Para la estudiante más trabajadora del campus
Lily apenas había dormido.
Había pasado gran parte de la noche estudiando para un examen que se acercaba demasiado rápido para su gusto.
Y la otra parte pensando en Ethan.
Lo cual era bastante peor.
Porque los apuntes al menos tenían sentido.
Ethan no.
Llegó al campus poco después de las siete de la mañana.
La biblioteca todavía estaba casi vacía.
Perfecto.
Necesitaba tranquilidad.
Y café.
Mucho café.
Sin embargo, cuando llegó a su mesa habitual, se detuvo.
Había una bolsa de papel apoyada sobre ella.
Lily frunció el ceño.
Miró alrededor.
Nadie.
Volvió a mirar la bolsa.
Y entonces vio la nota pegada al frente.
Reconoció la letra inmediatamente.
Una sonrisa apareció antes de que pudiera evitarlo.
Tomó la nota.
Para la estudiante más trabajadora del campus.
No puedes sobrevivir solo con apuntes y estrés.
— Ethan
Lily negó con la cabeza.
Era imposible.
Simplemente imposible.
Abrió la bolsa.
Dentro encontró un café.
Su café.
Exactamente como le gustaba.
Dos medialunas.
Y un señalador nuevo.
Su sonrisa desapareció por un instante.
Porque su antiguo señalador se había roto la semana anterior.
Y estaba segura de no haber mencionado aquello.
Lo sostuvo entre los dedos.
Era sencillo.
Bonito.
Y tenía dibujadas pequeñas constelaciones.
Justo el tipo de diseño que ella elegiría.
—Idiota —murmuró.
Pero estaba sonriendo.
Su teléfono vibró.
Como si Ethan hubiera sentido el momento exacto en que encontró el regalo.
¿Lo encontraste?
Lily escribió inmediatamente.
¿Me estás sobornando?
La respuesta llegó en segundos.
Sí.
¿Funciona?
No.
Maldición.
Lily soltó una carcajada.
Algunas personas la observaron.
Tuvo que taparse la boca.
Otro mensaje apareció.
Aunque sigues sonriendo.
Ella dejó de sonreír inmediatamente.
No estoy sonriendo.
Mentirosa.
Estoy estudiando.
Sonriendo y estudiando.
Ethan.
Lily.
Ethan.
Lily.
Lily rodó los ojos.
Y aun así no pudo dejar de sonreír.
Más tarde, durante el almuerzo, encontró a Ethan sentado bajo uno de los árboles del campus.
Parecía estar esperándola.
Cuando la vio acercarse, sonrió.
Y por alguna razón aquello seguía afectándola.
—Hola, genio.
—Hola.
—¿Te gustó?
Lily levantó el señalador.
—¿Cómo sabías que necesitaba uno?
Ethan se encogió de hombros.
—Porque el otro estaba roto.
Ella parpadeó.
—¿Lo notaste?
—Sí.
—¿Cuándo?
—La semana pasada.
—¿Y lo recuerdas?
—Claro.
Lily se quedó mirándolo.
Aquello era absurdo.
Había gente que olvidaba cumpleaños.
Y Ethan recordaba un señalador roto.
—¿Qué? —preguntó él.
—Nada.
—Esa mirada significa algo.
—Solo estoy sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque prestas atención.
Ethan sonrió.
Esta vez más suavemente.
—Siempre te presto atención.
Y de repente el corazón de Lily decidió dejar de funcionar correctamente.
—Oh.
—¿Oh?
—No esperaba esa respuesta.
—Deberías empezar a esperarlas.
—Eso da miedo.
—Perfecto.
Pasaron la siguiente hora sentados juntos.
Ella estudiando.
Él fingiendo estudiar.
—Estás mirando el mismo párrafo hace diez minutos.
—Estoy reflexionando.
—Estás perdido.
—También.
Lily soltó una risa.
Ethan la observó.
Y durante un momento se olvidó por completo del libro que tenía delante.
Porque ella estaba riendo.
Y porque aquella seguía siendo su vista favorita.
—¿Qué?
—Nada.
—Me estás mirando.
—Tal vez.
—Ethan.
—¿Qué?
—Concéntrate.
—Lo intento.
—No lo haces.
—Es difícil.
—¿Por qué?
Ethan sonrió.
—Porque estás aquí.
Lily cerró el libro sobre la mesa.
—Eres imposible.
—Y aun así sigues sentándote conmigo.
—Tal vez sea porque me trajiste café.
—Sabía que funcionaría.
—No funcionó.
—Claro que sí.
Ella negó con la cabeza.
Pero esta vez no discutió.
Porque en el fondo ambos sabían algo.
Cada día resultaba más difícil imaginarse lejos del otro.