Lo Que Dejaste En Mi

Lo que no me dijiste

La mañana siguiente comenzó demasiado normal.

Elena llegó a clases esperando encontrar a Adrián en el mismo lugar de siempre, pero su asiento estaba vacío. Miró la hora en su teléfono. Todavía faltaban varios minutos para que comenzara la clase, así que intentó no darle importancia. Se sentó, sacó sus cosas y abrió el cuaderno.

Cinco minutos después recibió un mensaje.

Adrián: “Hoy no voy a llegar temprano. Te veo en el recreo.”

Elena sonrió ligeramente.

Elena: “Está bien.”

Guardó el teléfono y trató de concentrarse. Sin embargo, durante toda la primera clase tuvo una sensación extraña, como si algo hubiera cambiado.

No entre ellos.

En ella.

Desde que había hablado con Camila, había comenzado a entender algo que no quería admitir: ya no le bastaba con confiar en Adrián. También necesitaba aprender a confiar en sí misma.

En el recreo lo encontró cerca de las escaleras. Adrián la vio y sonrió.

—Hola.

—Hola.

—¿Sigues enojada conmigo?

Elena fingió pensarlo.

—Un poquito.

—¿Solo un poquito?

—Tal vez bastante.

Adrián soltó una risa.

—Eso ya me preocupa.

Elena terminó sonriendo también.

—No te preocupes. Ya estoy mejor.

Adrián se acercó un poco.

—¿Segura?

—Sí.

—¿Completamente?

—Adrián...

—Está bien, está bien.

Caminaron juntos por el pasillo mientras hablaban de cualquier cosa. Por unos minutos, Elena consiguió olvidarse de Camila.

Hasta que escuchó una voz detrás de ellos.

—Adrián.

Los dos se detuvieron.

Era Camila.

Elena sintió que algo dentro de ella se cerraba automáticamente.

Camila se acercó con una expresión seria.

—Necesito hablar contigo.

Adrián miró a Elena y después a Camila.

—¿Ahora?

—Sí.

Elena dio un paso hacia atrás.

—Voy a esperarte.

Adrián negó con la cabeza.

—No tienes que irte.

Camila los observó durante unos segundos.

—No vine a hablar de Elena.

—Entonces dime qué pasa.

Camila bajó la voz.

—Encontré algo.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Camila sacó su teléfono.

—Algo que creí que habías perdido.

Le mostró la pantalla.

Adrián se quedó completamente quieto.

Elena no alcanzó a ver qué había en ella, pero la expresión de Adrián cambió de inmediato.

—¿Dónde encontraste eso?

—Entre unas cosas viejas.

—Pensé que eso había desaparecido.

—Yo también.

Elena observó a ambos.

—¿Qué es?

Adrián levantó la mirada hacia ella.

Durante unos segundos pareció no saber qué responder.

Y ese instante fue suficiente.

Elena sintió nuevamente aquella vieja sensación.

La duda.

—Adrián.

Él guardó el teléfono.

—Es algo del pasado.

—Eso ya me lo imaginé.

Camila dio un paso atrás.

—Creo que deberían hablar ustedes.

Y se marchó.

Elena miró a Adrián.

—¿Qué era?

—Una conversación vieja.

—¿Con quién?

Adrián no respondió.

Elena sintió cómo la paciencia comenzaba a desaparecer.

—¿Con quién, Adrián?

—Con alguien que conocí antes que tú.

—Eso tampoco responde mi pregunta.

Él suspiró.

—No quiero que esto se convierta en otra cosa.

—Entonces dime la verdad.

Adrián la miró durante unos segundos.

—Era una conversación con Camila.

Elena se quedó inmóvil.

—¿Y por qué te sorprendió tanto?

—Porque no recordaba que ella la tuviera.

—¿Qué decía?

Adrián apartó la mirada.

—No importa.

Elena sintió un pequeño golpe en el pecho.

—No vuelvas a decirme eso.

Él la miró.

—¿Qué?

—“No importa”.

Adrián guardó silencio.

—Si no importa, entonces ¿por qué no puedes decirme qué es?

—Porque no quiero hacerte daño.

Elena soltó una risa breve, pero sin humor.

—¿Sabes qué es lo que realmente me hace daño?

Adrián no respondió.

—Que decidas por mí qué cosas puedo soportar y cuáles no.

Aquello pareció alcanzarlo.

—Tienes razón.

—Entonces dime.

Adrián bajó la mirada hacia su teléfono.

—No puedo aquí.

—¿Por qué?

—Porque si te lo cuento, quiero hacerlo bien.

Elena sintió que su enojo empezaba a convertirse en cansancio.

—Está bien.

—¿Estás segura?

—Sí.

Adrián asintió.

—Después de clases.

—Después de clases.

Se separaron.

Pero aquella vez ninguno de los dos sonrió.

Elena pasó el resto del día pensando en la expresión que había visto en el rostro de Adrián cuando Camila le mostró aquella conversación.

No había parecido culpa.

Tampoco miedo exactamente.

Había sido algo diferente.

Reconocimiento.

Como si acabara de recordar una parte de su vida que llevaba mucho tiempo intentando olvidar.

Cuando finalmente terminaron las clases, Elena lo encontró esperándola afuera.

Adrián tenía el teléfono en la mano.

—¿Lista?

—No.

Él sonrió apenas.

—Yo tampoco.

Se sentaron en una banca alejada del resto.

Adrián desbloqueó el teléfono.

—La conversación es de hace bastante tiempo. Fue después de que Camila me confesara lo que sentía.

Elena esperó.

—Ese día discutimos.

—¿Por qué?

—Porque ella quería que siguiéramos actuando como antes. Como si nada hubiera cambiado.

—¿Y tú?

—Yo le dije que no podía.

Adrián deslizó la pantalla.

—Después de eso me escribió algo.

Elena lo miró.

—¿Qué?

Adrián levantó los ojos hacia ella.

—Me dijo que algún día iba a arrepentirme de haberla rechazado.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Y qué respondiste?

—Que prefería arrepentirme de perder una amistad antes que mentirle sobre lo que sentía.

Elena permaneció callada.




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