CAPITULO 29
Adrián seguía mirando la pantalla de su teléfono, incapaz de apartar la vista de aquella fotografía. La imagen no tenía nada especial a simple vista. Elena caminando a su lado, él mirándola mientras hablaban, los dos completamente ajenos a la persona que los observaba desde lejos. Pero precisamente eso era lo que le provocaba aquella sensación incómoda en el pecho. Quien hubiera tomado la fotografía había estado suficientemente cerca para hacerlo sin que ellos lo notaran.
Elena fue la primera en romper el silencio.
—Adrián.
Él levantó la mirada.
—¿Qué?
—No quiero que decidas por mí qué debo hacer ahora.
Adrián frunció el ceño.
—No estoy intentando decidir por ti.
—Sí lo estás haciendo. Lo veo en tu cara.
Él guardó el teléfono.
—Tengo miedo de que esto te haga daño.
—Y yo tengo miedo de que sigas intentando protegerme sin contarme todo.
Aquella frase lo dejó sin respuesta.
Elena dio un paso hacia él.
—Si Mateo está detrás de esto, quiero saber por qué. Si es alguien más, quiero saberlo también. Pero no quiero que vuelvas a pensar que tienes que resolverlo todo solo.
Adrián respiró profundamente.
—Está bien.
—¿De verdad?
—De verdad.
Durante unos segundos permanecieron en silencio. Entonces el teléfono volvió a vibrar.
Adrián lo sacó.
Esta vez no había una fotografía.
Solo un mensaje.
«Ahora empiezas a recordar.»
Elena leyó por encima de su hombro.
—¿Qué quiere decir con eso?
Adrián negó con la cabeza.
—No lo sé.
Pero sí había algo que empezaba a recordar.
Mateo.
No la versión que habían mencionado durante los últimos días. No solamente el antiguo amigo que había iniciado rumores y desaparecido de sus vidas.
Recordaba una tarde.
Una discusión.
Mateo frente a él, completamente convencido de que Adrián estaba ocultándole algo.
—No puedes seguir fingiendo que no pasó —le había dicho Mateo.
—Ya te dije que no pasó nada.
—Eso dices siempre.
—Porque es la verdad.
Mateo había soltado una risa amarga.
—Algún día vas a entender por qué estoy haciendo esto.
Adrián había negado con la cabeza.
—No necesito que me protejas.
—No estoy intentando protegerte.
Aquella última frase volvió a su memoria con una claridad inquietante.
No estoy intentando protegerte.
Adrián volvió al presente.
—Elena...
—¿Qué?
—Creo que sé cuándo empezó todo esto.
Ella lo miró atentamente.
—¿Cuándo?
—Antes de que conociera a Camila de verdad. Antes incluso de que empezaran los rumores.
—¿Y qué pasó?
Adrián dudó.
—Mateo descubrió algo sobre alguien que conocíamos.
—¿Quién?
—No estoy seguro de que esa persona tenga algo que ver con esto.
—Pero Mateo sí.
Adrián asintió lentamente.
—Mateo decía que había alguien mintiendo. Nunca me dijo quién.
Elena cruzó los brazos.
—¿Y tú le creíste?
—Al principio sí. Después pensé que estaba exagerando.
—¿Y luego?
Adrián bajó la mirada.
—Luego dejamos de hablar.
Elena lo observó durante unos segundos antes de preguntar:
—¿Por qué?
Adrián tardó en responder.
—Porque Mateo me pidió que eligiera entre creerle a él o confiar en las personas que tenía cerca.
—¿Y tú qué hiciste?
—No elegí.
Elena levantó ligeramente las cejas.
—¿Cómo que no elegiste?
—Le dije que no iba a abandonar a nadie solo porque él estuviera convencido de algo que no podía demostrar.
Elena guardó silencio.
Por primera vez, aquella historia empezaba a tener sentido.
Mateo no había desaparecido simplemente porque se había peleado con Adrián.
Había desaparecido porque había perdido una discusión que nunca había aceptado perder.
El teléfono volvió a vibrar.
Los dos miraron la pantalla.
«Pregúntale por qué nunca te contó lo que ocurrió aquella noche.»
Elena levantó la mirada lentamente.
—¿Qué noche?
Adrián se quedó inmóvil.
—No lo sé.
Ella lo miró directamente.
—Adrián.
—De verdad no sé de qué habla.
Otro mensaje apareció antes de que pudiera decir algo más.
«Él te contó sobre Camila. Te contó sobre Mateo. Pero todavía no te contó sobre la noche.»
Elena sintió que algo se hundía dentro de ella.
No porque creyera inmediatamente en aquel desconocido.
Sino porque Adrián había cambiado de expresión.
—Tú sí sabes cuál noche es —dijo.
Adrián no respondió.
—¿Adrián?
Él finalmente levantó los ojos.
—Hay algo que recuerdo.
—¿Qué?
—Que esa noche Mateo me dijo que, si algún día volvía a verlo, no confiara en él.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
Adrián respiró lentamente.
—Porque pensé que no tenía importancia.
Elena negó con la cabeza.
—Pues parece que alguien piensa lo contrario.
Adrián miró nuevamente el mensaje.
Por primera vez, ya no sintió que estuvieran intentando descubrir un secreto.
Sintió que alguien estaba obligándolo a recordar uno.
Y lo peor era que, cuanto más recordaba, más claro se volvía algo que había intentado olvidar durante años:
Mateo no había dejado aquella historia atrás.
Simplemente había estado esperando el momento adecuado para volver.