CAPITULO 26
El silencio que quedó después de aquella frase fue más incómodo que cualquier discusión que Elena hubiera tenido con Adrián.
—¿Qué significa eso? —preguntó finalmente.
Adrián bajó la mirada hacia su teléfono. Durante unos segundos pareció debatirse entre enseñarle la conversación completa o guardar aquella parte para después. Elena lo notó y sintió que algo dentro de ella volvía a tensarse.
—Significa exactamente lo que te dije —respondió él—. No sabía que esa frase iba a terminar teniendo sentido contigo.
—Pero tú no sabías que yo iba a aparecer.
—No.
—Entonces no entiendo.
Adrián respiró profundamente y desbloqueó el teléfono.
—Por eso quiero que la leas completa.
Le entregó el teléfono.
Elena tomó el aparato y comenzó a leer. La conversación era antigua. Mucho más antigua de lo que ella esperaba. Al principio solo había una discusión entre Adrián y Camila. Ella hablaba de lo que sentía y él intentaba explicarle que no podía corresponderle de la misma manera. No había nada oculto, nada parecido a una relación secreta. Era, simplemente, dos personas intentando aceptar que querían cosas diferentes.
Pero unas líneas más abajo apareció algo que hizo que Elena se detuviera.
Camila le había preguntado:
“¿Entonces nunca vas a enamorarte de nadie?”
Adrián había tardado varios minutos en responder.
“No lo sé.”
Después había escrito:
“Supongo que algún día podría pasar. Pero no quiero buscarlo.”
Elena levantó la mirada.
—¿Por qué no querías buscarlo?
—Porque en ese momento no quería complicarme la vida —contestó Adrián—. Pensaba que era mejor mantener las cosas sencillas.
—Y ahora ya no son sencillas.
Él soltó una pequeña risa sin humor.
—Definitivamente no.
Elena volvió a mirar la pantalla.
Había otro mensaje de Camila.
“¿Y qué tendría que pasar para que cambiaras de opinión?”
La respuesta de Adrián era corta.
“No lo sé. Tendría que aparecer alguien con quien no tuviera que fingir que todo está bien.”
Elena sintió algo extraño en el pecho.
No porque creyera que aquella conversación hablaba de ella. Sabía perfectamente que no. Había ocurrido antes de conocerlo, cuando ella ni siquiera formaba parte de su vida.
Era precisamente eso lo que le resultaba inquietante.
Adrián había escrito aquellas palabras mucho antes de conocerla.
Y, aun así, describían demasiado bien lo que había ocurrido entre ellos.
—¿Eso era todo? —preguntó Elena.
—No.
Adrián tomó nuevamente el teléfono y deslizó la pantalla.
—Hay algo más.
La conversación continuaba.
Camila había insistido en que Adrián terminaría arrepintiéndose de haberla rechazado. Él le respondió que prefería ser sincero antes que quedarse con alguien solo por miedo a estar solo.
Después apareció la frase que Elena ya había escuchado.
“Algún día va a aparecer alguien que te haga entender por qué nunca pudiste quererme de la manera que yo quería.”
Debajo de aquella frase había una respuesta de Adrián.
“Tal vez. Pero si algún día pasa, no quiero que esa persona cargue con lo que tú sentiste por mí.”
Elena se quedó mirando la pantalla.
—¿Qué querías decir con esto?
Adrián se encogió ligeramente de hombros.
—Que si algún día me enamoraba de alguien, no quería convertir esa relación en una comparación contigo. No quería que esa persona tuviera que demostrarme que era mejor que alguien del pasado.
Elena dejó escapar lentamente el aire.
Aquello tenía sentido.
Y, al mismo tiempo, le producía una sensación difícil de explicar.
—Entonces Camila tenía razón en una cosa.
Adrián frunció el ceño.
—¿En cuál?
—En que algún día ibas a conocer a alguien que te hiciera entender por qué no podías quererla como ella quería.
Adrián la observó durante unos segundos.
—Sí.
—Y esa persona fui yo.
Él no respondió inmediatamente.
La forma en que la miró fue suficiente.
—Sí —dijo al final—. Fuiste tú.
Elena sintió que su expresión se suavizaba, pero no sonrió.
—Eso me da miedo.
—¿Por qué?
—Porque ahora entiendo por qué esa frase me incomodó tanto.
Adrián guardó silencio.
—No quiero ser la persona que cambió todo para ti y después terminar siendo alguien que recuerdas como una etapa —continuó ella—. No quiero que un día mires atrás y pienses que simplemente fui la persona que apareció en el momento correcto.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Elena, tú no apareciste en un momento correcto. Apareciste en mi vida. Hay una diferencia.
Ella levantó la mirada.
—¿Y si algún día cambia?
—Entonces te lo diré.
—¿Aunque duela?
—Aunque duela.
Elena bajó la mirada.
—Odio que siempre tengas una respuesta para todo.
—No tengo una respuesta para todo.
—Pareces tenerla.
—Es porque contigo prefiero decir la verdad aunque no tenga una respuesta perfecta.
Elena sonrió apenas.
—Eso fue bastante bueno.
—¿Solo bastante?
—No te emociones.
Ambos rieron, y durante unos segundos la tensión desapareció.
Pero Elena volvió a mirar el teléfono.
—Hay algo que todavía no entiendo.
—¿Qué?
—¿Por qué Camila te mostró esto ahora?
La sonrisa de Adrián desapareció.
—No lo sé.
—¿Crees que quiere volver a acercarse?
—No lo sé.
—¿Todavía te importa lo que ella piensa?
Adrián tardó un poco en responder.
—Me importa que no vuelva a lastimarse por algo que ya no existe. Pero eso no significa que vaya a dejar que interfiera entre nosotros.
Elena asintió lentamente.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí. Porque creo que eso era lo que necesitaba escuchar.
Adrián se acercó un poco más.
—¿Y qué necesitabas escuchar?