CAPITULO 30 Y FINAL
La casa llevaba años vacía.
Adrián lo supo en cuanto la vio desde el otro lado de la calle. Las ventanas estaban oscuras, la pintura se había desgastado con el tiempo y el pequeño jardín que alguna vez había cuidado su familia ahora parecía completamente abandonado.
Se quedó quieto unos segundos.
—¿Es aquí? —preguntó Elena.
Adrián asintió.
—Sí.
No parecía gran cosa. Una casa vieja, silenciosa, olvidada. Pero para él era diferente. Era el lugar donde había pasado una parte de su vida que llevaba demasiado tiempo intentando dejar atrás.
Entraron por una puerta lateral que todavía conservaba la misma cerradura de antes. Adrián tuvo que empujarla varias veces hasta conseguir abrirla.
El olor a humedad llenó el pasillo.
Elena encendió la linterna de su teléfono.
—¿Dónde escondías las cosas?
Adrián caminó lentamente por la casa.
—En mi habitación había una tabla suelta debajo de la cama. Cuando era pequeño escondía ahí cosas que no quería que encontraran.
Subieron las escaleras.
Su antigua habitación estaba casi vacía. Solo quedaban algunos muebles viejos y marcas en las paredes donde alguna vez habían estado fotografías.
Adrián se arrodilló junto a la cama.
Pasó los dedos por el suelo hasta encontrar una pequeña separación entre dos tablas.
—Aquí.
Levantó la madera.
Debajo había polvo.
Nada más.
Adrián frunció el ceño.
—No está.
Elena se agachó junto a él.
—¿Seguro que era aquí?
—Sí. Estoy seguro.
Por primera vez desde que habían entrado, Adrián sintió que la memoria comenzaba a regresar de verdad.
La noche había sido lluviosa.
Mateo estaba sentado en una banca frente a su antigua casa.
Habían discutido.
Daniel había aparecido en la conversación.
Y después...
Adrián cerró los ojos.
—Mateo me dio algo.
—¿Qué cosa?
—No lo recuerdo.
Se levantó y comenzó a caminar por la habitación.
Entonces vio algo.
Una pequeña marca en la pared, detrás de un mueble.
Movió el mueble con esfuerzo.
Había una pequeña caja metálica empotrada en la pared.
Elena lo miró sorprendida.
—¿Eso estaba ahí?
Adrián negó con la cabeza.
—No.
La caja tenía una cerradura vieja.
Después de varios intentos, Adrián consiguió abrirla.
Dentro había un teléfono antiguo.
Y debajo del teléfono, un sobre.
Adrián tomó primero el sobre.
En la parte delantera había una sola palabra escrita.
Adrián.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había una fotografía.
Era de aquella noche.
Mateo aparecía sentado en la banca.
Adrián estaba de pie frente a él.
Pero había alguien más.
Una tercera persona estaba al fondo de la fotografía.
Adrián acercó la imagen a la luz.
Su expresión cambió.
—No puede ser...
Elena miró la fotografía.
—¿Quién es?
Adrián tardó unos segundos en responder.
—Daniel.
El silencio llenó la habitación.
Debajo de la fotografía había una hoja doblada.
Adrián la abrió.
Solo había unas líneas.
"Si algún día encuentras esto, significa que Mateo no te contó toda la verdad."
Adrián sintió un escalofrío.
Continuó leyendo.
"Esa noche no desapareció porque quisiera alejarse de ti. Se fue porque descubrió algo que no debía haber descubierto."
Elena levantó la mirada.
—¿Qué descubrió?
Adrián siguió leyendo.
"Y si Daniel vuelve a aparecer, no confíes en él."
La hoja terminaba ahí.
Nada más.
Adrián dejó caer lentamente el papel.
—Entonces Mateo tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Sobre que alguien estaba mintiendo.
El teléfono antiguo que estaba dentro de la caja se encendió.
Ambos se sobresaltaron.
La pantalla mostraba un único archivo de audio.
Noche — 23:47.
Adrián miró a Elena.
—Esto es de aquella noche.
Presionó reproducir.
Al principio solo se escuchaba lluvia.
Después, voces.
La voz de Mateo.
—Adrián, tienes que escucharme.
Luego se escuchó la voz de Adrián, mucho más joven.
—Ya te dije que no sé de qué estás hablando.
Mateo respondió algo que apenas se distinguía entre el ruido.
Adrián subió el volumen.
Y entonces escucharon claramente:
—El problema no es Camila. El problema es Daniel.
Adrián se quedó inmóvil.
La grabación continuó.
—¿Qué hizo? —preguntó su propia voz.
Mateo respondió:
—No puedo explicártelo aquí.
Después se escuchó un golpe.
La grabación terminó.
Elena miró a Adrián.
—¿Eso fue todo?
Él negó lentamente.
—No.
En la pantalla apareció una segunda grabación.
23:52.
Adrián dudó antes de reproducirla.
Esta vez no se escuchaba a Mateo.
Se escuchaba una voz desconocida.
—Si estás escuchando esto, significa que encontraste la caja.
Adrián sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Quién eres? —susurró.
La grabación continuó.
—No importa quién soy todavía. Lo importante es que entiendas algo: Mateo no desapareció por tu culpa.
Elena tomó la mano de Adrián.
La voz continuó.
—Él intentó protegerte de una verdad que tú no estabas preparado para conocer.
Adrián apretó los dedos de Elena.
Entonces llegó la última frase:
—Y si ahora tienes a alguien a quien amas, hazle un favor: no cometas el mismo error que Mateo. No ocultes la verdad.
La grabación terminó.
Ninguno habló durante varios segundos.
Finalmente, Elena miró a Adrián.
—¿Quieres saber qué pienso?
—Sí.
—Que hemos pasado demasiado tiempo intentando descubrir quién estaba detrás de todo esto.