CAPITULO 4
Los días siguientes comenzaron a sentirse diferentes no porque hubiera ocurrido algo importante.Sino porque ahora ambos sabían algo que antes ninguno se atrevía a admitir.
Se estaban buscando.
Y ya no podían llamarlo coincidencia.
Adrián comenzó a notar que Elena aparecía cada vez más seguido.
A veces la encontraba en el patio,otras veces caminaba por el mismo pasillo que él,y algunas simplemente aparecía frente a su salón con cualquier excusa.
Al principio, Adrián pensó que era casualidad.
Después dejó de engañarse.
Una mañana, mientras guardaba sus cosas, escuchó una voz detrás de él.
—Adrián.
Se giró.
Elena estaba apoyada contra el marco de la puerta.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a verte.
Adrián sonrió.
—¿Así de fácil?
—Sí.
—¿Y por qué?
Elena se encogió de hombros.
—Porque quería.
Aquella respuesta lo dejó callado por un momento.
—Podrías haberme escrito.
—Podría.
—Entonces, ¿por qué viniste?
Ella sonrió.
—Porque quería verte la cara cuando me preguntaras.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Eres imposible.
—Y aun así estás sonriendo.
Adrián dejó de hablar.
Ella tenía razón.
Caminaron juntos por el pasillo.
Hablaron de cosas simples,de cualquier cosa que pudiera llenar el silencio.
Pero había algo diferente.
Una cercanía que ninguno intentaba evitar.
Cuando llegaron al patio, Elena se sentó en una banca.
Adrián se sentó a su lado.
—¿Sabes qué es raro? —dijo ella.
—¿Qué?
—Que al principio apenas hablábamos.
—Y ahora no paras de buscarme.
Elena lo miró.
—Tú tampoco.
Adrián sonrió.
—Touché.
Ella soltó una pequeña risa.
Después miró hacia el frente.
—¿Te molesta?
—¿Qué cosa?
—Que te busque tanto.
Adrián tardó unos segundos en responder.
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
Ella lo miró de nuevo.
—Bien.
—¿Por qué?
Elena bajó la mirada.
—Porque a mí tampoco me molesta que tú lo hagas.
Adrián sintió una extraña satisfacción.
No era una confesión,pero se parecía demasiado.
Esa tarde, Adrián recibió un mensaje.
Elena: ¿Ya llegaste?
Adrián: Sí.
Elena: Bien.
Pasaron unos segundos.
Adrián: ¿Por qué querías saber?
La respuesta tardó.
Elena: No sé.
Después llegó otro mensaje.
Elena: Supongo que quería saber que estabas bien.
Adrián sonrió.
Adrián: Estoy bien.
Elena: Perfecto.
La conversación terminó ahí,pero Adrián se quedó mirando la pantalla.
No entendía por qué una pregunta tan sencilla podía significar tanto.
Quizá porque comenzaba a acostumbrarse a que alguien estuviera pendiente de él.
Y, peor aún...
comenzaba a necesitarlo.
Al día siguiente, Elena no apareció.
Adrián intentó no darle importancia.
Entró a clases,prestó atención,habló con sus amigos,hizo todo normalmente.
Pero cada cierto tiempo miraba hacia la puerta,nada.
Durante el descanso volvió a mirar,nada.
Sacó su teléfono,ningún mensaje.
Adrián frunció el ceño.
No sabía por qué aquello le molestaba tanto.
Ella simplemente no había ido a buscarlo.
Eso era todo.
Sin embargo, la ausencia comenzó a ocupar demasiado espacio en su cabeza.
Entonces el teléfono vibró.
Elena: Perdón.
Adrián respondió inmediatamente.
Adrián: ¿Por qué?
Elena: No pude ir a verte hoy.
Adrián se quedó quieto.
Leyó el mensaje dos veces.
Adrián: ¿Me ibas a buscar?
La respuesta apareció después de unos segundos.
Elena: Sí.
Adrián sonrió.
Adrián: Entonces no tienes que pedir perdón.
Elena respondió:
Elena: ¿Seguro?
Adrián: Sí.
Después escribió:
Adrián: Aunque sí se sintió raro no verte.
Esta vez la respuesta tardó un poco más.
Elena: A mí también.
Adrián dejó escapar una pequeña sonrisa.
Y entonces entendió algo.
No era solamente que quisiera verla.
Ya estaba empezando a notar cuando ella no estaba.
Al día siguiente, Elena apareció frente a él antes de que comenzaran las clases.
—Hola.
—Hola.
—¿Estás enojado conmigo?
Adrián la miró sorprendido.
—No.
—Ayer dijiste que se sintió raro no verme.
—Porque fue raro.
Elena sonrió.
—Entonces sí me extrañaste.
Adrián dudó.
—Tal vez.
—Eso es un sí.
—No te emociones.
Ella soltó una risa.
—Demasiado tarde.
Se quedaron mirándose durante unos segundos.
Esta vez ninguno hizo una broma.
Elena dio un pequeño paso hacia él.
—Yo también te extrañé.
Adrián sintió que algo dentro de él se detenía por un instante.
—¿Mucho?
Ella sonrió.
—Más de lo que debería.
Adrián bajó la mirada.
—Creo que estamos empezando a tener un problema.
—¿Por qué?
Él volvió a mirarla.
—Porque cada vez me acostumbro más a ti.
Elena guardó silencio.
Después respondió:
—Yo también.
Ese día, cuando se separaron, ninguno de los dos dijo cuánto significaba aquel momento.
No hablaron de sentimientos,no pusieron nombres a lo que estaba ocurriendo.
Simplemente siguieron adelante.
Pero esa noche, ambos hicieron exactamente lo mismo.