CAPITULO 21
Elena permaneció sentada en su cama durante varios minutos, mirando el mensaje que seguía iluminando la pantalla de su teléfono. Había algo en aquella frase que no le gustaba. No sabía qué era, pero podía sentirlo. Tal vez porque acababan de empezar una relación y, precisamente ahora que había decidido confiar en Adrián, alguien aparecía para decirle que existía una parte de su vida que ella desconocía.
Creo que deberías preguntarle a Adrián por qué nunca te contó de mí.
Volvió a leerla.
Después abrió la conversación con Adrián.
Su último mensaje decía:
¿Llegaste bien?
Elena escribió varias respuestas y las borró. Por un momento pensó en preguntarle directamente quién era Camila y por qué tenía su número. Pero algo la detuvo. No quería hacerlo desde el enojo. No quería acusarlo de algo que todavía no entendía.
Finalmente dejó el teléfono a un lado.
—Mañana —murmuró para sí misma—. Se lo pregunto mañana.
Intentó dormir, pero la pregunta seguía ahí.
¿Por qué nunca me habló de ella?
A la mañana siguiente, Adrián notó inmediatamente que algo había cambiado.
Elena estaba frente a él, pero no era la misma de los días anteriores. No estaba distante exactamente. Tampoco parecía molesta. Era algo más difícil de identificar: estaba presente, pero una parte de ella parecía estar en otro lugar.
—Buenos días —dijo Adrián.
—Buenos días.
—¿Dormiste bien?
—Más o menos.
Adrián la observó durante unos segundos.
—¿Pasa algo?
—No.
—Otra vez ese "no".
Elena soltó una pequeña sonrisa.
—Estoy bien.
Adrián no insistió.
Caminaron juntos hacia el salón, pero durante todo el trayecto Elena estuvo más callada de lo habitual. Varias veces estuvo a punto de preguntarle. Cada vez que lo miraba, pensaba en el mensaje.
Cuando finalmente se sentaron, Adrián dejó sus cosas sobre la mesa.
—Elena.
—¿Sí?
—Si hice algo, prefiero que me lo digas.
Ella lo miró.
—No hiciste nada.
—Entonces, ¿por qué siento que estás enojada conmigo?
—No estoy enojada.
—¿Segura?
Elena bajó la mirada.
—Estoy confundida.
Adrián esperó.
—¿Por qué?
Ella respiró profundamente.
—Anoche alguien me escribió.
La expresión de Adrián cambió ligeramente.
—¿Quién?
—Camila.
Adrián se quedó en silencio.
Y ese silencio fue suficiente para que Elena sintiera que algo dentro de ella se tensaba.
—¿La conoces?
—Sí.
—Eso ya lo sabía.
—Elena...
—¿Por qué nunca me hablaste de ella?
Adrián la miró durante unos segundos antes de responder.
—Porque no pensé que fuera importante.
Ella sintió que aquella respuesta no le gustaba.
—¿No era importante?
—No de la manera que estás pensando.
—Entonces explícame.
Adrián se apoyó contra el respaldo de la silla.
—Camila y yo nos conocemos desde hace tiempo. Estudiamos juntos. Hemos trabajado en algunos proyectos. Somos amigos, supongo.
—¿"Supongo"?
—Nunca hemos sido algo más.
Elena guardó silencio.
—Entonces, ¿por qué me escribió diciendo que debería preguntarte por qué nunca me hablaste de ella?
Adrián frunció el ceño.
—No sé.
—¿No sabes?
—No.
—¿Y no te parece extraño?
—Sí.
Elena lo observó cuidadosamente.
—¿Hay algo que no me estés diciendo?
La pregunta quedó suspendida entre los dos.
Adrián pudo haber respondido inmediatamente. Pudo haber dicho que no. Pero esta vez se tomó unos segundos.
—Hay algo que nunca te conté.
El corazón de Elena dio un pequeño vuelco.
—¿Qué?
Adrián bajó la voz.
—Hace un tiempo, Camila pensó que yo quería algo con ella.
Elena no dijo nada.
—Pero no era así. Nunca tuve una relación con ella. Nunca le prometí nada. Simplemente creo que ella interpretó algunas cosas de otra manera.
—¿Y qué cosas?
—No lo sé exactamente.
—Adrián.
—Te estoy diciendo la verdad.
Elena apartó la mirada.
—Entonces, ¿por qué siento que falta algo?
Adrián se quedó callado.
No porque estuviera ocultando algo.
Sino porque tampoco entendía por qué Camila había decidido aparecer justo ahora.
—No quiero que dudes de mí por algo que alguien más te diga —dijo finalmente.
Elena volvió a mirarlo.
—Yo tampoco quiero dudar de ti.
—Entonces pregúntame.
—Lo estoy haciendo.
—Y te voy a responder.
Elena sintió que una parte de la tensión desaparecía.
Pero no completamente.
—¿Tú confías en mí? —preguntó ella.
—Sí.
—¿Aunque alguien te diga algo sobre mí?
—Depende de qué sea.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
Adrián sonrió ligeramente.
—Si alguien me dice que tienes mal carácter, probablemente le crea.
Elena abrió los ojos.
—¿Perdón?
—Era una broma.
—No fue graciosa.
—Un poco sí.
Ella intentó mantenerse seria, pero terminó sonriendo.
La tensión disminuyó por unos segundos.
Hasta que Elena volvió a recordar el mensaje.
—Adrián.
—¿Sí?
—¿Camila te ha dicho algo sobre mí?
Él negó con la cabeza.
—No.
—¿Seguro?
—Seguro.
Elena asintió.
Quería creerle.
Y lo hacía.
Al menos por ahora.
Más tarde, durante el descanso, Adrián se encontró con Camila.
—¿Por qué le escribiste a Elena?
Camila levantó la mirada.
—Porque tenía derecho a saber.
—¿Saber qué?
—La verdad.
—¿Qué verdad?
Ella guardó silencio.
Adrián sintió que comenzaba a perder la paciencia.
—Camila.
—Tú sabes de qué hablo.
—No. No sé de qué hablas.
Ella lo observó durante unos segundos.
—¿De verdad nunca le contaste lo que pasó?