Lily sonrió al mirar la pantalla de su teléfono.
22:47.
Ethan seguía sin responder.
No era extraño.
Aquella noche había salido con algunos compañeros del equipo.
Ella lo sabía.
Incluso había sido quien lo había animado a ir.
Pero aun así...
Lo extrañaba.
Era ridículo.
Lo había visto apenas unas horas antes.
Y aun así lo extrañaba.
Abrió su conversación.
Leyó los últimos mensajes.
Y volvió a sonreír.
Finalmente decidió llamarlo.
Una vez.
Nada.
Frunció el ceño.
Volvió a intentarlo.
Esta vez la videollamada fue aceptada.
La imagen apareció temblando.
Música.
Luces de colores.
Personas hablando a los gritos.
Y luego Ethan.
—¡Genio!
Lily no pudo evitar reír.
—Hola.
—Hola.
—Has bebido.
—Solo un poco.
—Mentiroso.
—Tal vez.
Ethan sonrió.
Y aquella sonrisa hizo que Lily sintiera algo cálido en el pecho.
—¿La estás pasando bien?
—Sí.
—¿Seguro?
—No tanto como cuando estoy contigo.
Lily rodó los ojos.
—Qué cursi.
—Funciona.
—No.
—Sí.
Ella volvió a reír.
Y durante unos segundos todo pareció normal.
Hasta que la imagen volvió a moverse.
Como si Ethan estuviera caminando.
—¿Dónde estás?
—Buscando un lugar tranquilo.
—¿Por qué?
—Porque quiero escucharte.
El corazón de Lily tropezó.
—Ethan...
—¿Qué?
—Nada.
—Eso pensé.
Finalmente la música quedó más lejana.
Ethan empujó una puerta.
Y entró en una habitación.
Mucho más silenciosa.
—Mejor.
—Mucho mejor.
—Ahora cuéntame qué querías decirme.
—Nada importante.
—Mentira.
—Aprobé el examen de estadística.
Ethan sonrió inmediatamente.
—¿En serio?
—Sí.
—Sabía que lo harías.
—No estabas tan seguro cuando casi lloro estudiando.
—Detalles.
Lily sonrió.
Y entonces escuchó otra voz.
Una voz femenina.
—¿Ethan?
Su corazón se detuvo.
La cámara se movió.
Y la vio.
Una chica rubia sentada sobre una cama al otro lado de la habitación.
Muy bonita.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Lily sintió cómo algo se hundía dentro de ella.
—¿Quién es? —preguntó la rubia.
Ethan giró la cámara.
—Mi novia.
La respuesta fue inmediata.
Pero Lily apenas la escuchó.
Porque seguía mirando a la chica.
La chica que estaba allí.
Con él.
En una habitación.
A las once de la noche.
La rubia sonrió.
—Ah.
Y volvió a acercarse.
Lo suficiente para que Lily sintiera un nudo en el estómago.
Todos sus viejos miedos regresaron de golpe.
Las fiestas.
Las chicas.
El mundo de Ethan.
Ese mundo en el que ella nunca había encajado.
—Lily.
—Estoy cansada.
—¿Qué?
—Creo que me voy a dormir.
—Genio...
—Buenas noches.
—Espera.
Pero ella ya había cortado.
La pantalla se volvió negra.
Durante varios segundos Lily permaneció inmóvil.
Mirando su reflejo.
Intentando convencerse de que estaba exagerando.
Intentando convencerse de que no era lo que parecía.
Pero no podía dejar de ver aquella imagen.
La habitación.
La chica.
La sonrisa.
Todo.
Su teléfono comenzó a vibrar.
Ethan.
Llamada entrante.
La rechazó.
Volvió a sonar.
La rechazó otra vez.
Un mensaje apareció.
Genio, espera.
Otro.
Lily.
Y otro.
No es lo que parece.
Lily sintió lágrimas de frustración arder detrás de sus ojos.
No quería llorar.
Odiaba llorar.
Pero sobre todo odiaba sentirse estúpida.
Finalmente escribió.
Sin pensarlo demasiado.
Sin corregir nada.
Eres un idiota, Ethan Hall.
Arruinas todo.
Adiós.
Presionó enviar.
Y apagó el teléfono.
Muy lejos de allí, Ethan leyó el mensaje.
Y la sonrisa desapareció de su rostro.
Porque por primera vez desde que conocía a Lily...
Sintió miedo de perderla.