Dos días después del beso, Ethan recibió un mensaje.
Lo abrió inmediatamente.
Y sonrió al ver el nombre de Lily.
La sonrisa desapareció al terminar de leer.
No te preocupes por tu parte del trabajo.
Ya la hice yo.
Mañana presentaré todo al profesor.
Él te informará la nota.
Eso era todo.
Sin "hola".
Sin "¿cómo estás?".
Sin emojis.
Sin Lily.
Ethan escribió una respuesta.
La borró.
Escribió otra.
La borró también.
Finalmente envió:
Genio...
No obtuvo respuesta.
Pasó una semana.
Luego dos.
Y Lily parecía haber desaparecido.
Respondía los mensajes horas después.
A veces al día siguiente.
A veces ni siquiera respondía.
Cuando Ethan intentaba hablarle en el campus, ella encontraba una excusa para marcharse.
Cuando él la buscaba en la biblioteca, ella ya se había ido.
Y cuando coincidían por casualidad, Lily actuaba como si nada hubiera ocurrido.
Como si aquel beso nunca hubiera existido.
Como si él nunca le hubiera dicho que le gustaba.
Y aquello estaba volviendo loco a Ethan.
Dos semanas después decidió que ya había tenido suficiente.
Mason estaba cansado de escucharlo quejarse.
Todo el equipo estaba cansado de escucharlo quejarse.
Y Ethan estaba cansado de sentirse miserable.
Así que averiguó dónde trabajaba Lily.
Y fue a buscarla.
El local estaba casi vacío.
Pequeño.
Ordenado.
Tranquilo.
Exactamente el tipo de lugar donde Lily trabajaría.
Ethan empujó la puerta y entró.
Detrás del mostrador había una computadora.
Y detrás de la computadora estaba ella.
Concentrada.
Escribiendo algo.
Sin levantar la vista.
—Ya lo atiendo. Déme un segundo.
Ethan sonrió.
Aquella voz le había faltado más de lo que quería admitir.
—No hace falta.
Lily se quedó inmóvil.
Completamente inmóvil.
Reconocería esa voz en cualquier lugar.
Levantó la cabeza lentamente.
Y cuando lo vio, el corazón le dio un vuelco.
—Ethan.
—Hola, genio.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a verte.
—No deberías estar aquí.
—Qué bienvenida tan cálida.
Lily miró alrededor.
Como si esperara encontrar una salida de emergencia.
—Debes irte.
—No.
—Ethan.
—No me voy.
—Estoy trabajando.
—Perfecto. Yo estoy esperando respuestas.
Lily cerró los ojos.
Aquello no estaba ocurriendo.
Definitivamente no estaba ocurriendo.
—Por favor, vete.
—No hasta que me expliques qué hice.
—No hiciste nada.
—Eso es mentira.
—No.
—Sí.
Lily apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Ethan...
—Dos semanas.
—Dos semanas evitándome.
Ella bajó la mirada.
—No te estoy evitando.
—¿Ah, no?
—No.
—Lily.
—Solo te besé una vez, genio.
Aquello hizo que ella levantara la vista de golpe.
—Ethan.
—¿Qué?
—No digas eso tan fuerte.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Solo te besé una vez.
—¡Ethan!
—Y huiste de mí.
Lily sintió que las mejillas comenzaban a arder.
—No huí.
—¿En serio?
—Sí.
—Entonces explícame por qué respondes mis mensajes doce horas después.
—Estoy ocupada.
—Mentira.
—No es mentira.
—Lily.
—Ethan.
—Lily.
—Deja de hacer eso.
—Entonces deja de evitarme.
Por un instante ninguno habló.
El local volvió a quedar en silencio.
Y Ethan la observó.
Realmente la observó.
Parecía nerviosa.
Más nerviosa de lo que la había visto jamás.
Y entonces entendió algo.
No estaba enfadada.
Estaba asustada.
—¿Te arrepentiste?
La pregunta salió mucho más suave de lo que pretendía.
Lily tragó saliva.
Porque esa era exactamente la pregunta que había estado evitando responder durante dos semanas.
Y por primera vez desde que Ethan entró al local...
No supo qué decir.