Lo Que Dejaste En Mi

Lo que no estaba ahi

CAPITULO 20

Durante los primeros días, todo parecía demasiado fácil.

Adrián y Elena todavía estaban acostumbrándose a la idea de poder llamarse pareja sin tener que explicarlo. No habían hecho ningún anuncio, ni habían convertido su relación en el centro de atención de nadie. Simplemente estaban juntos, y para ellos eso era suficiente. Sin embargo, había una diferencia que ambos notaban: ahora cada pequeño gesto tenía un significado distinto.

Una mirada duraba un poco más. Un mensaje podía cambiarles el ánimo. Una despedida podía sentirse demasiado corta.

Y, aunque ninguno quería admitirlo, también había aparecido una nueva clase de miedo.

El miedo a equivocarse.

Una tarde, Elena estaba sentada con unas compañeras cuando escuchó que alguien mencionaba el nombre de Adrián. No le prestó demasiada atención al principio, hasta que una de ellas dijo:

—¿Adrián? Creo que hoy estaba con alguien.

Elena levantó la mirada.

—¿Con quién?

—No sé. Una muchacha.

Intentó seguir con la conversación como si aquello no significara nada.

—Ah.

Solo eso.

Ah.

Pero durante el resto de la tarde, aquella palabra se quedó dando vueltas en su cabeza.

No quería preguntarle inmediatamente. No quería convertirse en la clase de persona que necesitaba saber dónde estaba su pareja cada minuto. Además, podía ser cualquier cosa. Una compañera. Una amiga. Alguien de una clase.

No había ninguna razón para preocuparse.

Eso se repetía Elena mientras caminaba hacia la salida.

No había ninguna razón.

Hasta que lo vio.

Adrián estaba unos metros más adelante, hablando con una chica. Ella estaba sonriendo y él también. No parecía estar ocurriendo nada extraño. De hecho, la escena era completamente normal.

Pero Elena sintió algo incómodo en el pecho.

Se detuvo.

Adrián todavía no la había visto.

La chica dijo algo que Elena no alcanzó a escuchar y Adrián soltó una pequeña risa.

Ella apretó los labios.

No estaba enojada.

Eso era lo que se decía.

No estaba enojada.

Solo estaba...

Celosa.

Y reconocerlo la molestó todavía más.

Elena decidió seguir caminando. No quería interrumpirlos ni hacer una escena. Si Adrián quería hablar con alguien, tenía derecho a hacerlo.

Pero cuando pasó cerca de ellos, Adrián finalmente la vio.

—Elena.

Ella se detuvo.

—Hola.

La chica también la miró.

—¿Tú eres Elena?

Elena parpadeó.

—Sí.

—Ah, por fin te conozco. Adrián me ha hablado de ti.

Aquello la tomó completamente desprevenida.

—¿En serio?

Adrián pareció darse cuenta de lo que estaba pasando.

—Elena, ella es Camila. Está en mi clase. Me estaba ayudando con el trabajo de mañana.

—Mucho gusto —dijo Camila.

—Igualmente.

Elena sonrió, aunque sabía que su expresión no era completamente natural.

Camila se despidió unos minutos después y se marchó.

Cuando quedaron solos, Adrián la observó.

—Estás rara.

—No.

—Sí.

—Estoy normal.

—Elena.

Ella suspiró.

—Está bien.

Adrián esperó.

—Me puse celosa.

Él no se burló. No sonrió de manera presumida. Simplemente asintió.

—Lo imaginé.

—No me gusta sentirme así.

—¿Por qué?

—Porque sé que no hiciste nada.

Adrián se quedó pensando.

—Pero sentiste algo.

—Sí.

—Entonces puedes decírmelo.

Elena bajó la mirada.

—No quiero que pienses que quiero controlarte.

—No lo pienso.

—¿Seguro?

—Seguro.

Ella levantó los ojos.

—¿Y si algún día sí hago eso?

Adrián respondió sin dudar.

—Te lo diría.

Elena sonrió apenas.

—Qué tranquilizador.

—Estoy intentando.

—Lo sé.

Continuaron caminando.

Después de unos segundos, Adrián tomó suavemente su mano.

—Pero también quiero que entiendas algo.

—¿Qué?

—Que no tienes que competir con nadie.

Elena lo miró.

—¿No?

—No.

—¿Y cómo sabes?

Adrián sonrió.

—Porque si quisiera estar con otra persona, no estaría aquí contigo.

Elena sintió que la tensión desaparecía poco a poco.

—Eso fue bastante bueno.

—¿Solo bastante?

—No te emociones.

Él soltó una risa.

Por un momento, todo volvió a sentirse normal.

Pero esa noche ocurrió algo diferente.

Elena recibió un mensaje de un número que no tenía guardado.

Hola. ¿Eres Elena?

Frunció el ceño.

No respondió.

Unos segundos después llegó otro mensaje.

Soy Camila. Conseguí tu número porque Adrián lo tenía en el grupo de la clase.

Elena se quedó mirando la pantalla.

No había nada extraño en aquello.

Probablemente quería preguntarle algo relacionado con el trabajo.

Entonces apareció un tercer mensaje.

Solo quería decirte algo sobre él.

Elena dejó de respirar por un segundo.

Leyó la frase otra vez.

Sobre él.

No sabía por qué, pero una sensación incómoda volvió a aparecer.

Escribió:

¿Qué pasa?

La respuesta tardó unos minutos.

Cuando llegó, Elena la leyó una sola vez.

Y esta vez no sonrió.

Creo que deberías preguntarle a Adrián por qué nunca te contó de mí.

Elena dejó el teléfono sobre la cama.

No sabía qué significaba aquello.

Pero por primera vez desde que había comenzado su relación con Adrián, sintió que había algo que él no le había contado.

Y lo peor no era saber que podía existir un secreto.

Lo peor era no saber si realmente quería descubrirlo.




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