo supiera.
—Entonces supongo que volveremos a encontrarnos —dijo Elena.
Adrián la miró.
—Supongo.
Ella comenzó a caminar.
Después de unos pasos, se detuvo y volteó.
—Adiós, Adrián.
—Adiós, Elena.
Y entonces se fue.
Adrián permaneció quieto unos segundos, observándola alejarse.
Podría haberse marchado.
Debería haberse marchado.
Pero no lo hizo inmediatamente,esperó hasta perderla de vista solo entonces comenzó a caminar.
Esta vez hacia una dirección que no era la de su casa.
No sabía exactamente por qué.
Quizá quería conocer el camino que ella había tomado,quizá solo quería asegurarse de que realmente vivía cerca,o quizá simplemente no quería que aquel momento terminara todavía.
Mientras caminaba, sacó su teléfono del bolsillo.
Abrió una nota nueva.
Durante unos segundos se quedó mirando la pantalla.
Después escribió:
Elena Rose.
Se quedó contemplando esas dos palabras y sonrió.
No sabía qué significaba aquello,no sabía qué quería de ella,ni siquiera sabía si volverían a hablar mañana.
Pero había algo que sí sabía.
Ya no era suficiente con haberla visto una vez.
Y, aunque todavía no lo entendía, aquel pequeño deseo estaba a punto de convertirse en algo mucho más difícil de controlar.