Lo Que Dicen De El.

La peor compañera posible

Ethan llegó diez minutos tarde.

No porque hubiera tenido algún problema.

Simplemente había olvidado que había quedado con Lily.

Otra vez.

Cuando entró en la cafetería del campus, la encontró sentada junto a una ventana, rodeada de libros, hojas y resaltadores de colores.

Parecía llevar allí una eternidad.

Lily levantó la vista.

—Llegas tarde.

—Solo diez minutos.

—Quince.

—Estás contando.

—Por supuesto que estoy contando.

Ethan dejó caer la mochila sobre la silla y se sentó frente a ella.

—Qué dramática.

Lily le lanzó una mirada.

—Tenemos un trabajo que entregar en dos semanas.

—Muchísimo tiempo.

—No para la gente responsable.

—Ahí está tu error. Yo no soy gente responsable.

Ella cerró los ojos un segundo.

Como si estuviera reuniendo paciencia.

—Voy a arrepentirme de esto.

—¿De trabajar conmigo?

—Mucho.

Ethan sonrió.

Por alguna razón, hacerla perder la paciencia era divertido.

Durante la siguiente hora, Lily intentó explicarle el proyecto.

Intentó.

Porque Ethan parecía incapaz de concentrarse más de treinta segundos seguidos.

—¿Puedes leer esto?

—Sí.

Cinco minutos después.

—¿Qué entendiste?

—Nada.

—Ethan.

—¿Qué?

—Ni siquiera lo intentaste.

—Lo intenté un poco.

—No.

—Lo pensé.

—Eso tampoco cuenta.

Lily apoyó la frente contra la mesa.

Ethan soltó una carcajada.

—No entiendo cómo sobrevives.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Media hora después, Lily seguía intentando que leyera.

Ethan seguía fallando miserablemente.

—¿Terminaste el capítulo?

—Sí.

Lily lo observó.

—¿De verdad?

—No.

—¡ETHAN!

Varias personas giraron la cabeza.

Él levantó las manos.

—No me grites.

—¡Tienes que leerlo!

—Lo haré.

—¿Cuándo?

—Eventualmente.

—Voy a perder la cordura.

—Yo creo que ya la perdiste.

Lily agarró un bolígrafo y se lo lanzó.

Ethan lo atrapó en el aire.

—Eso fue agresivo.

—Y satisfactorio.

Lo peor era que Ethan estaba empezando a disfrutar aquello.

No el trabajo.

Definitivamente no el trabajo.

Sino a Lily.

Le gustaba verla discutir con él.

Le gustaba la forma en que fruncía el ceño cuando estaba concentrada.

Le gustaba cómo sonreía cuando olvidaba estar seria.

Y aquello era extraño.

Porque normalmente se aburría de las personas con facilidad.

Pero con ella...

Las horas parecían pasar demasiado rápido.

—¿Sabes qué me molesta? —preguntó Lily mientras organizaba unas hojas.

—Muchas cosas.

—Que siempre respondes eso.

—Porque siempre funciona.

Lily intentó no reírse.

Intentó.

Fracasó.

Y cuando Ethan escuchó aquella risa, algo cálido se instaló en su pecho.

Una sensación incómoda.

Desconocida.

Peligrosa.

Porque por primera vez en mucho tiempo...

Tenía ganas de volver a verla mañana.

Y al día siguiente.

Y al siguiente también.




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