Durante el resto de la mañana, Adrián intentó concentrarse en sus clases.
Intentó.
Pero cada cierto tiempo su mirada terminaba perdida en algún punto del salón, mientras su cabeza regresaba al mismo lugar.
A Elena,a su voz.
A aquella sonrisa que había aparecido cuando se burló de él.
Era absurdo,ni siquiera la conocía realmente.
Y, sin embargo, sentía como si llevara mucho más tiempo esperando encontrarla.
Cuando sonó el timbre del descanso, Adrián salió del salón.
Sus amigos comenzaron a hablar sobre cualquier cosa, pero él apenas prestaba atención.
—¿Qué te pasa? —preguntó uno de ellos.
—Nada.
—Estás distraído desde que llegaste.
Adrián negó con la cabeza.
—Solo dormí mal.
La respuesta pareció suficiente.
Por suerte.
Porque no tenía ninguna intención de explicarles que llevaba toda la mañana esperando volver a verla.
Caminaron hacia el patio,Adrián se quedó un poco atrás.
Y entonces la vio.
Elena estaba sentada en una de las bancas, hablando con una amiga.
Esta vez no estaba sola.
Adrián se detuvo,podía acercarse,podía simplemente saludar.Era algo completamente normal,pero algo lo hizo quedarse quieto.
La observó durante unos segundos.
Ella se reía de algo que su amiga había dicho.
Y Adrián sonrió sin darse cuenta.
—¿Quién es ella?
La voz de su amigo hizo que reaccionara.
—Nadie.
—Ajá...
Adrián lo miró.
—¿Qué?
—Nada. Solo pregunté.
Adrián volvió a mirar hacia donde estaba Elena.
Ella levantó la mirada en ese preciso instante.
Sus ojos se encontraron otra vez.
Elena sonrió.
Y, desde lejos, levantó ligeramente la mano a modo de saludo,Adrián respondió de la misma manera.
Fue algo pequeño,casi insignificante,pero durante el resto del descanso, no pudo dejar de pensar en ello.
Al terminar las clases, Adrián salió del edificio.
El cielo estaba cubierto de nubes y comenzaba a caer una lluvia ligera.
Se colocó la mochila sobre el hombro y empezó a caminar.
Había avanzado apenas unas cuadras cuando escuchó pasos detrás de él.
—¡Adrián!
Se giró.
Era Elena.
Había corrido un poco para alcanzarlo.
—¿También vas por aquí? —preguntó ella.
Adrián sonrió.
—Parece que sí.
—Qué casualidad.
—Bastante.
Comenzaron a caminar juntos.
La lluvia aumentó lentamente.
Elena se cubrió la cabeza con una mano y soltó una risa.
—Genial. Justo lo que me faltaba.
Adrián la miró.
—¿No tienes paraguas?
—No.
Él tampoco.
Durante unos segundos caminaron en silencio, escuchando solamente el sonido de la lluvia.
—Oye, Adrián.
—¿Sí?
—¿Por qué ayer estabas por mi calle?
Él se quedó callado.
La pregunta lo tomó completamente desprevenido.
Elena lo observó, esperando una respuesta.
Adrián pensó rápidamente.
—Coincidencia.
Ella entrecerró los ojos.
—Otra vez esa palabra.
—¿Qué tiene?
—Que empiezas a usarla demasiado.
Adrián sonrió.
—Quizá las coincidencias me siguen.
Elena soltó una pequeña risa.
—O quizá tú las estás buscando.
Adrián no respondió.
Porque, por primera vez, no estaba seguro de que aquello fuera una mentira.