Lo Que Dejaste En Mi

Alguien que nunca se fue

CAPITULO 28

Adrián no apartó la mirada de la fotografía. Durante unos segundos parecía estar intentando reconocer algo que no estaba en la imagen, sino en el recuerdo que aquella fotografía acababa de despertar.

—¿Qué pasó con Mateo? —preguntó Elena.

—Nos peleamos.

—¿Por qué?

Adrián guardó silencio.

—No me acuerdo exactamente.

Elena arqueó una ceja.

—Eso suena preocupante.

—Lo sé.

Volvió a mirar la pantalla.

—Pero recuerdo que después de eso dejamos de hablar.

—¿Y nunca volviste a saber de él?

—No.

Elena tomó el teléfono y volvió a observar el mensaje.

“Él nunca se fue.”

—Entonces alguien quiere que creamos que sigue cerca.

—O realmente sigue cerca.

—¿Y eso qué significa?

Adrián negó con la cabeza.

—No lo sé.

Por primera vez desde que había comenzado todo aquello, Elena no sintió celos ni miedo de que otra persona pudiera ocupar su lugar. Lo que sentía era diferente.

Era la sensación de que alguien estaba observándolos desde lejos.

Y no sabía por qué.

Esa noche, Adrián recibió otro mensaje.

No era del número desconocido.

Era de Camila.

“Ya sé quién te está escribiendo.”

Adrián se incorporó inmediatamente.

“¿Quién?”

La respuesta tardó unos segundos.

“Mateo.”

Adrián sintió un nudo en el estómago.

“¿Cómo lo sabes?”

Camila respondió:

“Porque me escribió a mí también.”

Adrián miró la pantalla sin decir nada.

Después escribió:

“¿Cuándo?”

“Hace unos días.”

Elena, que estaba sentada cerca, notó su expresión.

—¿Es Camila?

Adrián asintió.

—Dice que Mateo también le escribió.

—¿Qué le dijo?

—No me lo ha dicho.

Adrián escribió nuevamente.

“¿Qué quiere?”

Esta vez Camila tardó bastante más.

Finalmente apareció un mensaje.

“Quiere que recuerdes por qué dejaste de hablar con él.”

Adrián dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Te acuerdas ahora? —preguntó Elena.

—No.

—Entonces quizá deberías intentar hacerlo.

Adrián cerró los ojos por un momento.

Había algo en aquel nombre que le provocaba una sensación extraña. No era miedo. Era incomodidad. Como si una parte de su memoria estuviera intentando abrir una puerta que él había cerrado hacía demasiado tiempo.

—Mateo y yo éramos amigos —dijo lentamente—. Muy cercanos. Después empezó a comportarse de una manera que no entendía.

—¿Cómo?

—Comenzó a meterse en cosas que no eran suyas. Opinaba sobre mis amistades, sobre con quién hablaba, incluso sobre Camila.

Elena permaneció callada.

—Una vez me dijo que Camila estaba demasiado interesada en mí y que yo estaba jugando con ella.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que no era asunto suyo.

Adrián hizo una pausa.

—Después empezó a decir que yo estaba mintiendo.

—¿Mintiendo sobre qué?

—Sobre lo que sentía.

Elena frunció el ceño.

—¿Y qué tenía que ver eso con los rumores?

Adrián la miró.

—No lo sé.

Pero entonces recordó algo.

Una conversación.

Un pasillo.

Una tarde en la que Mateo había insistido en hablar con él.

“Algún día vas a darte cuenta de que no conoces realmente a la gente que tienes cerca.”

Adrián abrió los ojos.

—Él me dijo algo parecido.

—¿Qué?

—Que yo no conocía realmente a la gente que tenía cerca.

Elena sintió que una pieza comenzaba a encajar.

—¿Y después?

—Después nos peleamos.

—¿Por qué?

Adrián se quedó callado.

Esta vez no estaba intentando recordar.

Estaba intentando decidir si quería hacerlo.

—Creo que fue por una conversación que escuché.

—¿Qué conversación?

—Mateo estaba hablando con alguien.

—¿Con quién?

Adrián negó con la cabeza.

—No lo sé.

Elena lo observó.

—Adrián.

—De verdad no lo recuerdo.

El teléfono volvió a vibrar.

Los dos miraron la pantalla.

Un nuevo mensaje.

Del número desconocido.

“Ahora empiezas a recordar.”

Adrián sintió que se le helaba la expresión.

Elena tomó su mano.

—No estás solo.

Él la miró.

—Lo sé.

—Entonces no intentes resolverlo todo tú.

Adrián asintió.

Pero antes de poder responder, llegó otro mensaje.

Esta vez no era texto.

Era una fotografía.

Una fotografía diferente.

Adrián la abrió.

Era una imagen tomada en el mismo lugar donde él y Elena habían estado esa tarde.

Aparecían ellos dos caminando juntos.

Elena sintió que el estómago se le encogía.

—Eso fue hoy.

Adrián no dijo nada.

La fotografía había sido tomada desde lejos.

No había forma de saber quién la había tomado.

Debajo apareció una frase:

“Ahora entiendes por qué nunca me fui.”

Adrián levantó lentamente la mirada.

Y esta vez Elena pudo verlo claramente.

Por primera vez desde que todo había comenzado, Adrián tenía miedo.

No por él.

Por ella.




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