CAPITULO 3
Los días comenzaron a pasar más rápido.
O quizá simplemente Adrián había empezado a encontrar una razón para esperar cada uno de ellos.
Desde aquella tarde bajo la lluvia, hablar con Elena se había vuelto algo habitual no siempre tenían conversaciones largas.
A veces solo eran un par de mensajes,un comentario sobre alguna clase,una broma,un simple “buenos días”.
Cosas pequeñas.
Cosas que, por separado, no significaban demasiado pero juntas comenzaban a formar algo.
Algo que Adrián todavía no se atrevía a nombrar.
El jueves, Adrián llegó temprano a clases.
Se sentó en su lugar y sacó sus cosas.
Por primera vez en varios días, no miró hacia la puerta esperando verla.
Intentó concentrarse en el cuaderno.
Cinco minutos después, levantó la mirada.
Nada.
Volvió a bajar la cabeza.
Otros cinco minutos.
Nada.
Suspiró.
—Esto ya es ridículo —murmuró.
—¿Qué cosa?
Adrián levantó la cabeza.
Elena estaba frente a su escritorio.
—¿Qué haces aquí?
Ella sonrió.
—Buenos días para ti también.
—Buenos días.
—Vine a buscar a alguien.
Adrián levantó una ceja.
—¿A quién?
Elena señaló el asiento de al lado.
—A ti.
Adrián se quedó callado.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Y para qué?
—Porque necesito ayuda con algo.
Ella dejó un cuaderno sobre su escritorio.
—No entendí una parte de la tarea.
Adrián tomó el cuaderno.
—¿Y por qué no le preguntaste a alguien de tu salón?
—Porque tú pareces saber más.
—¿Parezco?
—No te emociones.
Adrián soltó una risa.
Comenzó a explicarle el ejercicio.
Elena se inclinó sobre el cuaderno y escuchó atentamente,por unos minutos, todo fue normal.
Hasta que ella levantó la mirada.
—Oye.
—¿Sí?
—¿Tú siempre observas tanto a las personas?
Adrián dejó de escribir.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque el otro día parecías saber dónde estaba sin que yo te lo dijera.
Adrián la miró.
No sabía qué responder.
Elena sonrió ligeramente.
—Tranquilo. Solo estoy preguntando.
—Supongo que presto atención.
—Demasiada.
Adrián sostuvo su mirada.
—Quizá eres difícil de ignorar.
Por un instante, Elena no respondió.
Después bajó la mirada hacia el cuaderno.
—Eso sonó un poco raro.
—Lo sé.
Ella sonrió.
—Pero no estuvo mal.
Adrián también sonrió.
Y ninguno de los dos volvió a mencionar el tema.
Al terminar la clase, Elena tomó su cuaderno.
—Gracias.
—De nada.
Dio unos pasos hacia la puerta.
Entonces se detuvo.
—Adrián.
—¿Sí?
Ella se giró.
—Nos vemos después.
—¿Dónde?
Elena se encogió de hombros.
—No sé.
Sonrió.
—Supongo que en algún lugar.
Y se fue.
Adrián la observó desaparecer por el pasillo.
Después miró su teléfono.
Tenía un mensaje nuevo.
Elena: Por cierto, hoy no fue una coincidencia.
Adrián leyó el mensaje dos veces.
Y por primera vez, aquella palabra que tanto habían repetido comenzó a significar algo diferente.
Coincidencia.
Quizá algunas simplemente ocurrían.
Y quizá otras...
eran buscadas por los dos.