A la mañana siguiente, Adrián volvió a despertar antes de que sonara la alarma.
Esta vez no necesitó preguntarse por qué,tomó su teléfono,abrió la nota.
Elena Rose.
Se quedó mirándola unos segundos.
Entonces apareció una nueva notificación.
Un mensaje.
Adrián frunció el ceño,no reconocía el número.
Lo abrió.
¿Llegaste bien ayer?
Se quedó completamente quieto.
Debajo del mensaje apareció otro.
Soy Elena, por si no guardaste mi número.
Adrián sonrió.
No pudo evitarlo.
Había algo extraño en lo mucho que una simple pregunta podía cambiarle el ánimo.
Escribió una respuesta.
Sí. ¿Tú?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Sí. Aunque terminé empapada.
Adrián soltó una pequeña risa.
Te dije que iba a llover.
Pasaron unos segundos.
No recuerdo que me lo dijeras.
Lo pensé.
Eso no cuenta.
Adrián negó con la cabeza.
Por primera vez en mucho tiempo, una conversación tan sencilla le parecía suficiente.
No sabía cuánto iba a durar,no sabía en qué terminaría aquello.
Pero quería descubrirlo.
En el camino hacia clases, Adrián guardó el teléfono en el bolsillo,ya no necesitaba buscar a Elena entre la gente.
Ahora tenía una razón para esperar que apareciera.
Cuando llegó al edificio, la vio al final del pasillo.
Ella también lo vio.
Elena levantó una ceja y sonrió.
—Llegaste.
—Sí.
—Qué milagro.
—¿Por qué?
—Pensé que después de la lluvia ibas a desaparecer.
Adrián la miró durante un instante.
—No creo que sea tan fácil deshacerme de ti.
Elena sonrió.
—Eso espero.
Y siguieron caminando juntos.
Sin saber que, detrás de aquella conversación aparentemente inocente, algo comenzaba a cambiar,porque algunas personas llegan a nuestra vida sin hacer ruido,y otras llegan para quedarse en nuestra cabeza mucho después de haberse ido.
Elena todavía no sabía cuál de las dos sería para Adrián.
Pero Adrián empezaba a tener miedo de conocer la respuesta.