Lo Que Dejaste En Mi

Lo que cambia cuando importa

CAPITULO 13

Después de aquella noche, algo había cambiado.

No habían empezado una relación.

No habían puesto una etiqueta.

No habían prometido nada.

Pero ambos sabían demasiado.

Sabían que se gustaban.

Sabían que sentían celos.

Sabían que se buscaban incluso cuando no tenían una razón para hacerlo.

Y, sobre todo, sabían que ya no podían fingir que aquello era solamente amistad.

Al día siguiente, Adrián llegó temprano.

Más temprano de lo normal.

Se quedó sentado, mirando distraídamente su teléfono mientras esperaba.

No estaba esperando a nadie.

O eso intentaba convencerse.

Hasta que la vio entrar.

Elena caminó por el pasillo con su mochila sobre un hombro. Al verlo, disminuyó un poco el paso.

Sonrió.

—Llegaste temprano.

Adrián levantó la mirada.

—Tú también.

—Yo siempre llego a esta hora.

—Mentira.

Elena soltó una pequeña risa.

—¿Me estás vigilando?

—Tal vez.

—Eso suena preocupante.

—Tú dijiste que te gustaba que fuera honesto.

Elena se quedó mirándolo unos segundos.

—¿Y qué estás siendo honesto conmigo ahora?

Adrián sonrió.

—Que estaba esperando que llegaras.

La sonrisa de Elena desapareció por un instante.

No porque le molestara.

Todo lo contrario.

Era precisamente porque esas palabras comenzaban a afectarle demasiado.

—Adrián...

—¿Qué?

Ella negó con la cabeza.

—Nada.

Se sentó a su lado.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Pero esta vez el silencio no era incómodo.

Era diferente.

Más cercano.

Como si ambos estuvieran pensando exactamente lo mismo y ninguno quisiera decirlo primero.

Durante la mañana, Elena estuvo más distraída de lo habitual.

Adrián lo notó.

No preguntó inmediatamente.

Esperó.

Hasta que, durante el descanso, finalmente habló.

—¿Estás bien?

—Sí.

—No parece.

Elena dejó su teléfono sobre la mesa.

—Estoy pensando.

—Eso sí es peligroso.

Ella sonrió.

—Muy gracioso.

—¿En qué piensas?

Elena lo miró.

—En nosotros.

Adrián se quedó callado.

—¿Eso es bueno o malo?

—No lo sé.

—Gran respuesta.

—Es la verdad.

Elena apoyó los brazos sobre la mesa.

—Ayer dijimos muchas cosas.

—Sí.

—Y ahora no sé qué hacer con todo eso.

Adrián bajó un poco la mirada.

—Yo tampoco.

—¿No te da miedo?

—Sí.

Ella pareció sorprenderse.

—¿A ti?

—Claro.

—Pensé que no tenías miedo de nada.

Adrián soltó una pequeña risa.

—No soy tan valiente como crees.

Elena lo observó.

—¿De qué tienes miedo?

Adrián tardó unos segundos en responder.

—De que esto se vuelva demasiado importante.

Elena dejó de sonreír.

Porque era exactamente lo que ella sentía.

—A mí también me da miedo eso.

—Entonces estamos igual.

—No sé si eso me tranquiliza.

—A mí tampoco.

Ambos rieron.

Pero ninguno estaba realmente tranquilo.

Esa tarde, algo inesperado ocurrió.

Adrián estaba hablando con un grupo de compañeros cuando Elena pasó cerca.

Uno de ellos dijo algo que hizo reír a todos.

Adrián también se rio.

Elena siguió caminando.

No se detuvo.

Pero Adrián alcanzó a verla.

Y notó algo.

Ella había dejado de sonreír.

No le dio importancia al principio.

Hasta que unos minutos después recibió un mensaje.

Elena:
¿Estás ocupado?

Adrián respondió casi inmediatamente.

Adrián:
No. ¿Por qué?

Pasaron unos segundos.

Elena:
Por nada.

Adrián frunció el ceño.

Adrián:
Elena.

Elena:
¿Qué?

Adrián:
Te conozco.

La respuesta tardó más esta vez.

Elena:
Eso es lo malo.

Adrián se quedó mirando la pantalla.

Adrián:
¿Qué pasó?

No respondió.

Adrián guardó el teléfono.

Un minuto después volvió a vibrar.

Elena:
No me gustó verte tan feliz con otras personas.

Adrián leyó el mensaje dos veces.

No pudo evitar sonreír.

Pero decidió no burlarse.

Adrián:
¿Celos?

La respuesta llegó inmediatamente.

Elena:
No empieces.

Adrián soltó una risa.

Adrián:
No me estoy burlando.

Elena:
Sí te estás burlando.

Adrián:
Un poquito.

Elena:
Idiota.

Adrián sonrió.

Después escribió:

Adrián:
Pero no tienes que preocuparte.

Esta vez Elena tardó en responder.

Elena:
¿Por qué?

Adrián miró la pantalla durante unos segundos antes de escribir.

Adrián:
Porque aunque hable con otras personas, sigo buscándote a ti.

El mensaje quedó en visto.

No hubo respuesta.

Adrián pensó que quizá había dicho demasiado.

Hasta que llegó otro mensaje.

Elena:
Eso tampoco ayuda.

Adrián:
¿Por qué?

Elena:
Porque hace que me gustes más.

Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.

Por primera vez en todo el día, no supo qué responder.

Al día siguiente, Elena estaba diferente.

Más tranquila.

Pero también más distante.

Adrián lo notó desde el primer momento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.