CAPITULO 27
Durante el resto del día, Elena intentó convencerse de que estaba exagerando. La conversación entre Adrián y Camila no escondía ninguna historia secreta. Él había sido claro con ella, le había enseñado los mensajes y, sobre todo, había elegido contarle la verdad incluso cuando hacerlo podía provocar una discusión. No había motivos reales para desconfiar.
Pero una pequeña duda seguía ahí.
No era una duda sobre Camila.
Era sobre Adrián.
Al salir de clases, Elena caminaba junto a él cuando recibió una notificación. Miró la pantalla por costumbre y vio el nombre de Camila.
“Necesito hablar contigo. Hay algo que no te conté.”
Elena se quedó quieta.
Adrián notó inmediatamente el cambio en su expresión.
—¿Qué pasó?
Ella le mostró el teléfono.
Él leyó el mensaje y frunció el ceño.
—¿Te dijo qué es?
—No.
Adrián escribió una respuesta, pero antes de enviarla se detuvo.
—No quiero que pienses que voy a ocultarte esto otra vez.
Elena lo miró.
—Entonces no lo hagas.
Adrián asintió y respondió delante de ella.
“Dime qué pasa.”
La respuesta llegó casi de inmediato.
“Esto no es algo que quiera escribir por mensaje.”
Adrián guardó el teléfono.
—Voy a hablar con ella.
Elena sintió que algo se cerraba dentro de su pecho.
—¿Solo?
Él la miró durante unos segundos.
—Si quieres venir, puedes.
Elena no esperaba esa respuesta.
—¿No te molesta?
—No. Si fuera al revés, también querría saber qué está pasando.
Caminaron hasta un lugar tranquilo cerca de la salida. Camila estaba esperándolos. Al ver a Elena junto a Adrián, pareció sorprenderse.
—No sabía que vendrías con ella.
—No voy a esconderle nada —respondió Adrián.
Camila bajó la mirada.
—Está bien.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Finalmente, Camila sacó su teléfono.
—Lo que te enseñé ayer no era toda la conversación.
Elena sintió que Adrián se tensaba a su lado.
—¿Qué falta? —preguntó él.
Camila abrió la conversación y buscó un mensaje específico.
—Esto.
Le mostró la pantalla.
Adrián leyó.
Su expresión cambió.
Elena lo notó antes de siquiera leer el mensaje.
—¿Qué dice?
Adrián le entregó el teléfono.
El mensaje era de Camila. Había sido enviado después de la discusión que tuvieron años atrás.
“Quizá algún día encuentres a alguien que te haga sentir todo lo que conmigo nunca pudiste sentir. Pero cuando pase, vas a entender que no era que no pudieras quererme. Era que estabas esperando sentir algo que todavía no conocías.”
Elena levantó lentamente la mirada.
—Eso es todo?
Camila negó con la cabeza.
—No.
Deslizó la pantalla.
Había una última respuesta de Adrián.
“Si algún día encuentro a alguien así, espero no tener miedo de decirle lo que siento.”
Elena volvió a mirar a Adrián.
Él parecía incómodo.
—¿Por qué nunca me dijiste esto? —preguntó ella.
—Porque nunca lo recordé.
—¿Nunca?
—No. Para mí esa conversación terminó hace mucho tiempo.
Camila intervino.
—Pero para mí no.
Adrián la miró.
—Camila...
—No estoy intentando recuperarte —dijo ella rápidamente—. Ya entendí que eso no va a pasar. Pero necesitaba que supieras que durante mucho tiempo pensé que esa persona iba a ser yo.
Elena guardó silencio.
Camila la miró directamente.
—Y cuando te vi con él, entendí que no.
Aquellas palabras no sonaron como una amenaza.
Sonaron como una despedida.
—Por eso te escribí —continuó Camila—. No porque quisiera quitártelo. Lo hice porque me dolió descubrir que alguien más había conseguido lo que yo llevaba tanto tiempo intentando conseguir.
Elena no supo qué responder.
Adrián sí.
—No puedes responsabilizar a Elena por lo que tú sentiste.
Camila asintió.
—Lo sé.
—Y tampoco puedes volver a involucrarla en cosas que pertenecen al pasado.
—Lo sé.
Camila guardó el teléfono.
—Solo quería terminar esto de una vez.
Se marchó sin decir nada más.
Elena permaneció quieta.
Adrián la miró.
—¿Estás bien?
—No sé.
—¿Quieres hablar?
—Sí.
Caminaron unos metros hasta quedar lejos del resto de estudiantes.
—Creo que entiendo por qué me sentí tan rara —dijo Elena—. No era Camila. Era pensar que había algo de ti que yo todavía no conocía.
—Hay cosas de mí que todavía no conoces.
Elena lo miró.
—Eso no ayuda.
Adrián sonrió ligeramente.
—Lo sé. Pero es verdad.
Ella bajó la mirada.
—Supongo que no puedo conocer toda tu historia de golpe.
—No.
—Y tú tampoco puedes conocer toda la mía.
—Tampoco.
Elena respiró profundamente.
—Entonces supongo que tendremos que seguir descubriéndonos.
Adrián tomó su mano.
—Eso quiero.
Elena entrelazó sus dedos con los de él.
Por primera vez desde que Camila había aparecido nuevamente en sus vidas, sintió que podía respirar con tranquilidad.
Pero aquella sensación duró poco.
Porque mientras caminaban, el teléfono de Adrián vibró otra vez.
Él lo sacó del bolsillo.
No era Camila.
Era un número desconocido.
Había un solo mensaje.
“Adrián, deberías preguntarle a Camila por qué nunca te contó quién empezó realmente los rumores sobre ustedes.”
Adrián se quedó inmóvil.
Elena leyó el mensaje por encima de su hombro.
Ninguno de los dos habló.
Porque esta vez la duda no venía del pasado de Adrián.
Venía de alguien que parecía conocerlo demasiado bien.
Y alguien acababa de demostrar que la historia que creían terminada todavía tenía otra parte.