Lo Que Dejaste En Mi

Lo que no me dijiste

CAPITULO 24

Adrián estaba esperándola en el lugar donde solían encontrarse después de clases. Cuando Elena apareció, él levantó la mirada y sonrió casi de inmediato, pero aquella sonrisa desapareció poco a poco al notar que ella estaba demasiado seria.

—¿Todo bien? —preguntó.

Elena se quedó frente a él unos segundos antes de sentarse.

—Necesito hablar contigo.

Adrián dejó escapar una pequeña respiración.

—Eso nunca suena bien.

Ella casi sonrió, pero no pudo.

—Me encontré con Camila.

El silencio que siguió fue suficiente para que Adrián entendiera que aquella conversación era diferente.

—¿Cuándo?

—Hoy.

—¿Por qué no me dijiste?

Elena bajó la mirada.

—Porque quería escucharla primero.

Adrián no respondió inmediatamente. Se sentó a su lado, dejando cierta distancia entre ambos.

—¿Qué te dijo?

Elena comenzó a contarle todo. Le habló de la fotografía, de los rumores, de los sentimientos que Camila había tenido por él y de cómo había pensado durante mucho tiempo que quizá algún día Adrián cambiaría de opinión. También le contó que Camila reconoció haberle escrito por estar dolida.

Cuando terminó, Adrián permaneció en silencio.

—¿Eso fue todo? —preguntó finalmente.

—Eso fue todo lo que me dijo.

—¿Y tú le creíste?

Elena lo miró.

—No vine para preguntarte si debo creerle a ella. Vine para preguntarte si puedo creerte a ti.

Aquello hizo que Adrián apartara la mirada.

—Elena...

—Me dijiste que Camila había pensado que había algo entre ustedes. Me dijiste que hubo rumores. Me dijiste que ella sentía algo por ti. Pero nunca me dijiste que ella te lo había confesado directamente.

—Porque pensé que no importaba.

—Para ti quizá no.

Adrián guardó silencio.

Elena sintió que la molestia comenzaba a mezclarse con tristeza.

—No estoy enojada porque alguien haya estado enamorada de ti antes de conocerme. Eso no puedo cambiarlo. Tampoco quiero hacerlo. Estoy enojada porque cuando tuve la oportunidad de saberlo por ti, decidiste que era mejor contarme solamente la parte que creías que no me iba a preocupar.

—No quería ocultártelo.

—Pero lo ocultaste.

La respuesta fue tranquila, y precisamente por eso pareció doler más.

Adrián pasó una mano por su cabello.

—Tienes razón.

Elena lo miró sorprendida.

—¿Así de fácil?

—No. Nada de esto es fácil. Pero no voy a decirte que estás exagerando solo porque me incomoda admitir que me equivoqué.

Por primera vez desde que había llegado, Elena sintió que la tensión disminuía un poco.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Adrián tardó en responder.

—Porque tenía miedo.

—¿De qué?

—De que pensaras que todavía había algo entre nosotros.

Elena frunció ligeramente el ceño.

—¿Y por qué pensaste eso?

—Porque sé cómo se siente cuando descubres que alguien tuvo un lugar importante en la vida de la persona que quieres. Y no quería que pensaras que estabas compitiendo con alguien que ya no estaba en mi vida de esa manera.

Elena permaneció callada.

—Pero al intentar evitar una discusión —continuó Adrián— terminé haciendo exactamente lo contrario. Te hice sentir que había algo que necesitabas descubrir por tu cuenta.

—Sí.

—Lo siento.

Elena miró hacia el suelo.

—Yo también hice algo mal.

—¿Qué?

—Fui a verla sin decírtelo.

Adrián la miró.

—¿Por qué?

—Porque tuve miedo de preguntarte.

Aquella respuesta pareció afectarlo más que cualquier otra cosa.

—Elena, puedes preguntarme.

—Lo sé.

—Incluso cuando tengas miedo de la respuesta.

Ella levantó los ojos.

—¿Y si algún día la respuesta no es la que quiero escuchar?

Adrián se quedó quieto.

—Entonces prefiero que la escuches de mí.

Elena sintió que aquellas palabras se quedaban suspendidas entre los dos.

No eran una promesa de que nada cambiaría.

Era algo más difícil.

La promesa de no mentir si alguna vez cambiaba.

—Hay otra cosa —dijo Elena.

—¿Qué?

—Camila me dijo que tú nunca habías hablado de alguien como hablabas de mí.

Adrián sonrió apenas.

—¿Eso dijo?

—Sí.

—Entonces probablemente habló demasiado.

Elena soltó una pequeña risa.

—¿Y qué decías de mí?

Adrián la miró durante unos segundos.

—Que eras complicada.

—¿Perdón?

—Muy complicada.

—Adrián.

Él sonrió.

—También decía que me hacías pensar demasiado.

—Eso suena peor.

—Y que cuando estaba contigo se me olvidaba que normalmente pienso demasiado.

Elena dejó de sonreír.

—¿Eso dijiste?

—Sí.

—¿Por qué?

Adrián se encogió de hombros.

—Porque era verdad.

El silencio volvió, pero esta vez era diferente.

Elena acercó lentamente su mano a la de él.

—No quiero que tengas que contarme cada detalle de tu pasado.

—Bien.

—Pero si algo de ese pasado puede afectar lo que tenemos ahora, quiero que me lo digas.

—Te lo prometo.

—Y yo también intentaré hacer lo mismo.

Adrián entrelazó sus dedos con los de ella.

—Entonces estamos bien.

Elena lo miró.

—No completamente.

Él levantó una ceja.

—¿No?

—Todavía estoy un poquito enojada.

Adrián sonrió.

—Eso sí me lo esperaba.

Elena apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.

Por unos minutos ninguno dijo nada.

Pero mientras permanecían así, Elena recordó algo que Camila había dicho.

Yo fui quien quiso encontrar señales donde no las había.

Quizá ese era el verdadero problema.

No las personas del pasado.

No los rumores.

No las fotografías.

El miedo.

El miedo podía convertir una duda pequeña en algo enorme. Podía hacer que dos personas que confiaban una en la otra empezaran a buscar respuestas donde quizá no existían.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.