La lluvia comenzó a caer con más fuerza.
Elena aceleró un poco el paso, intentando cubrirse con la mochila.
—Creo que vamos a llegar empapados.
—Probablemente.
—Qué optimista.
Adrián sonrió.
—Solo estoy siendo realista.
Ella soltó una risa.
Caminaron un poco más hasta llegar a una pequeña cafetería en una esquina,Elena se detuvo frente a la entrada.
—Yo voy por aquí.
Adrián miró el camino que ella señalaba.
—¿Aquí te despides?
—Sí.
—Entonces... nos vemos mañana.
Elena lo miró durante un instante.
—¿Mañana?
Adrián se quedó callado.
Había hablado demasiado rápido.
—Bueno... si coincidimos.
Ella sonrió.
—Claro. Si coincidimos.
Entró a la cafetería y desapareció detrás de la puerta.
Adrián permaneció bajo la lluvia unos segundos,después continuó su camino.
Pero esta vez no sonreía.
Había algo en aquella despedida que no lograba quitarse de la cabeza.
No era solamente que quisiera volver a verla.
Era que, por primera vez, tenía la sensación de que ella también quería volver a verlo.
Esa noche, Adrián volvió a abrir la nota de su teléfono.
Elena Rose.
Debajo del nombre escribió una segunda línea.
Cafetería de la esquina.
Se quedó mirando lo que acababa de escribir.
Luego añadió:
Mañana.
Adrián dejó el teléfono sobre la mesa por alguna razón, aquella última palabra le produjo una sensación de tranquilidad,como si ya estuviera seguro de que volvería a encontrarla.
Como si el día siguiente ya estuviera decidido,y quizá ese era el problema.
Porque todavía no sabía que algunas coincidencias dejan de ser coincidencias cuando alguien comienza a buscarlas.