CAPITULO 12
Durante los siguientes días, Adrián y Elena intentaron volver a la normalidad.
O, al menos, a lo que ellos consideraban normal.
Seguían hablando.
Seguían buscándose.
Seguían encontrando cualquier excusa para pasar unos minutos juntos.
Pero después de aquella conversación, algo había quedado diferente.
Ahora ambos sabían que los celos existían.
Que les importaba demasiado la atención del otro.
Y que ninguno quería alejarse.
El problema era que tampoco sabían qué hacer con todo eso.
—Tengo una pregunta.
Elena estaba sentada junto a Adrián, mirando distraídamente su teléfono.
—¿Otra?
—Sí.
—Empieza a preocuparme la cantidad de preguntas que tienes.
—No te quejes.
Adrián sonrió.
—Está bien. Pregunta.
Elena bloqueó el teléfono y lo miró.
—¿Qué somos?
Adrián se quedó completamente quieto.
No esperaba eso.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste.
—Ya sé lo que preguntaste.
—Entonces responde.
Adrián soltó una pequeña risa nerviosa.
—No sé.
—Yo tampoco.
—Entonces estamos igual.
—No me gusta estar igual.
—¿Por qué?
Elena miró hacia otro lado.
—Porque siento que estamos evitando decir algo.
Adrián se quedó pensativo.
—¿Qué crees que estamos evitando?
—No sé.
—Sí sabes.
Ella lo miró.
—Tal vez.
—Dilo.
Elena respiró profundamente.
—Tal vez estamos evitando admitir que esto ya no es una amistad.
Adrián no respondió.
Porque, en el fondo, sabía que tenía razón.
—¿Y qué sería entonces? —preguntó él.
Elena negó con la cabeza.
—No lo sé.
—¿Quieres que sea algo?
Ella tardó en responder.
—Quiero saber qué quieres tú.
Adrián la miró.
—Quiero seguir estando contigo.
—Eso ya lo sé.
—Entonces…
—Pero no me estás diciendo qué significa.
Adrián sonrió ligeramente.
—Porque tampoco lo sé.
Elena bajó la mirada.
—Eso es lo que me da miedo.
—¿Que no sepamos?
—Que lo sepamos y no queramos decirlo.
El silencio que siguió fue diferente.
Más pesado.
Más honesto.
Adrián extendió una mano sobre la mesa, sin tocarla.
—Elena.
Ella levantó la mirada.
—No quiero apresurarnos.
—Yo tampoco.
—Pero tampoco quiero fingir que no siento nada.
Ella observó su mano durante unos segundos.
Después volvió a mirarlo.
—Entonces no lo hagas.
—¿Qué?
—No finjas.
Adrián sonrió.
—Está bien.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Qué sientes?
Él tomó aire.
Por primera vez, no intentó esconderlo detrás de una broma.
—Me gustas.
Elena se quedó callada.
Adrián continuó:
—Mucho.
Ella bajó la mirada.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Tardaste bastante.
—¿Qué?
—En decirlo.
—¿Tú ya lo sabías?
—Era bastante obvio.
Adrián soltó una risa.
—Entonces, ¿por qué preguntaste?
Elena levantó los ojos hacia él.
—Porque quería escucharlo.
Aquella respuesta se quedó entre los dos.
Y por un momento, todo pareció más sencillo.
No necesitaban ponerle un nombre.
No necesitaban decidir qué ocurriría después.
Solo necesitaban dejar de mentirse.
Pero la tranquilidad duró poco.
Más tarde, mientras Elena estaba hablando con una amiga, Adrián la vio reír.
No había nada extraño.
Solo una conversación.
Una sonrisa.
Un momento cualquiera.
Pero entonces notó algo.
El chico que estaba sentado cerca de ellas parecía estar intentando llamar la atención de Elena.
Adrián sintió esa incomodidad que ya conocía.
No quería sentirla.
Pero apareció de todos modos.
Esta vez decidió no hacer nada.
No quería repetir lo mismo.
No quería convertirse en alguien que reclamara algo que todavía no habían definido.
Así que se alejó.
Sin despedirse.
Sin explicar por qué.
Elena lo notó unos minutos después.
Miró alrededor.
No estaba.
Sacó su teléfono.
Elena:
¿Dónde estás?
No respondió.
Esperó.
Volvió a escribir.
Elena:
Adrián.
Nada.
Frunció el ceño.
—¿Todo bien? —preguntó su amiga.
—Sí.
Pero ya no estaba prestando atención a la conversación.
Adrián estaba sentado solo.
Sabía que estaba exagerando.
Lo sabía.
Pero también sabía que, si se quedaba, probablemente terminaría comportándose de una manera que no quería.
El teléfono vibró.
Elena:
¿Te pasó algo?
Lo miró.
No respondió.
Un minuto después llegó otro mensaje.
Elena:
Si estás molesto conmigo, dímelo.
Adrián suspiró.
Finalmente escribió:
Adrián:
No estoy molesto contigo.
Elena:
Entonces, ¿por qué te fuiste?
Adrián dudó.
Después decidió ser honesto.
Adrián:
Porque sentí celos.
Elena tardó unos segundos.
Elena:
¿Por él?
Adrián:
Sí.
Elena:
Adrián…
Adrián:
No quiero controlar con quién hablas.
Elena:
No lo estás haciendo.
Adrián:
Pero me afecta.
Elena se quedó mirando la pantalla.
Luego escribió:
Elena:
A mí también me afecta cuando estás con otras chicas.
Adrián sonrió ligeramente.
Adrián:
Lo sé.